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martes, 3 de marzo de 2009

Elecciones vascas: Nadie ha ganado, Nadie ha perdido

No me refiero a esa situación, tan común, de que cuando no hay un ganador claro en unas elecciones (a veces, aún habiéndolo) todos reclaman la victoria y ninguno admite salir derrotado. Como decía Kennedy, el éxito tiene muchos padres pero el fracaso es huérfano. Pérez Touriño, por el PSG, y Unai Ziarreta, por Eusko Alkartasuna, son las excepciones que confirman la regla. O no sólo me refería a eso. Estaba más bien pensando en que el ganador (eso dice él; en el PNV piensan otra cosa) de las elecciones vascas ha sido Patxi López, a quien tiempo atrás se puso el mote, con evidente intención de ningunearlo, de Patxi Nadie. El apodo data de cuando accedió a la Secretaría General del PSE y fue también una forma de destacar su historial vacío, su hoja de servicios en blanco, su escaso empaque político, su poca importancia. Además, se aludía a su transparencia: detrás se veía a don José Luis Rodríguez. Creo que el copyright es de Jiménez Losantos. Efectivamente, junto con Maragall se convirtió en punta de lanza del zapaterismo, de un modo particular de hacer política bastante alejado de la socialdemocracia clásica y que buscaba casarse con el nacionalismo radical, un matrimonio de conveniencia para solventar problemas en época de elecciones. El PSOE marcó distancias con los viejos líderes, con los pesos pesados, con Felipe González, Alfonso Guerra, Rodríguez Ibarra, Bono y Paco Vázquez, pero sobre todo en Euskadi se convirtió en otro partido y soltó lastre: Rosa Díez, Enrique Mújica, Gotzone Mora, Maite Pagazaurtundúa, Mikel Buesa, Carlos Totorika, Redondo Terreros...
En un post que publiqué en el blog de Ciudadanos con ocasión de las elecciones americanas (Nadie cumple sus promesas electorales), recordaba que en 1977, cuando ganó Jimmy Carter, el Y.I.P. (Partido Internacional de la Juventud) promovió a Nadie para la presidencia. Pero era otro Nadie. También en España, el PGB, el Partido de la Gente del Bar, a finales de los 80 pidió el voto para Nadie, asegurándonos que Nadie iba a resolver el problema del paro, la vivienda, la sanidad o la educación.
En el aniversario de la muerte de su hijo, la madre del socialista asesinado Joseba Pagaza, le escribió a Patxi López una carta sobrecogedora donde le advertía: “dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre...” Al reunirse con Otegi, la dolorosa traición que profetizó la madre de los Pagaza, se había consumado. En la capilla ardiente del ex concejal del PSE en Mondragón, Isaías Carrasco, Patxi les preparó una encerrona a Rajoy y María San Gil. Primero les dijo que la familia prefería que no fueran a dar el pésame, luego les dijo que podían ir y, al llegar, les estaba esperando en la puerta para espetarles, en voz alta: “No queremos volver a oír que traicionamos a las víctimas”. Inmediatamente, repartieron una nota de prensa en la que explicaban el incidente.
Con Redondo Terreros, el PSE hablaba un lenguaje con el que se podía entender el Partido Popular del País Vasco, formando aquel bloque constitucionalista que bendijo Fernando Savater. Pero el PP, con Mayor Oreja, les superaba en votos y ése era el cambio que prometió Patxi a los suyos: il sorpasso. “Podemos”. Una de las condiciones que había de darse era el cordón sanitario, el Pacto del Tinell y convertir en papel mojado el pacto antiterrorista, derogándolo por la vía de los hechos. Ahora necesita el apoyo, aunque sea pasivo, de los populares, gente (la del PP del País Vasco) que merece, por razones obvias, el mayor de los respetos. ¿Qué hará ahora Patxi, don Nadie? Es lo que tiene la política, que, como la vida, da muchas vueltas.
Pachi Nadie al aparato.

