lunes, 24 de diciembre de 2012
martes, 4 de diciembre de 2012
Pues menudo Belén está montando
El libro del Papa, La infancia de Jesús, se ha convertido
en un best-seller. Menos mal que lo
escribió ex cathedra, porque a lo de
que en el pesebre no había mula ni buey se une que los Reyes Magos venían de la
antigua Tartessos, o sea de Andalucía (para el universo conocido de la época,
de Occidente; para nosotros, del Sur). Y no, por ahí yo sí que no paso.
¿Llevaban jamón de Jabugo, polvorones de Estepa y aceite de Jaén, en vez de oro, incienso y mirra? ¡Arsa!
¿Llevaban jamón de Jabugo, polvorones de Estepa y aceite de Jaén, en vez de oro, incienso y mirra? ¡Arsa!
¿Mershó, Gashpar y Bartazá? ¡Anda ya
pisha!
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martes, 13 de noviembre de 2012
El cuarto poder
Los “Manolos” dichosos manipulan que es
un primor. En la crónica del día siguiente al partido contra el Levante, para
adobar el perfil de Pepe, dijeron que “cuando la cosa se pone movida parece
inevitable que Pepe no dé un paso al frente [querrán decir que lo dé ¿no?]
hasta incluso encararse con toda la grada”. No ocurrió eso ni mucho menos. Se
trataba de un gesto de complicidad, en absoluto de provocación. Después de un
despeje contundente en los últimos minutos, en que sacó el balón del estadio, por
encima de la tribuna cubierta, se dirigió al sector próximo, al “gol visitante”
donde estábamos todos los madridistas coreando su nombre, para agradecer el
apoyo. Eran los graderíos a los que Iker lanzó sus guantes y su bota izquierda al
final del partido. Inmediatamente después afirmaban que, al pitar el árbitro el
final, se fue a celebrar la victoria en la cara de Juanlu; sin embargo en las
imágenes se ve claramente que en realidad se va a celebrarlo con Rui Faria y
que es el jugador del Levante quien pasa por allí y le mira (parece que le dice
algo) mientras Karanka abraza por detrás al defensa madridista. En esa tarde de
perros (y no daré nombres) hubo otros mucho más levantiscos.
El poder de la Cuatro.
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Ponga una estrella en su vida
La Comunidad de Madrid tiene siete en su
bandera, número cabalístico donde los haya. A pesar de las sucesivas
ampliaciones, la de la Unión Europea conserva las doce de origen, pero nada
comparado con las cincuenta de los EE.UU. Aquí se ha usado tradicionalmente
para calificar a los hoteles, así que allá cada cual con la categoría del sitio
donde quiera alojarse. Hay quien se empeña en ser el estado de la estrella
solitaria.
¡Visca Texas Lliure!
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jueves, 14 de junio de 2012
Gibraltar español
Vaya ocurrencias las de nuestros amigos llanitos: celebrar el jubileo de la reina proyectando su imagen sobre la parte del peñón que se ve desde este lado de la verja. Sus vamos a meter una querella por lo criminal que sus vais a cagar por la patabajo. Y cuando esté de guardia el juez Dívar, que es un cashondo.
Pues ya podían haber puesto a HRM arrojando la flema británica, como anunciaba El Mundo Today.
Pues ya podían haber puesto a HRM arrojando la flema británica, como anunciaba El Mundo Today.
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martes, 12 de junio de 2012
Se nos va la bola
Zapatero negando la crisis y Rajoy afirmando que el rescate es un logro retratan el alejamiento de la sociedad de los presidentes del gobierno. Tomar posesión y divorciarse de la realidad es todo uno.
Siempre me he resistido a creer que el partido de la oposición pudiera desear que las cosas vayan mal por su propio interés electoral (aquello de cuanto peor, mejor), pero compruebo que es cierto, que ocurría y ocurre no solo con ellos sino –y eso es lo malo- también con sus partidarios. Las reacciones de antes y las de ahora van dejando cada vez menos margen a la duda. El problema es que cuando se ridiculizaba a Zapatero aún estaba abierta la puerta a la esperanza; pero las cosas no mejoran en absoluto y ya no vislumbramos solución. ¿Quién puede arreglar esto? Empezamos a pasar del catastrofismo a la desmoralización irreversible, hasta el extremo de que la gente va dejando de escuchar las noticias porque no confía en que haya remedio. No se percibe ninguna señal mínimamente alentadora: ni brotes verdes ni luz al final del túnel.
