viernes, 10 de octubre de 2008

Suenan las trompetas del Apocalipsis

Rayos y truenos. Perdón por ser pesimista pero uno es como es y no lo puede evitar. Igual que pasa con el optimista (ya saben), en el carácter del agorero hay componentes patológicos intrínsecos. Ignoro si la cosa tiene arreglo pero, de haberlo, la curación debe pasar por un tratamiento de choque intensivo, por mucho que mi psiquiatra diga lo contrario: él insiste en que todo es cuestión de voluntad. ¿Y la depresión qué?
El Banco Central Europeo baja los tipos de interés y sube el Euribor. Esto ya no lo entiende ni Dios, y arreglarlo... no te digo nada. Y ellos de viaje guay. ¡Ay qué leche Mariapetra! Cuando todos los indicadores (¿se dice así?) son negativos, coge la bolsa, rebota (¿?) y pega un subidón de agárrate y no te menees; se aprueba un plan de ayudas a una empresa o un sector, se pone la Reserva Federal manos a la obra, se pilla un rebote del revés y se hunde el parqué. Que si desplomes, que si recogida de beneficios, que si descuento anticipado de medidas, que si repuntes. ¿Y las causas? ¡Ah!, misterios insondables del mercado. Es algo caprichoso, aleatorio, sometido principalmente a las normas del azar, por no decir de la fortuna. Es la repera. Lo único seguro es que las bolsas son tan poco imaginativas que se copian unas a otras. Subidas y bajadas, ganancias moderadas y fuertes pérdidas, derrumbe y superación de barreras psicológicas, caída de índices y recuperación de confianza, apertura y cierre, renta fija y variable, mercados de futuros y fondos de inversiones, pánico y euforia, barril de Texas o de Brent: es una locura que ni mi psiquiatra sabe cómo interpretar. No si al final va a ser el riego.
Y ahora que se nacionalizan bancas de forma más o menos encubierta, va Llamazares y se larga. Hay quien nunca está contento con nada. O a lo mejor es que piensa que le han dejado sin discurso intervencionista, que le han birlado sus argumentos, que se ha volatilizado la coyuntura capitalista contra la que luchaba como se ha volatilizado el valor de las acciones de muchos. Joder la que se avecina.
Nunca había entendido lo de jugar a la bolsa… pero tampoco al backgammon, al bridge, al bacarrá, al blackjack (bueno, éste creo que es como el siete-y-medio pero con veintiuno), ni siquiera sabía cómo iba lo de los botones de las maquinitas de los bares. Bien, ahora compruebo que no hay gran diferencia entre las altas finanzas y las tragaperras, que todo eso son sacacuartos y engañamuchachos, que siempre ganan los mismos y que a la larga salimos perdiendo los de siempre.
Hasta la fecha, cualquier español se sentía capacitado para ser seleccionador nacional de fútbol, pues no te digo nada ahora –a pesar de la que está cayendo o precisamente por eso- para ser corredor de bolsa. Yo propongo a Chiquito de la Calzada como Presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. (Con todos mis respetos para el genial cómico malagueño a quien no tengo la más mínima intención de ofender.)
A este paso las únicas ofertas de empleo van a ser las de corredor de bolsa para carreras de sacos. Si esto no es el advenimiento del Apocalipsis, que venga Dios y lo vea. Tocan a rebato: ¡sálvese quien pueda!