viernes, 30 de enero de 2009

Gilipolleces más o menos cómicas

El Gilipollas era (igual sigue siéndolo) un personaje de la factoría de El Terrat que salía (o sale) en un programa de Buenafuente, a cuenta del cual Jordi Pujol le ha echado una regañina a Andreu por el uso –y quizás abuso- de barbarismos. Entendámonos: “5. m. Ling. Extranjerismo no incorporado totalmente al idioma” (DRAE). Me enteré el viernes pasado –hoy hace una semana- y, como el comentario me llegó escueto, me creó dudas sobre si Buenafuente había regresado a la TV3 que le vio nacer (artísticamente hablando), donde se mantendría el esquema original, o más bien se trataba de que el Honorable (perdón: es la costumbre) estaba haciendo un repaso de asuntos con visión retrospectiva. La cosa era que don Jordi se había quejado de que no tradujera el término “gilipollas”, mientras en la radio se daba –aparte de alternativas catalanizantes para ese nombre- la idea de que el famoso showman se rebautizara como “Bonafont”. En justa correspondencia.
Hace años, cuando veía la tele, frecuentaba los programas de El Terrat, que superaban al resto en humor inteligente. Eso, dirán, es como todas las cosas: va en gustos. Ya. A mí, me parecían especialmente logrados los late shows (perdón, don Jordi, es verdad que se trata de una fea costumbre) Set de Nit, Malalts de Tele, con unos estupendos Toni Soler, Rosa Andreu y Albert Om y las producciones que giraban en torno a Buenafuente, de donde salió gente como José Corbacho o Santi Millán: Una Altra Cosa y La Cosa Nostra. El problema de El Gilipollas no era el nombre sino que ejemplificaba una cierta tendencia a adjudicar lo más zafio, hortera, inculto, sucio y chabacano del paisanaje, a los que, como él o como Palomino –otro comparsa de ese jaez-, hablaban castellano o tenían el acento de Maleni. También estaba la Vicenteta, una cerillera, si mal no recuerdo, vestida de cupletista de la Belle Epoque –no la de Trueba-, tal y como a menudo iba caracterizada Mary Santpere. Vaya, no sé si se acuerdan de la gran Mary Santpere. El papel lo hacía un hombre, con lo que se podía pensar que estaba representando a un travesti. La Vicenteta era basta y venida a menos, ajada, con el rimel permanentemente corrido y la pluma de pavo que le remataba la diadema, mustia. Se expresaba con los giros dialectales y el inconfundible dejo de una valenciana emigrada a Barcelona. Pues a ver si me explico con El Gilipollas: lo interpretaba el mismo actor, David Fernández, que encarnaba a Rodolfo Chikilicuatre. Y es que, a pesar de que toda la troupe era grotesca, estos charnegos tenían un plus de caspa y ridiculez. De todas formas, hay que reconocer que, entonces, el jodío Buenafuente tenía gracia. No sé ahora.
Otro de la farándula catalana que también se refirió a la Cosa Nostra es Boadella; un personaje éste que, seguramente a diferencia del anterior, no resulta del agrado de Pujol, Ubu President. Aunque no siempre fue así: “Un día, a finales de los años 60, tuve que ir precisamente al templo económico de la Cosa Nostra camuflado entonces bajo el reclamo de Banca Catalana. Intentaba aplazar una obsesiva letra que gravitaba sobre el precario presupuesto de Els Joglars. Miseria naturalmente. Allí, me rebotaban de un despacho a otro, hasta que quizá convencidos de que también nos movíamos en el meollo de la cosa se dignaron acompañarme a la tercera planta donde estaba la madriguera del Padrone Signore Jordi.
Apareció entonces un milhombres bajito y cabezudo, cuyas maneras taimadas culminaban en la más genuina sonrisita diferencial. Parecía todo un profesional de la condescendencia y la mueca críptica. Sin mayores preámbulos, acercó su enorme testa al dictáfono, y pasando de todo recato, ordenó a su secretaria que le trajera el «dossier Joglars». ¡Me quedé petrificado! Media docena de titiriteros dedicados entonces a la pantomima, cuyo único capital consistía en nuestros pantys negros, merecíamos todo un dossier. El asunto se ponía emocionante. ¡Nos tenían bajo control!
Lamentablemente, no tuve tiempo de imaginarme demasiadas fantasías sobre el sofisticado espionaje, porque mientras aquel cofrade catalán del doctor No simulaba examinar atentamente el dossier, uno de sus incontrolados tics hizo resbalar sobre la mesa la totalidad del contenido. Eran dos recortes de prensa sobre nuestras actuaciones mímicas en un barrio de Barcelona. Nada más. Ya jugaban a ser nación con servicio secreto incluido.