Mariano espera que ganemos la Eurocopa como lenitivo de nuestros males. Portugal perdió con Alemania (y eso que Angela Merkel no estaba en la alineación), Grecia, en el partido inaugural, empató con la anfitriona, nosotros hicimos lo propio con Italia y pronto nos las veremos con Irlanda. De momento, se ha vuelto a instalar el proverbial pesimismo en la afición.
En cualquier caso, quedemos como quedemos los pigs y los reds, la depresión no nos la quita nadie. Pero al menos tendríamos algo por lo que alegrarnos todos juntos otra vez.
Mariano espera que ganemos la Eurocopa como lenitivo de nuestros males. Portugal perdió con Alemania (y eso que Angela Merkel no estaba en la alineación), Grecia, en el partido inaugural, empató con la anfitriona, nosotros hicimos lo propio con Italia y pronto nos las veremos con Irlanda. De momento, se ha vuelto a instalar el proverbial pesimismo en la afición.
En cualquier caso, quedemos como quedemos los pigs y los reds, la depresión no nos la quita nadie. Pero al menos tendríamos algo por lo que alegrarnos todos juntos otra vez.
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miércoles, 23 de mayo de 2012
Pueblos de España
A los municipios, como se dice ahora, se les está criminalizando. La crisis nos ha traído cosas divertidas, como el cruce de acusaciones entre distintas instituciones y estamentos. La administración local se lleva la palma. Es, para todos, el pimpampum de la caseta de feria de las culpabilidades.
Muy a menudo es la pura ignorancia la que provoca determinados comentarios. Ayer, en el Telediario 2 que presenta Sergio Sauca con Pepa Bueno, se decía: «Algunos ayuntamientos se han planteado cobrar el IBI a la Iglesia». Dicho así, es una memez: mientras no se revise el Concordato, no hay nada que hacer.
Parecía que el Real Decreto-ley 4/2012, de 24 de febrero, por el que se determinan obligaciones de información y procedimientos necesarios para establecer un mecanismo de financiación para el pago a los proveedores de las entidades locales, hubiera nacido por generación espontánea, pero nada más lejos de la realidad. El propio enunciado del Real Decreto-ley 11/1979, de 20 de julio, sobre medidas urgentes de financiación de las Corporaciones locales, daba idea de cómo estaba el patio entonces. Lo cierto es que, por la progresiva asunción de servicios, por la endémica insuficiencia económica, o por una mala gestión generalizada, el problema se ha enquistado y se ha hecho perenne. La Ley 24/1983, de Medidas Urgentes de Saneamiento y Regulación de las Haciendas Locales, comenzaba su texto con la expresión: «La crónica situación deficitaria de las Corporaciones Locales». Por eso, a pesar del tono sepia de la imagen, que corresponde a un editorial de El País de 28-10-93, el recorte no es tan viejo, ni mucho menos, como el problema.
También es verdad que España está a la cola de Europa en cuanto al peso de la Administración Local en el reparto de la tarta del gasto público. Y tampoco podemos olvidar que la morosidad de los ayuntamientos viene de antiguo y de lejos (¡coño, de Alemania!): me refiero al flautista de Hamelin.
El quid de la cuestión –más allá de los casos puntuales de alcaldes o concejales corruptos- es cómo (con qué programas) se concurre a las elecciones. La manía imposible de que proliferen las piscinas cubiertas o los pueblos que tienen más pistas de tenis que vecinos en condiciones de jugar, han llevado a esto. No hay cojones para presentarse ligero de equipaje, con la única promesa de sanear las cuentas, de gestionar con eficiencia los recursos públicos, como si de una economía familiar se tratase. Eso y ser conscientes de los riesgos que entraña disparar con pólvora del Rey... sin olvidar que el Rey dispara con nuestra pólvora, pagada por todos a escote.
Muy a menudo es la pura ignorancia la que provoca determinados comentarios. Ayer, en el Telediario 2 que presenta Sergio Sauca con Pepa Bueno, se decía: «Algunos ayuntamientos se han planteado cobrar el IBI a la Iglesia». Dicho así, es una memez: mientras no se revise el Concordato, no hay nada que hacer.
