sábado, 14 de marzo de 2009

Nada por aquí, nada por allá

¿Ven ustedes esta trama de espionaje? Pues trrrrrrrrrr ¡tachaaaán! ya no está.
La prestidigitación es un arte; arte de birlibirloque. Cuando se trata de hacer desaparecer algo, se distrae la atención del espectador con un señuelo para escamotear el objeto de la vista, en la inteligencia –por parte de los asistentes al espectáculo- de que lo que aparentemente se ha volatilizado sigue ahí, oculto en algún sitio. El ilusionismo es manipulación aunque también humor y requiere siempre la complicidad del público.
Es todo un clásico el axioma de que, cuando no se quiere averiguar algo y no interesa descubrir los entresijos de un fregado, se crea una comisión parlamentaria de investigación. Pero, hasta la fecha, se hacía el paripé, se mareaba la perdiz guardando las formas. Pues con Esperanza, sanseacabó. Abracadabra, pata de cabra. ¿Para qué andar con melindres y sandeces? ¿Para qué molestarse en echar unos polvos (mágicos), en subirse las mangas, en enseñar la caja de doble fondo, un gran pañuelo de seda, unos cubiletes preparados, los naipes, o en dar golpes con la varita? El truco consistía en hacer unos pases, montar un numerito que duraba, según la entidad del cacao, un par de meses, y el aparato desplegado siempre acababa donde había empezado, con protestas de la oposición y la declaración, por el equipo de gobierno, de que quedaba demostrada su inocencia. Aquí le han dado carpetazo casi antes de que empezara a funcionar, sin miedo a las apariencias ni al que dirán; sin miramiento alguno. Se ha filtrado que unos andaban siguiendo a otro en la Puerta del Sol mientras el tal otro paseaba por Tailandia. ¿Y qué mejor juego de manos? Como luego salga el conejo del espionaje por cualquier recoveco del escenario, como se les suelte igual que un gazapo, verás qué efecto tan divertido y qué risa.
La comisión de investigación resultó ser una gran chistera.

1 comentario:

Dave dijo...

Eso es a lo que nos tienen acostumbrados estos asíduos al funambulismo político. Lo malo de tanto juego de manos es que, tarde o temprano, se te acaban los conejos (o los chivos).
Para muestra, un muflón...