Automáticamente, comprendí la magnitud de la tragedia, y algún tiempo más tarde, acabé constatándola cuando aquel notable bonsai del dossier, fue elegido hechicero de la tribu después de atracar el Banco, y endosar el marrón a los enemigos naturales de la patria.”
El demoledor y desternillante artículo de Albert Boadella sobre la intelligentsia catalana (El Mundo, 10-3-05), contiene párrafos tan reveladores como éste: “¡Y pensar que ahora podría estar de ministro de cultura en el tripartito...!
Con el tiempo he llegado a la conclusión de que solo una auténtica nimiedad fue la causa que arruinó mi brillante futuro tribal. Francamente, se me hacía difícil soportar de mis conciudadanos esta mueca que hacen con los labios y que pretende dibujar una sonrisa cómplice entre la elite patriótica.
Las sonrisas, en esta latitud del Mediterráneo norte, no han sido nunca sonrisas relajadas y espontáneas; analizándolas con cierto detalle, da la sensación que mientras se mueve la boca se aprieta el culo. Pero aquellas sonrisitas condescendientes (máxima expresión del hecho diferencial) aquellos guiños de etnia superior, ciertamente, tuvieron la virtud de exasperarme. Son muecas crípticas, reservadas solo a los que ostentan el privilegio de pertenecer al meollo del asunto. Se trata, de una contraseña indicativa de los preconcebidos nacionales y que también, obviamente, compromete al mantenimiento de la omertá general.
Estas sonrisitas, ahora triunfantes, pueden encontrarse hoy al por mayor, y muy bien remuneradas, en las tertulias de la tele Autonómica. (...) Por eso, en mis momentos bajos, sigo preguntándome: ¿Cómo pude ser tan insensato de autoexcluirme del festín? ¡Y todo por una puñetera sonrisa étnica!”
Hay otro mago del humor que siempre ha sido santo de mi devoción por sus originales e hilarantes gilipolleces, lo que no implica que haya comulgado con todas sus creaciones ni con su ideario: Almodóvar. Éste sí ha llegado a intelectual orgánico (negociado de la zeja circunfleja) y no se ha malogrado por el camino. De todas formas, me hacía más gracia antes ser domesticado, de convertirse en cineasta del régimen, cuando se le consideraba un pasota carente de compromiso, un ácrata sin implicación política, cuando los del puritanismo crítico de Cahiers du Cinèma, de Dirigido por, los de la Nouvelle vague o el Expresionismo alemán tenían ahijado a Bigas Luna y despreciaban el trabajo de Pedrito (Peedrooo, que chilló Pe como si fuera Heidi). Almodóvar ha perdido –como es lógico- parte de la frescura inicial, aquel candor de sus inicios under; ahora bien, la diferencia con que trata el tema de la violencia machista en su primera y última película es abismal. En Pepi, Luci, Bom una mujer es aporreada por su marido, policía, hasta tenerla que ingresar en el hospital, donde acaba descubriendo(se) el amor masoquista que le profesa. Mientras, en Volver, las sufridas protagonistas se toman la justicia por su mano sin remordimientos ni penalizaciones. Todo es relativo: la primera es gamberra a lo bestia y políticamente incorrecta con ganas, aquello de “si no sabes aguantar una broma, vete a la porra”, que decía Gila. En su última obra se nota que ha evolucionado. O algo así. Ahí es como si los jueces estuvieran en huelga y qué vas a hacer, apañártelas como puedas, por tu cuenta y riesgo.
Por el mismo programa radiofónico (Herrera en la Onda), supe de la concesión del premio “Gilipollas del año” a Federico Jiménez Losantos. El autor del galardón fue El Jueves, siempre en medio. Hay quien asegura que no tiene puta gracia pero si en la Sahada (profesión de fe musulmana, uno de los pilares del Islam) se afirma que Mahoma es el enviado de Dios y defendemos la posibilidad de publicar [inocentes] viñetas cómicas sobre él, cómo no sobre Jiménez Losantos, que no es más que un locutor de la emisora de la Iglesia. Dónde vas a comparar. Ciertamente, tampoco es que nadie haya pretendido lanzar una fetwa contra El Jueves.
En cualquier caso, lo de las gracias a Terra Lliure por el tiro en la cabeza, no lo cojo. A lo mejor es que yo soy cortito, pero cuando un chiste hay que explicarlo, qué quieren que les diga.