Parecía que el Real Decreto-ley 4/2012, de 24 de febrero, por el que se determinan obligaciones de información y procedimientos necesarios para establecer un mecanismo de financiación para el pago a los proveedores de las entidades locales, hubiera nacido por generación espontánea, pero nada más lejos de la realidad. El propio enunciado del Real Decreto-ley 11/1979, de 20 de julio, sobre medidas urgentes de financiación de las Corporaciones locales, daba idea de cómo estaba el patio entonces. Lo cierto es que, por la progresiva asunción de servicios, por la endémica insuficiencia económica, o por una mala gestión generalizada, el problema se ha enquistado y se ha hecho perenne. La Ley 24/1983, de Medidas Urgentes de Saneamiento y Regulación de las Haciendas Locales, comenzaba su texto con la expresión: «La crónica situación deficitaria de las Corporaciones Locales». Por eso, a pesar del tono sepia de la imagen, que corresponde a un editorial de El País de 28-10-93, el recorte no es tan viejo, ni mucho menos, como el problema.
También es verdad que España está a la cola de Europa en cuanto al peso de la Administración Local en el reparto de la tarta del gasto público. Y tampoco podemos olvidar que la morosidad de los ayuntamientos viene de antiguo y de lejos (¡coño, de Alemania!): me refiero al flautista de Hamelin.
El quid de la cuestión –más allá de los casos puntuales de alcaldes o concejales corruptos- es cómo (con qué programas) se concurre a las elecciones. La manía imposible de que proliferen las piscinas cubiertas o los pueblos que tienen más pistas de tenis que vecinos en condiciones de jugar, han llevado a esto. No hay cojones para presentarse ligero de equipaje, con la única promesa de sanear las cuentas, de gestionar con eficiencia los recursos públicos, como si de una economía familiar se tratase. Eso y ser conscientes de los riesgos que entraña disparar con pólvora del Rey... sin olvidar que el Rey dispara con nuestra pólvora, pagada por todos a escote.
Estamos en bankiarrota
¿Se puede saber qué ha pasado con las pruebas de stress que se les hizo a bancos y cajas unos pocos meses atrás, cuando sacábamos pecho por tener el sistema financiero más saneado del mundo mundial? Los mismos que denostaban al Banco de España, ahora defienden al regulador; y al revés. Los que hablaban de nacionalizar la banca critican ese intervencionismo que tanto se le parece; y al contrario. De las cajas de ahorro se decía que estaban politizadas o que eran democráticas según el color del cristal con que se mirara; o sea, según el color de sus capitostes. Se ensalzaba su labor social o se sugería que su especial fiscalidad constituía un sistema de competencia desleal para los bancos tradicionales. Cualquier argumento explica una cosa y su antítesis. Dos situaciones diametralmente opuestas pueden producir un mismo resultado. Pasa como con la alergia. Según se acerca la primavera, todos los años oímos en los medios que va a tener una gran incidencia porque las dificultades respiratorias son mayores en un ambiente seco, o bien anuncian que la humedad hará que se incrementen los índices de polen. Si dos causas tan dispares pueden producir un efecto idéntico, deja de intervenir el principio de causalidad, al menos el inspirado en la lógica, y es el puro azar el que rige los acontecimientos.
Hay cosas que no cambian. El PSOE repite el argumento con el que perdió las elecciones: el de la agenda oculta del PP, que ahora se está destapando. Pero los más legitimados para quejarse de que las medidas no estaban previstas en el programa supongo que son los propios votantes del Partido Popular. Al menos, son los que más engañados podrían sentirse; los indignados con causa. El gobierno insiste en la idea que ya utilizó estando aún en la oposición, como venda previa a la herida: la situación es peor de lo que se pensaba.
La crisis ha tenido un efecto curioso: el de reducir a los doctos economistas de la Escuela de Negocios de Harvard a la categoría de simples gañanes y simultáneamente ha hecho que los gañanes hablen (hablemos) como doctos economistas, como licenciados en Princeton.
