Sin Costa, Joaquín, no se podría entender el Regeneracionismo; con Costa, Ricardo, –que supongo que no será primo, ni siquiera lejano- parece difícil que se pueda producir el que necesita el Partido Popular. Es verdad que su cese sin más hubiera sonado a cabeza de turco, a un lavado de cara exclusivamente a su costa, pero esta salida, o lo que sea (se queda aunque lo echan), resulta difícil de interpretar. Si encima nos dedicamos a hacer cábalas sobre las minas interlineadas con que ha ido sembrando su declaración, dirigidas a sus jefes, en particular sobre esa lealtad de que alardea hacia Camps y Rajoy (¿?), la hermenéutica se complica sobremanera.Yo puedo entender a este señor: él dice que tiene las manos limpias así que no hay razón para dimitir y eso de las responsabilidades políticas son gaitas gallegas. Además, que se sepa, ser pijo no es delito. O sea, como me tires, tiro de la manta, o sea ¿me comprendes? Claro está que, aparte de operaciones quirúrgicas, hay otra posibilidad: la de que aparezca alguien (pongamos que Carlos Fabra; un ejemplo como cualquier otro) y diga, yo soy un corrupto y me tengo que largar por el bien del partido y por higiene democrática. Las demás explicaciones las daré ante los tribunales. ¿Vale?
Pues que allá se las compongan.
Me encanta. GRacias por referirte al primer Costa, ya casi olvidado de la historia de España.
ResponderEliminarMi 30% de sangre aragonesa se siente un poco más feliz hoy.
Saludos!