miércoles, 8 de octubre de 2008

La Zapatera Prodigiosa

Me veo mal: como enfermo de melancolía y añorante de tiempos pasados. Y no es el caso. Lo mismo que esas discotecas que, por no saber qué hacer, se dedican a dar sesiones de remember, no paro de sacar papeles ajados y me ha salido, igual que sale un forúnculo, otro pasquín viejo.
En estos grotescos extremos a los que hemos llegado y con esa manía por desterrar el lenguaje sexista, al menor descuido contemplaremos feminizarse el nombre del boss y -mutatis mutandi- convertirse en personaje lorquiano: La Zapatera Prodigiosa. Tal vez debería puntualizar que tras la metafórica visión no hay pulsiones machistas u homófobas sino unción admirativa ante su talantosa persona, a quien veo capaz de obrar los mayores prodigios y de convertir el agua en vino. Oye, y además, “si tu ojo te escandaliza, sácatelo” (Mt., 18, 9).
Que levante la mano quien tenga 20.000 € en el banco (bueno, que la levante si quiere); yo no, ni mucho menos. Yo, a principios de mes tengo una cosa y al acabar ninguna: ya me la he gastao. Por eso, no me asustó que fuera ese el límite garantizado de los depósitos, igual que el de ahora, que se ha subido a 100.000, me suena a chino, a música celestial o más bien marciana. Hasta me hago ilusiones de que se produzca el milagro de la multiplicación de los panes y los peces y cualquier día me los encuentre en mi cuenta corriente y moliente. Solbes: en vos confío.
Pero si del jefe y sus subalternos no cabe esperar grandes cosas, me parece que este gobierno da la medida de la oposición. Vamos, que son tal para cual. Se han juntado el hambre y las ganas de comer.
El amor, como en la obra de Federico (García Lorca), todo lo puede, y donde aquél no llegue, se pone una pasta a cargo de los Presupuestos Generales del Estado y sanseacabó. Y los demás, a arrimar el hombro, coño.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Crónica de sociedad

