Pues
mírame al ojo.
En la antigua Roma, el desfile triunfal lo abría el general victorioso subido a un carro de dos caballos (biga), con la cara pintada de rojo (nimiun) en honor a Jupiter Optimus Maximus, una estatua etrusca de terracota de ese color. Al lado, iba un esclavo que sostenía la corona de laurel sobre su cabeza y le decía cada cierto tiempo eso de “recuerda que eres un hombre”.
La definición de Vujadin Boskov, un entrenador yugoslavo que tuvo el Real Madrid, es una de esas frases lapidarias que perduran por ser ocurrentes y certeras. Lo último, al menos, no se le puede negar.
Yo no digo que el montaje de Wyoming en su programa de El Intermedio, donde se manipulaba la voz de Hermann Tertsch en un montaje humorístico animando a matar terroristas de Al-Qaeda, tuviera nada que ver con la agresión que sufrió el periodista a los pocos días. Le molieron los huesos y dio con ellos en el hospital. Y tampoco quiero decir ahora, ojo, que Wyoming sea un manipulador. Por lo mismo, no me atrevería a asegurar que la campaña del Valencia C.F., en la que una serie de vídeos (emitidos, supongo, por Canal 9) mostraba a unos ultras del Madrid secuestrando al utillero Españeta, para robarle al equipo su espíritu, pretendiese (des)calificar a toda la afición madridista como delincuente. Sí me pareció éticamente reprobable (o dudosamente aceptable, cuando menos), estéticamente horrible y dietéticamente indigerible. Es cierto que se hizo para calentar el partido, aunque no hacía falta: el entorno del club lleva varios años queriendo hacerle un hueco al Valencia entre los odios de los aficionados del Real Madrid. No soportaban la indiferencia, el trato que se le dispensaba, como si fuera un equipo menor, pensaban. Jugando a la contra, han conseguido convertir el antimadridismo en seña de identidad. Tampoco digo que el aburrido serial estuviera en la base de un penoso incidente (que no sería el único, pero que se documentó luego en Cuatro con todo lujo de detalles) en los prolegómenos del partido, detrás de la portería en la que calentaba el equipo visitante. Un niño pasó el rato dedicándole a Casillas toda suerte de improperios. Iker se acercó y le afeó que, con sólo diez años, no tuviera más educación. El padre (y los acompañantes) en vez de sentirse abochornado, reprender y corregir al chaval (lo que equivaldría a corregirse a sí mismo), redobló los insultos.
Es, por ahora, un misterio quién pueda ser el que la diera, no tiene sentido relacionarla con la red de tráfico de licencias de apertura ni ese tráfico con el de la M-30, ni ésta con el MI5, negro uno, blanco como la nieve el otro, nieve por doquier, desde Navacerrada con amor, por cierto que Esperanza niega a todos ser la espía que amó, cómo no, y hoy parecía que se había disipado la alta tensión entre los dos actores principales, que no son Sean Connery y Roger Moore sino Aguirre y Gallardón, quien, después de amagar con dejar la política en una pataleta algo pueril, decidió para sí que “nunca digas nunca jamás”, porque hay que ver cómo han cambiado las cosas desde que Aznar, tras ganar las elecciones, se pusiera al servicio de su majestad, que ahora parece más socialista que otra cosa, cuando Rato era ministro de Hacienda, que al lado de Solbes parecía Goldfinger, desde los tiempos de Acebes o Zaplana, este último semejaba la encarnación del Dr. No, aunque quien lo conocía bien aseguraba que era clavado a Octopussy, no en lo físico, y desde la operación trueno que supuso el Congreso de Valencia, donde se aplazó la caída de Rajoy –muere otro día-, ahora sí cada vez más próxima.
Los medios de la izquierda son tres: el anular (al PP con el llamado “cordón sanitario”), el corazón (de León, pues, aunque nacido en Valladolid, es un leonés de crianza, como el tinto del Bierzo), o medio propiamente dicho, y el índice (de libros prohibidos de Cristina Almeida). Para el caso de que alguien replicara que también la derecha tiene tres, el PSOE se guarda un as en la manga: Gabilondo. Con lo que ellos tienen Cuatro. Aunque, a lo mejor, geométricamente hablando, unos y otros coinciden, y los medios de la derecha y los de la izquierda son el centro. Vaya usted a saber.
«Tengo un asco al Madrid que no lo puedo ni ver», dijo ayer Pepiño en el palco del Calderón. El pobre... con ese apellido. Es como aquel viejo graffiti: “Fachas, jodeos que tenéis el corazón a la izquierda y la sangre roja.”
Esperanza Aguirre reivindica la autoría de haber encetado el debate de ideas en el PP. Gran cosa si fuera verdad. Hay que negar todas las mayores: no existe debate y tampoco se vislumbran ideas. En realidad, ni siquiera se observan diferencias de fondo entre los contendientes; únicamente que los patrocinados por la COPE parecen exhibir unas formas más chulescas, aplican el libro de estilo, el manual de la emisora y sacan con mayor frecuencia la caja de las tortas. Hay ligeros matices en asuntos como la forma de enfocar el 11-M, la trascendencia que se le da, y poco más. Si en algo lleva razón Espe es en eso de que su partido cae antipático al personal, pero parece que la receta que aplica es sostenella en la forma de hacer oposición y no enmendalla en modo alguno. En definitiva, ahondan en el error lanzando mensajes de consumo interno que no llegan al electorado, no porque no se pronuncien en voz alta y clara sino porque los votantes son refractarios a un tono tan agresivo. Diríase, al menos, que por ese camino han alcanzado su techo electoral.