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jueves, 15 de abril de 2010

Memoria Histórica de la buena

Falange se querella contra el juez Garzón por querer abrir tumbas (valga la simplificación extrema), el Frente Popular hace lo propio contra el juez Varela por pretender que sigan cerradas (repito lo anterior con mucho mayor grado de falsedad) y, mientras los medios de la derecha le atizan sin miramiento, los partidarios de don Baltasar organizan recogidas de firmas, manifestaciones, encierros y actos de desagravio. Entre todos están consiguiendo que vuelvan banderas victoriosas a las barricadas.
Unos y otros (sobre todo, los segundos) ignoran las demás causas abiertas, la intervención de conversaciones de procesados de la Gürtel con sus abogados y el archivo de una denuncia contra el BSCH después de que Botín hiciera de productor y mecenas de sus bolos por universidades americanas (cito el hecho; no digo que haya causa-efecto), para centrarse en la cuestión, mucho más mediática y divertida, del franquismo. Después de leer por encima el auto de su señoría en el que inadmitió a trámite la denuncia contra Carrillo por los sucesos de Paracuellos, y considerando que su ecuánime sentido de la justicia le impediría usar dos varas de medir, tengo por cierto que, más allá de determinadas actuaciones represoras con víctimas concretas, su intención inicial era la de abrir un proceso global al Régimen, a los 34 años que estuvo en el poder y a los casi tres de meritorio. Aunque hay cosas que uno no acaba de entender, como la búsqueda de los restos de García Lorca en contra de los deseos expresados por sus deudos, lo de la Memoria Histórica y las exigencias de reparación por parte de familiares me parece muy bien; pero creo que esto es harina de otro costal. Garzón quiso hacerse un homenaje erigiendo un monumento a su vanidad. Lo que le perdió fue su irrefrenable capacidad de regatearse a sí mismo y disparar a su portería al pedir estrafalarios certificados de defunción de militronchos fallecidos, para sonrojo de sus propios partidarios. Ha utilizado la Audiencia Nacional como un juego de mesa y un laboratorio de experimentos procesales y ha puesto en ridículo a la judicatura. No descartaría que, por una vez, hubiera algo de ajuste de cuentas corporativo. No podrá levantar a los muertos pero lo que hay que reconocerle a este hombre es su capacidad para resucitar los fantasmas del pasado. Es como un arbitro tarjetero y broncoso con tal afán de protagonismo que acaba por cargarse los partidos.
En el día de hoy, sueltos y armados ambos ejércitos, las tropas enfrentadas toman de nuevo posiciones militares. La guerra continúa.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Arde el ágora

You say you want a revolution
Well, you know
We all want to change the world
You tell me that it's evolution
Well, you know
We all want to change the world
But when you talk about destruction
Don't you know that you can count me out
(Lennon & MacCartney)
En Grecia, cuna de la democracia, la democracia se tambalea. Ojo porque el virus es contagioso. Los manifestantes declaran que el sistema está en quiebra, que no tienen fe en nada, que el paro les abruma y que, de perdidos, al río revuelto, y de allí al Egeo. Atenas también alumbró la demagogia y la tragedia.
La muerte de Alexandros Grigoropulos, un estudiante de dieciséis años, por un disparo de un policía, ha actuado como detonante del caos. Dieciséis años después del Miércoles Negro de Los Ángeles, cuando la policía apaleó a Rodney King, un joven de color, y “un jurado de blancos” absolvió a los agentes encausados, llega un negro a la Casa Blanca. Un caso parecido (la muerte por electrocución de dos adolescentes, que se escondieron en un transformador eléctrico cuando huían de la policía) actuó como espoleta para una serie de disturbios protagonizados, fundamentalmente, por inmigrantes de segunda generación, quienes quemaron miles de coches en toda Francia. Tres años más tarde, el que a la sazón era Ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, alcanzó la presidencia de la República. En el cuadragésimo aniversario de mayo del 68, las revueltas y algaradas lúdico-reivindicativas han dejado paso a botellones coronados no con bombo sino con orgías de sangre, fuego y destrucción. El Cojo Manteca fue coronado, en una mani en el Madrid del 87, emperador y patrón de los revoltosos. Se ha pasado de Daniel Cohn Bendit a Jon Manteca, del movimiento estudiantil, al lumpen, al hooliganismo violento, sin formación ni ideología. Las manifestaciones y los movimientos de masas han perdido bagaje académico, sustancia, empaque filosófico... si es que alguna vez lo tuvieron.
Ese salto, de la agitación intelectual al puro desmadre, donde la única radicalidad que queda es la de la violencia, parece una alegoría de la evolución de la misma universidad. ¿Qué se ha hecho de los grandes pensadores, de los fulgurantes filósofos, de los brillantes científicos? No se les ve en las universidades europeas, los más influyentes intelectuales son simples divulgadores y gracias. Del Barrio Latino al Acrópolis Griego -en cuyo lapso de tiempo se ha dejado de estudiar a los clásicos- va como del cielo a la tierra.
La Universidad (el liceo aristotélico, la academia platónica) ya no es el Templo de la Inteligencia, que dijo Unamuno, ni los rectores los Sumos Sacerdotes. Es el puerto de Arrebatacapas, una cueva de mercachifles, por no decir de ladrones, donde se compra y vende prestigio (a pesar de que no les queda de esa mercancía) y se trapichea con todo, menos con el saber que, como no ocupa lugar, nadie se ocupa ya de él.
En las Universidades españolas (Santiago de Compostela, la de las Baleares, la Complutense de Madrid, la Autónoma o la Universidad del País Vasco) se grita, insulta, increpa, zarandea y agrede más que se investiga, se enseña, se debate o se transmite conocimiento. María San Gil, Rosa Díez, Josep Piqué, Carrillo, Dolors Nadal, Pío Moa, Albert Rivera han sufrido sus altercados. La Pompeu Fabra de Barcelona es ya un clásico. Los violentos toman las aulas y los pasillos cuando va a dar una conferencia Fernando Savater, Patxi López, Gotzone Mora, Nicolás Redondo Terreros o Edurne Uriarte. Al grito de “Fuera fascistas de la universidad”, los fascistas ocupan el campus, boicotean los actos y hacen una demostración de fuerza y de no saber lo que es la libertad de expresión ni los modales, la educación, las más elementales normas de convivencia ni nada. Hablando de Carrillo: a cualquiera le pueden abuchear o nombrar Doctor Honoris Causa.
Por eso, no resulta extraño que Aznar se tuviese que ir a disertar a Georgetown. Aunque fuera hablando en… lo que quiera que fuese aquello.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Elementos sospechosos