¿Vieron el artículo de arriba en la edición de ayer de El Mundo? No se sabe si era un gazapo, un conejo en la chistera o es que andaban carentes de noticias y colaron ésta como cuando sueltan una serpiente de verano. Parecía una errata enorme pero igual era otro roedor desconocido que se deslizó en forma de plantilla para maquetar la sección.
Por si no se ve bien, éste es el resumen. Un titular: “Título de tres líneas centradas para sociedad y cultura”; un subtítulo: “No tenía ganas ni necesidad del genial pintoras de malagubras para unas” (sic); una foto de una negra (en lenguaje políticamente correcto se llamará de otra manera, pero una negra es lo que se ve) acompañada de un loro. Éste mira a la cámara mientras aquélla mira al pajarito. Todo muy propio. Debajo de la foto, este texto: “Pie de foto falso para ver cómo queda esta página” y tanto el artículo como la foto vienen suscritos por un enigmático “Firma” (¿?) El texto, evidentemente confeccionado con la novedosa técnica del “copiar y pegar”, repite hasta tres veces la historia de un arbitro de 41 años, nacido en Bilbao.
El columnista decimonónico, cuando no iba en batín y pantuflas y escribía en su mesa camilla, se asemejaba a un oficinista gris dotado de una prosa llena de enjundia; tenía pluma de escritor de altos vuelos. En el siglo pasado, en buena parte gracias a Bernstein y Woodward y su Watergate, el gacetillero se convirtió en periodista de investigación. Su labor se ha ido parcelando en especialidades y algunas –como la del periodista deportivo o la del paparazzi- han alcanzado una pujanza inusitada. La invención de los medios de comunicación audiovisual revolucionó el periodismo y los reporteros se convirtieron en comparsa obligada en guerras y acontecimientos de todo orden. La prensa se fortaleció hasta convertirse en el 4º poder nominal, aunque en realidad se situaba a menudo por encima de los otros. Hunter S. Thompson ideó el periodismo gonzo, donde el cronista devino en actor fundamental de la trama narrada y Billy Wilder, en su Primera Plana, nos dio todo un recital de las malas artes de la profesión; un curso de ética periodística en negativo. Así hasta Jiménez Losantos, quien nos cuenta las verdades como puños, pero no por su tamaño o calidad sino por cómo las suministra. Y ahora El Mundo inaugura un género: el periodismo inexistente, en el que no hay sujeto, no hay noticia, no hay informador y no hay apenas nada. Pensábamos que el futuro venía ligado a Internet y relacionado con las nuevas tecnologías pero tal vez estábamos equivocados y la cosa va por este camino.
Nunca he creído que la prensa fuera fiel reflejo de la realidad, aunque, no sé, a lo mejor la reelabora dándole al vacío existencial un sesgo dadadista de banalidad humorística.

martes, 9 de septiembre de 2008

¡Qué puñetas!

Una vez alcanzado el acuerdo para la renovación del Consejo General del Poder Judicial, a Federico Jiménez Losantos –eterno quejumbroso- le ha dado por lamentarse de que el PP suscriba el apaño a despecho de que, durante diez años (“cuando el PP era el PP”), figurase la promesa de reformar la elección de los vocales en el frontispicio de su programa electoral. Pues mira, no sé qué es peor, porque efectivamente el Partido Popular afectaba indignación con el sistema desde que se promulgó la LOCGPJ, allá por el año 85, pero se ve que ello no equivalía a voluntad cierta de cambio habida cuenta del tiempo que tuvo para demostrar y materializar su inequívoca decisión mientras gobernó, entre 1996 y 2004, y de lo que al respecto hizo en ese periodo.
Es el eterno problema: no importa la judicatura ni el órgano de gobierno de los jueces ni la madre que los parió; lo único que les interesa a todos es ejercer, hasta donde se lo permitan las circunstancias, todos y cada uno de los resortes de poder a su alcance. Por eso, unos y otros rivalizan en la obcecación de incumplir los programas, actuando o dejando de hacerlo en contra o al margen de los mismos. Ahora el PSOE entra a saco con el tema del aborto, cuando negó categóricamente en campaña que fuese a tocarlo en esta legislatura. En la pasada, el asunto estrella de la negociación con ETA brilló por su ausencia en el catálogo de intenciones del programa socialista. Otra cosa es el acierto en la acción de gobierno: uno puede estar de acuerdo con la cuestión del matrimonio homosexual (yo de hecho lo estoy) pero eso es irrelevante a la hora de denunciar la gravedad de su omisión en el programa. Claro que si los políticos se muestran testarudos a la hora de incumplirlo, los electores se obstinan en ignorarlo y así nos va...
Resulta llamativa la diferencia de comportamiento con la sociedad americana, donde si hay algo que no se tolera es la mentira. Durante el proceso a Clinton por su “desliz”, se destacó el hecho de que más grave que los escarceos sexuales en el despacho oval fue el engaño a la opinión pública.
Y aquí don Baltasar garzoneando. Si pudiera haber a las manos (al estrado) al fratricida Caín, lo procesaba por delito de lesa humanidad.