Invirtiendo los términos del dicho, el bosque de la macroeconomía no nos ha dejado ver los árboles. Cuando han empezado a talarse y han menudeado los despidos, hemos sido conscientes de las tragedias individuales. Aquí es donde con más motivo habría que pedir explicaciones al gobierno, y a la patronal que tanto tiempo llevaba demandando medidas de este tipo: ¿cuántos puestos han creado después de acercarse el despido a la gratuidad? O dicho de otro modo: ¿cuántas empresas han salido del agujero? Hay que luchar por conservar cada puesto de trabajo como si se tratara de salvar al soldado Ryan y no echar paladas a esa bola de nieve del desempleo que se precipita imparable.
Ahora están con la ley de transparencia como antes, mientras la economía entraba en barrena, se entretenían con la igualdad, la memoria, la multiculturalidad, la laicidad y otras vainas. El papanatismo nacional hace que nuestros gobernantes se pongan platónicos.
Da la impresión de que algunas medidas, que se presentan como sesudas y despiadadas, meditadas en su dureza, difíciles pero fruto de un análisis anterior, son, en realidad, decisiones «a la trágala», huidas hacia adelante. Muchos recortes de gastos han pasado por las horcas caudinas de la falta de dinero. A menudo, no es cuestión de austeridad, de rebajar el déficit, de evitar dispendios o de simple deseo de ahorro, sino de la imposibilidad material de pagar las facturas. La sensación es de desconcierto e improvisación. No sé qué es peor. Más que realizar acciones que tenían pensadas pero que no querían confesar, por razones electoralistas o por maldad intrínseca, van a remolque de los acontecimientos. No saben qué hacer para revertir la situación pero tampoco pueden manifestarse con sinceridad porque el pánico sacudiría a los mercados y a la ciudadanía. Se ha extendido la especie de que no habrá rescate porque Europa no puede salvar a países de la envergadura de Italia o España. Si caemos, ¡adiós Madrid!
Solo les queda rezar. Y a nosotros también.
Hay cosas que no cambian. El PSOE repite el argumento con el que perdió las elecciones: el de la agenda oculta del PP, que ahora se está destapando. Pero los más legitimados para quejarse de que las medidas no estaban previstas en el programa supongo que son los propios votantes del Partido Popular. Al menos, son los que más engañados podrían sentirse; los indignados con causa. El gobierno insiste en la idea que ya utilizó estando aún en la oposición, como venda previa a la herida: la situación es peor de lo que se pensaba.
La crisis ha tenido un efecto curioso: el de reducir a los doctos economistas de la Escuela de Negocios de Harvard a la categoría de simples gañanes y simultáneamente ha hecho que los gañanes hablen (hablemos) como doctos economistas, como licenciados en Princeton.
Invirtiendo los términos del dicho, el bosque de la macroeconomía no nos ha dejado ver los árboles. Cuando han empezado a talarse y han menudeado los despidos, hemos sido conscientes de las tragedias individuales. Aquí es donde con más motivo habría que pedir explicaciones al gobierno, y a la patronal que tanto tiempo llevaba demandando medidas de este tipo: ¿cuántos puestos han creado después de acercarse el despido a la gratuidad? O dicho de otro modo: ¿cuántas empresas han salido del agujero? Hay que luchar por conservar cada puesto de trabajo como si se tratara de salvar al soldado Ryan y no echar paladas a esa bola de nieve del desempleo que se precipita imparable.
Ahora están con la ley de transparencia como antes, mientras la economía entraba en barrena, se entretenían con la igualdad, la memoria, la multiculturalidad, la laicidad y otras vainas. El papanatismo nacional hace que nuestros gobernantes se pongan platónicos.
Da la impresión de que algunas medidas, que se presentan como sesudas y despiadadas, meditadas en su dureza, difíciles pero fruto de un análisis anterior, son, en realidad, decisiones «a la trágala», huidas hacia adelante. Muchos recortes de gastos han pasado por las horcas caudinas de la falta de dinero. A menudo, no es cuestión de austeridad, de rebajar el déficit, de evitar dispendios o de simple deseo de ahorro, sino de la imposibilidad material de pagar las facturas. La sensación es de desconcierto e improvisación. No sé qué es peor. Más que realizar acciones que tenían pensadas pero que no querían confesar, por razones electoralistas o por maldad intrínseca, van a remolque de los acontecimientos. No saben qué hacer para revertir la situación pero tampoco pueden manifestarse con sinceridad porque el pánico sacudiría a los mercados y a la ciudadanía. Se ha extendido la especie de que no habrá rescate porque Europa no puede salvar a países de la envergadura de Italia o España. Si caemos, ¡adiós Madrid!
