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viernes, 3 de febrero de 2012

Se impone el balance

Aunque haya que cambiar el foco también procede hacer balance de la etapa anterior. Zapatero no se supo rodear de gente con más talento que él –y eso que lo tenía fácil- sin embargo una cosa hay que reconocerle: ingenio. Una vez aupado a la Presidencia del Gobierno quería subir otro escalón y pasar a la historia. Para eso tenía que participar en los acontecimientos relevantes o dejar una huella indeleble. El desempeño de un papel estelar pasa por hacer cualquier cosa que no se hubiera hecho antes (idea que guió el asunto de la negociación con ETA y que explica la impresión de adanismo que causa) o hacer lo que sea mejor que nadie. Además, sus antecesores tenían un bagaje del que presumir: Adolfo Suárez fue Gobernador Civil y Director General de RTVE y Felipe González todavía estaba rodeado por la aureola mágica de su etapa de clandestinidad (Aznar no cuenta ni merece ser recordado). ¿Y él? Entonces tira de pedigrí, saca a relucir el árbol genealógico y aparece el abuelo fusilado. Lo que pasa es que eso puede poner en entredicho la perogrullada de que “algo es mejor que nada”.
Pero ¿cómo tomar parte en los dos momentos que le parecían más cruciales de nuestra historia reciente, la Guerra Civil y la Transición, si todavía no había nacido, o en el caso de la Transición era apenas un adolescente (ejem)? Pues aquí viene lo bueno y es cuando inventa el mecanismo de la Memoria Histórica, una máquina del tiempo que le permite apretar al rewind, colocarse allí donde le interesa y cobrar un protagonismo que no pudo tener por las razones obvias apuntadas.
En fin, que consiguió pasar a la historia como el peor presidente de la democracia … y más allá.

miércoles, 21 de abril de 2010

Cocina creativa de sentencias

Alfonso Guerra, el del clan de la Tortilla, explicó los fundamentos de la cocina de autor política. Para empezar, se trataba de poner en práctica el viejo principio de división del trabajo: “yo estoy en los fogones preparando la comida y Felipe en la sala sirviendo los platos”. También inventó alguna receta y rescató del olvido viejas técnicas culinarias, no obstante, en muchas ocasiones, se limitó a enunciar hábitos tocantes a la urbanidad (el que se mueva, no come). Conocedor del dicho “en la mesa y en el juego se conoce al caballero”, advirtió que Suárez no era más que un tahúr del Mississippi. Tal vez abusara de la sal y las especias. En fin, todo eso fue antes de que su hermano lo vendiera por un plato de lentejas.
Cuando se pidió reformar la Ley del Menor o debatir la cadena perpetua, el gobierno opuso la inconveniencia de legislar en caliente; sin embargo, con la Memoria Histórica, a partir del momento mismo de su preparación, no se hace otra cosa que cocerla en el horno de la emotividad. El ingrediente principal procede de la parte de las vísceras y es a eso a lo que sabe: a casquería. Cualquiera podía imaginarse que iba a calentar el ambiente y que sería un arma de doble filo, que iniciaría una espiral incontrolable de reacciones. Pero este exponente de la Nouvelle Cuisine es raro, complejo de elaborar y difícil de digerir. A pesar del sofrito de revanchismo que contiene, en virtud del cual debiera guisarse en caliente y servirse frío, es contundente y de cuchara. Recordando que la Ley de Amnistía fue un entrante cocinado a petición, sobre todo, del Partido Comunista y que Alianza Popular no lo probó (o sea, que se abstuvo), no puede uno dejar de preguntarse a qué viene ahora, después del café y los licores, este postre.
En 2007 se modificó la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional para prolongar el mandato de Mª Emilia Casas y ahora Montilla propone sustituir a todo el equipo, a los chefs y ayudantes, porque intuye que el menú que están preparando no es de su agrado. Aquí, todo bicho viviente quiere comer a la carta, y como sobre gustos no hay nada escrito, piden que les sirvan la carne cruda o muy hecha, al punto o vuelta y vuelta.
¡Marchando una de Sentencia de Estatut al cava con fondo de almíbar rojo! Oído cocina.

lunes, 7 de abril de 2008

ZP en torre de marfil con ventana al exterior

Oír la COPE suele poner de los nervios pero hay que admitir que es saludablemente crítica con la derecha. Por contra, la SER es tan sumisa con el gobierno que resulta de un sectarismo rastrero y servil. El programa La Ventana constituye la columna editorial del Grupo Prisa. Ahí, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, notable intrigante, acreditado traidor a Suárez, y político prejubilado absolutamente incapaz en su momento de aglutinar las simpatías necesarias en el seno del PP para liderarlo, como pretendía, o de pasar el fielato de las urnas para cotejar su tirón popular (creo que nulo con esa pinta de niñato decimonónico y de pedante endomingado), sienta cátedra. Suele ser él, relamido y sabelotodo, resentido y envenenado con el fanatismo del converso, el que enuncia las teorías ya conocidas, el que hace saber las posturas del entorno del PSOE, desde su dudosa independencia e increíble oposición. Santiago Carrillo se limita a abundar en sus opiniones y la conductora, Gemma Nierga, emite unos gruñidos de asentimiento de resonancias orgásmicas. El otro (iba a decir el tercero en discordia, pero aquí no hay discrepancia alguna) es Pere Portabella. Hoy le ha corregido a Carrillo: La oposición no ha sido catastrófica durante estos cuatro años, sino catastrofista. ¡Qué armonía la que allí reina! Miguel Herrero ha acusado a la derecha de sacrificar a sus mejores hombres: ¡Fuera caretas y falsas modestias! Le han reído la gracia, patética y nada inocente. Una buena parte del programa la han dedicado a defender que Zapatero no pacte con los nacionalistas aun a costa de que la investidura se produzca en segunda votación. Estos mismos se han pasado la legislatura sosteniendo que los pactos eran muy positivos. Son maestros en ese arte de hacer de la necesidad virtud.
Lo más emotivo de hoy ha sido la manera encomiástica en que se han referido a la soledad del manager (con perdón a Vázquez Montalbán); una soledad que nos ha conmovido. A ZP se le vio en la cumbre de Bucarest triste y mohíno. En la radio han aplaudido su independencia y ensalzado su orgullo. Le han quitado importancia a la cuestión subrayando el escaso relieve de la personalidad de Bush y lo poco o nada que allí se decidía. Han analizado –por decirlo de algún modo- las causas y las nulas consecuencias, mientras tachaban la foto de oportunista. ¿Y cuál no lo es? Una foto consiste en eso, en la oportunidad, en el momento, en la fugacidad circunstancial del instante en que es captada. El meollo de la cuestión –hábilmente soslayado por estos palmeros- del retrato radicaba en la imagen que transmitía (valga la redundancia semántica). Y lo que hemos visto reflejaba el aislamiento del hombre y lo que representa (España). La Diplomacia, a menudo, se basa en los corrillos, ¡qué le vamos a hacer! Y eso, los corrillos que ignoran a Zapatero, es lo que desprecian en La Ventana para encumbrar a su jefe a la torre de marfil.