lunes, 21 de abril de 2008

La Esperanza es lo último que se pierde

Esperanza Aguirre reivindica la autoría de haber encetado el debate de ideas en el PP. Gran cosa si fuera verdad. Hay que negar todas las mayores: no existe debate y tampoco se vislumbran ideas. En realidad, ni siquiera se observan diferencias de fondo entre los contendientes; únicamente que los patrocinados por la COPE parecen exhibir unas formas más chulescas, aplican el libro de estilo, el manual de la emisora y sacan con mayor frecuencia la caja de las tortas. Hay ligeros matices en asuntos como la forma de enfocar el 11-M, la trascendencia que se le da, y poco más. Si en algo lleva razón Espe es en eso de que su partido cae antipático al personal, pero parece que la receta que aplica es sostenella en la forma de hacer oposición y no enmendalla en modo alguno. En definitiva, ahondan en el error lanzando mensajes de consumo interno que no llegan al electorado, no porque no se pronuncien en voz alta y clara sino porque los votantes son refractarios a un tono tan agresivo. Diríase, al menos, que por ese camino han alcanzado su techo electoral.
Para avalar sus razones utilizan una prueba del nueve que es una soberana sandez: cuanto más le disgusta al Grupo Prisa la alineación, más convincente resulta. Por eso, Gallardón, mimado de El País, es un bellaco quintacolumnista. El certificado de origen se asemeja a los argumentos que usaba Joan Gaspart para descalificar a los contrincantes en la campaña por la presidencia del Barça y, más tarde, a los que le criticaban desde el seno del club. Aseguraba que esos eran los preferidos de la gente del Madrid. ¡Falso de toda falsedad! Gaspart era un manipulador y un fanático de maneras toscas, rudo y faltón, pero el mejor presidente que ha tenido el Barcelona para los madridistas. Con él, no ganaron ni un solo título.
La prensa hasta ahora afín ha llegado a un punto de no retorno. El trato que le están dispensando a Rajoy parece que no tenga vuelta atrás. Otro símil futbolístico: José Mª García en unas elecciones por la presidencia del Real Madrid participó de forma muy activa y beligerante a favor de Luis de Carlos y en contra de Ramón Mendoza. Butanito, que también estuvo en la COPE y venía cortado por un patrón parecido al de Federico (algo verdulera, con ansías de manejar los hilos del poder desde la sombra, emboscado tras el micrófono) rompió definitivamente su relación con el club a raíz de aquello. Su antipatía por Mendoza le llevó hasta los tribunales y se hizo extensiva a Florentino Pérez.
En fin ellos verán. A mí el que me interesa es el Madrid; ni el PP ni el PSOE.

jueves, 20 de marzo de 2008

¡Cómo venía la prensa!