Solo les queda rezar. Y a nosotros también.
viernes, 18 de mayo de 2012
Unión de pueblos autónomos
Varias veces se ha lanzado el globo sonda de que se unirán municipios con el fin de minimizar costes y de ahorrar servicios y medios. No sé si se trata de hacerlo voluntariamente o a la fuerza y, en este último caso, tras reformar –supongo-
los artículos 137 y 140 de la Constitución.
Bueno, yo no lo acabo de ver pero allá películas... mientras no me junten con los del pueblo de al lado. Los muy brutos movieron el mojón para apropiarse de parte de nuestro término.
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jueves, 8 de marzo de 2012
La estampita
¿Habrá picado alguien enviando los 100 € de marras?
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado
Yo, como Savater, también lo siento y reconforta ver que, aunque se ha quedado en el paro, no está con una mano delante y otra detrás; que puede irse de tourneé. Lo digo sin pizca de ironía.
Con frecuencia, las posturas prefijadas y fanáticas lo son por la endogamia de los partidarios. Forges se acuerda de Haití, de Somalia y de Garzón. En un curioso ejercicio de empatía, se pone en el lugar del juez, en el «locutorio dos», para escuchar al político corrupto confesar sus tropelías. ¿Le traiciona el subconsciente o se trata de un deliberado homenaje póstumo a los métodos de D. Baltasar?
Más que cantar un tango triste, sentido y arrastrao, Baltasar, flamenco, parece haberse arrancado por alegrías. Veinte años no será nada, pero, lo que es para volver, once parecen una eternidad.
Con frecuencia, las posturas prefijadas y fanáticas lo son por la endogamia de los partidarios. Forges se acuerda de Haití, de Somalia y de Garzón. En un curioso ejercicio de empatía, se pone en el lugar del juez, en el «locutorio dos», para escuchar al político corrupto confesar sus tropelías. ¿Le traiciona el subconsciente o se trata de un deliberado homenaje póstumo a los métodos de D. Baltasar?
Más que cantar un tango triste, sentido y arrastrao, Baltasar, flamenco, parece haberse arrancado por alegrías. Veinte años no será nada, pero, lo que es para volver, once parecen una eternidad.
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miércoles, 29 de febrero de 2012
¡Qué chollo!

Que nadie ata los perros con longanizas ni los apedrea con lomo.
Nada me parece justo en yendo contra mi gusto

Me alegra la absolución de Garzón en el último proceso que se le seguía en el Supremo, pero ayer El País seguía insistiendo en la especie de que se le había encausado por su pretensión de juzgar al franquismo. Y dale. En su edición digital incluso titulaba: «Garzón “se excedió” al intentar mejorar el estado de las víctimas». El enunciado es tan ambiguo que puede servir tanto para exculpar su actuación, a modo de atenuante, como para explicar las aviesas motivaciones de sus juzgadores, quienes le procesaron precisamente por su intención «excesiva» de favorecer a los rojos. No creo que el equívoco en la redacción sea casual.
Después de inhabilitarle, muchos siguen dando pábulo al falso dilema de quién puede autorizar la apertura de fosas. Conozco personalmente a quien desenterró a un tío suyo del maquis, que había sido fusilado, para volver a enterrarlo, esta vez con honores, en el cementerio de su pueblo. Y no tuvo que recurrir a Garzón.
Incluso muchos de los que han afectado escandalizarse por el juicio, no dejan de reconocer en su fuero interno que alguien que tiene la ocurrencia de pedir el certificado de defunción de Franco tal vez no está en condiciones de ejercer la judicatura. Sin embargo, no le inhabilitan –¡faltaría más!- razones ideológicas, ni siquiera su ego colosal, sino una cuestión básica de salud mental que afecta a su pericia, a su capacidad en el desempeño de la profesión. Más allá de heterodoxias o peculiaridades, de sus delirios de grandeza y su autobombo propagandístico, y yendo al meollo de la cuestión (si cometió o no delito, que se ve que no), unos y otros deberían considerar la lectura de la Sentencia como algo obligatorio.