Como decía unos posts más abajo, mi deporte favorito era la discusión, pero me aburrí de polemizar y me dio por el ciclismo. La bicicleta es más sana pero también más cansada, una actividad más física y con menos química, así que di pedales hasta que me harté de las apreturas del maillot y del culotte, de la ridiculez del dodottis incorporado, una especie de compresa XXL de gomaespuma, y de las fatigas de la carretera. No me colocaba el gorro para protegerme sino para que no me conociera la gente. Los ciclistas dicen tener una relación especial con su bicicleta, a mí nunca me ocurrió. En los insoportables días de viento, me daba por pensar que no había salido a luchar ni contra los elementos ni contra las elementas (antes se decía así). La modernidad incorpora unos vocablos y desecha otros, y la corrección política del lenguaje tiene algo de moda: unas veces impone el femenino y otras lo proscribe. Después de una caída dolorosa, la bicicleta acabó en el balcón oxidándose, con las ruedas deshinchadas y llena de polvo, irrecuperable, junto a una botella de butano y tres macetas, dos vacías, encajada la una en la otra, y la tercera con un tallo mustio y la tierra dura y reseca. Al verla, me acuerdo y le meto patadas de rabia. Sin embargo, en vez de volver a la polémica, al menos en tertulia con nadie, he regresado a la lectura, a la discusión conmigo mismo y, ocasionalmente, al cambio de impresiones por escrito. ¿Por qué digo todo esto? No sé, me he perdido.
Ayer, el periódico La Razón señalaba a la Monarquía como la institución más valorada entre los españoles. A mí, conste, no me preguntaron. En Público sacan hoy la Constitución en portada y plantan este titular: “No es la Biblia”. Y si lo fuera, ¿a ellos qué? En páginas interiores, se desarrolla el asunto: “El PCE se desvincula de la Constitución de 1978 y llama a una ‘ofensiva republicana’”, a la vez que “defiende ‘desmontar el mito’ de que España le debe al rey ‘la democracia y la libertad’”. En eso, coincido con el PCE (por cierto, ¿aún queda alguien ahí?) a condición de que no se adjudiquen ellos el mérito. Estaría bueno. García Trevijano, notario y notorio republicano, aseguraba Carrillo que suscribió los Pactos de la Moncloa porque se quedó deslumbrado cuando le invitaron al palacio de ídem y descubrió la cautivadora sensación de que un criado te deslice una silla bajo el culo. Nunca lo he probado conque no lo sé. Como decía aquel viejo aforismo sobre la izquierda –que seguramente suscribiría Vázquez Montalbán- fueron a tomar el palacio de invierno y no pasaron de la cocina. Santiago (y cierra España) es un político amortizado y en entredicho. Él y Fraga forman el yin y el yang, las dos caras de una misma moneda. Son elementos de Transición. Frente a éstos –y junto a ambos- hay mucho elemento sospechoso suelto; sospechoso de aventurerismo, de propugnar el salto al vacío y de tapar su mediocridad con críticas acerbas a las imperfecciones de las obras ajenas. Son elementos que le recuerdan a uno, como el plutonio y el estroncio, el veneno letal y la descalificación soez. Treinta años después, seguimos pensando que la Constitución y lo que de ella se sigue es algo provisional y por más vueltas que le damos al envoltorio no encontramos la fecha de caducidad. Ahora bien, la mala calidad de la legislación que se viene dictando en la actualidad actúa de antídoto respecto a los ataques a la Carta Magna. Continuamente la están haciendo buena.
Tras el entierro de Ignacio Uría (y la infame partida de cartas) queda una imagen en la retina, si no de consuelo, al menos aprovechable: la de Rajoy y Zapatero juntos. Durará poco, probablemente menos que el lío montado en la FEMP por su insensato presidente. Hay un hadiz que aconseja: “Confía en Alá pero ata primero a tu camello”. Aquí no confiamos en nadie y nada dejamos atado. Será porque nos recuerda a algo. Al margen de las críticas justificadas y razonables, me da la impresión de que estamos contagiados por los partidos nacionalistas: hasta CiU, que participó en su elaboración, reniega de la Norma Suprema. Entre unas cosas y otras, hemos llegado a un estado depresivo, a añorar el espíritu ilusionado de la Transición, el compromiso, la negociación, el debate tan apasionado como civilizado, el consenso y la concordia. A la Constitución le vendría bien un repaso en profundidad, pero, tal y como está el panorama, y con determinados elementos sospechosos en danza, el que quiera, que la celebre; el que no, no, pero de momento lo mejor sería dejarla estar.
Si bien nos retrotrae a Fernando VII, el de “vivan las caenas”, el que usaba paletó, el Deseado (luego se arrepentirían), don Fernando el de los güevos colgando, Fernando que es gerundio, aquel bellaco del “vayamos todos y yo el primero por la senda de la Constitución” (mentira podrida, claro), “La Pepa” es una referencia válida. Recordándola, y sin que sirva de precedente, gritaré ¡viva La Nicolasa!, que, además de la onomástica del día, es el nombre de mi abuela (q.e.p.d.).