“Atízale en la ceja.” Como siempre que se pierde, el que debe dimitir es el entrenador. Sobre todo, cuando el error de cálculo, la elección de una táctica equivocada, ha sido tan determinante. Y eso que –aunque a lo mejor el otro tampoco estaba contra las cuerdas- Kid Pepero lo tenía todo a su favor para ganar. Yo no sé si debía haberle castigado el hígado o si el oponente era de mandíbula de cristal, pero la ceja no, desde luego que la zeja no. Además, ha trabajado tanto el flanco derecho que ha desatendido totalmente el centro. El centro para Federico ni siquiera existe.
Jiménez Losantos, su mentor, el ideólogo de salón, el hierofante, su consejero áulico, montaba en cólera cuando no le hacía caso, clamaba al cielo lanzando toda suerte de denuestos, exabruptos e imprecaciones, mientras la izquierda, poniendo cara de beatífica incomprensión y sin elevar el tono, se rasgaba las vestiduras ante lo crispado de la actitud. ¿Pues no ha tenido la desfachatez el tío de afirmar que la mayoría del partido le apoyaba (en su pleito con Gallardón)?
Tengo para mí que la niña, la famosa niña de Rajoy, tenía por nombre Mari Complejines. Así, sin unir a la primera parte del nombre compuesto la sílaba inicial del segundo. No se trataba de Maricom Plexines como pretendía algún julandrón. De malintencionados está llena la séptima Caldera (Jesús, ¡qué cruz!) de la segunda galería a la izquierda, del tercer sótano del infierno. Ya se lo dirán a ellos, ya. Tendrán su merecido; la pena acorde al delito, según la doctrina de La Divina Comedia.
En el otro rincón, el protoentrenador avant la lettre (y póstumo) y tocayo suyo (también José Luis de nombre) era Aranguren. Quien fuese catedrático de ética publicó en 1975 Talante, juventud y moral y, en 1985, El buen talante. Savater, además, le atribuía la palabreja (Un profesor diferente, El País, 18-4-96). O sea que podría decirse que él fue el padre de la criatura, el autor de la idea. Gustavo Bueno, inconmoviblemente cáustico y tan políticamente incorrecto como para hablar regular tirando a mal de un muerto reciente, escribía lo siguiente de él (¿Quién fue Aranguren?, El Mundo, 21-4-96) con ocasión de su óbito: “(...) socialdemócratas cristianos, algunos vergonzantes, ex-monjas y ex-jesuitas, que vienen pretendiendo ofrecer como símbolo de la democracia ética a la figura de Aranguren. (...) Sin embargo el reconocimiento de sus virtudes públicas no fue bastante para hacerme rectificar mi juicio sobre la mediocridad de sus dotes intelectuales. (...) Aranguren ha fallecido en fechas que coinciden simbólicamente con el final socialdemócrata de la monarquía consensuada, la etapa que escogió a Aranguren como emblema de la sabiduría, de la ética y del heroísmo, definiendo así su propio nivel de sabiduría, de ética y de heroísmo.”
Por mí parte, citaré esa pieza acabada de la filosofía que constituye la afirmación de Aranguren: “Desmoralizar es lo contrario de moralizar”. Robert Graves apuntaba (Yo, Claudio): “Me pregunté cuánto tiempo duraría este talante y durante cuánto tiempo cumpliría la promesa que había hecho al Senado –en la ocasión en que éste le votó el poder imperial- de compartir sus poderes con él y de ser su fiel servidor.” Felipe debía ser del gimnasio de los Hermanos Álvarez Quintero: “Cin acritú” (y sin zetas, al menos de las programáticas, porque sólo contando González y Arfonzo salen un puñao).
En fin, hablan ya del 2012 pero, según sus agoreras predicciones, ¿llegará España a la próxima cita electoral general? ¡Cuan largo me lo fían! Fíjense en la imagen del anuncio de un libro publicado por Jiménez Losantos en 1979. O sea que ya lleva tiempo con su pesimismo territorial y existencial, el hombre. Fue el primer libro del Ajoblanco. Era ésta una revista ácrata pero no, como el Star, en plan pasota, sino una cosa más seria. Para sesuda, El Viejo Topo; en cuya nómina de redactores y colaboradores figuraba Gabriel Albiac (filósofo que ha pasado por Diario 16, El País, El Mundo, La Razón, La Cope y Libertad Digital), Luis Racionero, Fernando Savater, Fernando Claudín, Gil Calvo, Juan Goytisolo, Román Gubern, Haro Ibars, Josep V. Marqués, Muñoz Suay, Ludolfio Paramio, Peri Rosi, Javier Reverte y Jorge Semprún. Karmele Marchante era la directora periodista del Star y también tenía a su cargo (ver imagen) la sección Abajo la Faloacracia del Ajoblanco. Además de Karmele, estaba en la redacción Moncho Alpuente. Entonces era cuando el feminismo se oponía a las violaciones ¡y a la pornografía!
A ver si al final Karmele va a ser periodista de verdad...