Primero la verdad, toda la verdad, y después la línea editorial.
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lunes, 27 de febrero de 2012
Consejos vendo que para mí no tengo

El ABC publica hoy una noticia de la que se hacen eco otros medios: «Los sindicatos mayoritarios controlan un complejo entramado de sociedades limitadas y anónimas que suman unos activos de más de 240 millones de euros. En el último ejercicio contable presentado en el Registro Mercantil, las 53 empresas analizadas obtuvieron unos beneficios de 10.595.000 euros.
Los sindicalistas se convierten en patronos en varios sectores económicos e incluso se asocian a grandes multinacionales como el BBVA y Telefónica, alianzas de las que obtienen suculentos réditos en el campo de la gestión de planes de pensiones de empleo privados».
La peña empieza a estar muy harta: de los despidos y de la ley del embudo que aplican algunos.

martes, 21 de febrero de 2012
lunes, 20 de febrero de 2012
Premio literario
Decía Ortega y Gasset: «Ser de izquierdas es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas en efecto son formas de la hemiplejía moral». Mucho más reciente es la reflexión de Juan Avilés: «A propósito de las identidades diferenciadas de la izquierda y la derecha a estas alturas de la historia debo confesar que me pasa lo que al gallego del dicho con las meigas: no creo en ellas, pero haberlas haylas. Es más, su existencia resulta utilísima porque permite, por ejemplo, deducir lo que alguien piensa de los transgénicos a partir de lo que piensa sobre Israel, pues tanto las gentes de izquierdas como las de derechas parten de unos prejuicios que les permiten tomar postura ante temas complejos de los que saben muy poco». (El Cultural, 11-11-11) ¡A ver si va ser este el caso!
Reconozco que no lo he leído pero, así a pelo, solo por el título, creo que merece un premio a la objetividad y al pragmatismo, al esfuerzo por la empatía. Ese de ahí abajo que parece Mick Jagger dijo: «Solo hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y de lo primero no estoy seguro.» He aquí la prueba.
En fin, reconozco que no me lo voy a leer.
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La relatividad de la gravedad
El otro día se advirtió de que el gobierno de Rajoy había falseado las cifras del déficit de 2011 ante la Unión Europea para vender mejor los resultados de este año. Después, Bruselas lo desmintió. Seguimos sin saber si era un bulo, una absoluta falsedad o una verdad a medias.
Todo lo que sube, baja, y aunque la bolsa parece más encaminada a un desplome irreversible que a un rebote, ya no se toma como termómetro (más bien tensiómetro) de la economía. Ahora el déficit es el colesterol que amenaza con taponar las arterias e impedir de forma definitiva la circulación del dinero.
Todo es relativo. El ablativo absoluto está, como el latín, muerto y enterrado.
Hablamos de sexo
En 2004, con motivo de la preparación de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, el gobierno pidió un informe a la Real Academia sobre el término. El dictamen, elaborado por Antonio Muñoz Molina, no pudo ser más concluyente: El uso de «género» en lugar de «sexo» procedía de un préstamo del inglés, una traducción literal y errónea de «gender», ya que «sex» únicamente hace referencia a las relaciones sexuales. En ese idioma no existe el concepto de género gramatical y los objetos, al contrario que en español, no tienen esa característica. El gobierno, al decidir la redacción definitiva de la Ley, ignoró la autoridad lingüística de la RAE y se plegó a la presión de colectivos feministas (¿y frígidos?). El sexo vuelve a ser tabú.
El 10-4-08 publicaba El País un artículo de Javier Rodríguez Marcos sobre la posibilidad de cambiar el nombre del Congreso para que fuese «de los Diputados y las Diputadas». Recordaba el articulista que en las lenguas románicas el masculino es el llamado género no marcado, es decir, que abarca a individuos de los dos sexos y servía no solo para los seres humanos sino también para los animales, de tal manera que cuando alguien dice que el oso es una especie en peligro de extinción incluye tanto a machos como a hembras. Citaba, además, a Ignacio Bosque, miembro de la RAE, quien consideraba el desdoblamiento artificioso y ridículo: «… no responde más que a una simple regla gramatical. La misma que funciona cuando se coordinan un sustantivo masculino y uno femenino. En “Juan y María han ido juntos”, “juntos” es un masculino plural: “Así es el idioma, no hay otra forma de decirlo”». De la misma opinión era Mercedes Bengoechea, decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares y estudiosa del sexismo en el lenguaje.
Lo que pasa es que cuando una cuestión extraña al debate político es prohijada por un bando, este y el contrario toman partido y ya no hay manera de discutirla racionalmente. El alineamiento releva de la necesidad de allegar argumentos: ya vienen elaborados y deglutidos de antemano. Esto explica que cuando Ana Mato, al poco de tomar posesión de su Ministerio, eludió referirse a la violencia de género y usó otra terminología, hubo quien se escandalizó, como si se hubiera producido un paso atrás en una gigantesca conquista social.
¿Así que sexo M, F? En catalán estaría claro (mascle, femella) o en francés (mâle, femelle) y en inglés también si no fuera porque ahí sí es género (male, female), pero en español… (¿macho y fémina?, ¿mengano y fulana?). Melonadas y futilidades.
P.D. Menos de quince días después de publicar este post, la RAE aprobó un informe del académico Ignacio Bosque, del que se hicieron eco los primeros El País y ABC, que encendió de nuevo y más que nunca (erre que erre, que no ERE que ERE) la polémica.
El 10-4-08 publicaba El País un artículo de Javier Rodríguez Marcos sobre la posibilidad de cambiar el nombre del Congreso para que fuese «de los Diputados y las Diputadas». Recordaba el articulista que en las lenguas románicas el masculino es el llamado género no marcado, es decir, que abarca a individuos de los dos sexos y servía no solo para los seres humanos sino también para los animales, de tal manera que cuando alguien dice que el oso es una especie en peligro de extinción incluye tanto a machos como a hembras. Citaba, además, a Ignacio Bosque, miembro de la RAE, quien consideraba el desdoblamiento artificioso y ridículo: «… no responde más que a una simple regla gramatical. La misma que funciona cuando se coordinan un sustantivo masculino y uno femenino. En “Juan y María han ido juntos”, “juntos” es un masculino plural: “Así es el idioma, no hay otra forma de decirlo”». De la misma opinión era Mercedes Bengoechea, decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares y estudiosa del sexismo en el lenguaje.
Lo que pasa es que cuando una cuestión extraña al debate político es prohijada por un bando, este y el contrario toman partido y ya no hay manera de discutirla racionalmente. El alineamiento releva de la necesidad de allegar argumentos: ya vienen elaborados y deglutidos de antemano. Esto explica que cuando Ana Mato, al poco de tomar posesión de su Ministerio, eludió referirse a la violencia de género y usó otra terminología, hubo quien se escandalizó, como si se hubiera producido un paso atrás en una gigantesca conquista social.
¿Así que sexo M, F? En catalán estaría claro (mascle, femella) o en francés (mâle, femelle) y en inglés también si no fuera porque ahí sí es género (male, female), pero en español… (¿macho y fémina?, ¿mengano y fulana?). Melonadas y futilidades.
P.D. Menos de quince días después de publicar este post, la RAE aprobó un informe del académico Ignacio Bosque, del que se hicieron eco los primeros El País y ABC, que encendió de nuevo y más que nunca (erre que erre, que no ERE que ERE) la polémica.
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martes, 14 de febrero de 2012
Reformas Rajoy

Mientras la ministra Báñez dice que se trata de luchar contra el paro, Cristóbal Montoro reconoce que la reforma no creará empleo y a los cuatro días de publicarse la medida en el BOE Moody’s rebaja la calificación de nuestra deuda. Si hay que reformar se reforma, pero reformar pa na es tontería.
Como en El milagro de P. Tinto, se empieza saneando y se acaba abriendo un socavón por el que cabe la casa entera, así que hay que tener cuidado con las chapuzas y vigilar a PP gotera.
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La final de la Copa ya ha empezado

Lo que ocurre es que, ante la negativa del Madrid a ceder el Bernabéu para la final de Copa, los contendientes empiezan a probar sus fuerzas allá donde pueden y se están librando las primeras escaramuzas; esta vez en México.
No ha trascendido si el león intentó morderle el culé pero apostaría a que sí.
Los que no brindamos con champán

En este juicio, Garzón se ha visto despojado de la toga dos veces: una literal y otra metafórica y definitivamente. En la primera ocasión debió ahorrarse a sí mismo el bochorno y a los demás la vergüenza ajena. Como le dijo el Presidente de la Sala, él sabía que un acusado no puede sentarse vestido de esa guisa en el banquillo.
Nunca me he alegrado de la desgracia ajena cualquiera que fuese la circunstancia que la provocara, y creo que en eso formo parte de la mayoría. Esta vez, tampoco. Lo que ocurre es que me cuesta entender la insistencia en comparar la resolución de este caso con la de los perseguidos que han acabado en perseguidores, los de la trama Gürtel. La cuestión es muy sencilla y podría no entenderla Pilar Bardem pero Gaspar, como Baltasar, sí deben porque afecta a los fundamentos mismos del sistema democrático: Los delincuentes se pueden servir de los mecanismos del Estado de Derecho para defenderse, pero el Estado de Derecho no se puede defender a sí mismo con los métodos de los delincuentes y quebrantar la ley. Esa es la diferencia. No valen las razones de Estado ni cualesquiera otras que la ley misma, todas las de la ley pero con la ley como límite. Una cosa, ya digo, es que lo ignoren los portadores de pancartas a las puertas del Tribunal Supremo, pero Llamazares está obligado a saberlo. Ya que no hace pedagogía, al menos, si discrepa, ha de tener cuidado con el uso de argumentos espurios y peligrosos por antidemocráticos. Por lo visto en la vista (la de Valencia), Camps es un sinvergüenza, pero lo que se juzgaba no era su catadura moral sino la comisión de un delito, si quedaba demostrado que había cometido el delito que se le imputaba. Yo ya no le votaré aunque (cosa dudosa) tuviera la oportunidad de hacerlo. En honor a la verdad, tampoco lo hice cuando la tuve.
Más comprensible me resulta la comparación con otros jueces, como aquel mastuerzo que consideraba que llamar zorra a una mujer no es insultarla. Parece evidente la desproporción entre las sanciones impuestas a uno y otro por sus respectivas actuaciones en el ejercicio del cargo, por mucho que el uno vaya contra derechos constitucionales, la privacidad de las comunicaciones y la defensa letrada, y el otro haya cometido un delito de lesa femenidad (o algo así). No sabemos si en la forma de instruir los sumarios, por parte de Garzón, influye algo más que el afán profesional de perseguir a los delincuentes sin cuartel (y de ahí la necesidad de encontrar pruebas a toda costa) y si hay dosis de vanidad, como se sugiere a menudo, o se deja llevar por sus inclinaciones políticas, como también se apunta. De entrada y al margen de preferencias partidistas, filias o fobias particulares, no pueden causar la misma simpatía el exjuez estrella y el mencionado juez repugnante que hemos tomado como ejemplo (mejor dicho, a quien hemos mencionado a título de ejemplo).
Ciertamente, la jurisprudencia del Tribunal Supremo no figura entre mis lecturas favoritas pero me he obligado a leer la sentencia. Lo primero que me ha llamado la atención es que, a pesar de que unánimemente ha merecido el calificativo de dura (¿dura lex sed lex?), el artículo 446 del Código Penal, como se recoge en la página 36, prevé una pena para el delito de prevaricación de entre diez y veinte años. Once se sitúa en la parte más baja del tramo. Además de que resulta sólida, muy currada, no sé si estaban pensando en Gómez de Liaño, a quien aludía recientemente por el indudable paralelismo con quien fue su colega, al redactar el Fundamento de Derecho Sexto. Gómez de Liaño, también inhabilitado, obtuvo la victoria moral del reconocimiento por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de que su proceso había carecido de las garantías precisas. La sentencia de Garzón está trufada de referencias a la jurisprudencia de dicho Tribunal (el de Estrasburgo) y a la del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas.
Los mismos que hoy claman contra la prescripción del asunto “Banco Santander” ayer reclamaban la del tema de las fosas y los que ahora proclaman la injusticia de esta sentencia antes declamaban que el 11-M era cosa juzgada y bien juzgada. Así son las cosas.
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