sábado, 18 de octubre de 2008

¡Voy p’allá!

Dentro de todo este lío que se ha montado coincido en la necesidad de dar satisfacción a legítimas demandas individuales –muchas, justificadísimas- y a la vez me parece que para tal viaje no hacía falta echar semejantes alforjas. Ya puestos, ni siquiera creo que fuera menester organizar tamaña excursión; y todo ello dejando aparte que la movida de la Memoria Histórica constituye una sandez conceptualmente imposible, como explica Gustavo Bueno.
Garzón ya ha dicho que no piensa procesar a Carrillo por lo de Paracuellos. Él verá. No soy partidario de que lo encause pero tampoco entiendo sus abstrusas razones para dejar de hacerlo. Si le abriera un sumario –aunque fuera pequeñito- demostraría al menos que no pretende disparar tan sólo fuegos de artificio. ¿Llamará a declarar a Franco si no expiden el certificado de defunción o imputará al responsable del Registro Civil por colaborar en el genocidio?
Como los profanadores vocacionales de tumbas empiecen a revolver, no tardarán en salir fantasmas (y La Sexta, mientras da la noticia, nos sacará la foto de Rajoy) de una de las dos Españas; lo que habrá de helarnos el corazón. Y si no, al tiempo. Para mí que los anhelos necrofílicos de toda la humanidad ya debieran estar saciados para los restos (valga la expresión) tras exhibir, igual que la mojama en el expositor del fiambre, el cadáver embalsamado de Lenin en su mausoleo. ¡Qué guarrada! ¿O, por el contrario, ciertos ateos de izquierdas le han cogido el gusto a las momias y experimentan una veneración religiosa por la muerte y lo que acontece más allá de su advenimiento? Por cierto, hoy se publica que ha sido hallada la cripta en la que asesinaron a Calígula; aunque imagino que éste tampoco es santo de la devoción de las asociaciones recuperadoras. Allá películas.
A todas estas, ¿qué pasó con el que podría ser el esqueleto de Andreu Nin, que apareció a principios de marzo y no se ha vuelto a saber de él?
Es un hecho probado que el papel y el oficio de la judicatura es impartir justicia aun en contra de la voluntad de los justiciables potencial y presuntamente beneficiarios de su acción. Ahí están los familiares de García Lorca a quienes se empeña Ian Gibson, con el concurso impagable de don Baltasar, en hacer justicia. Sus deudos consideran que la figura de Federico no precisa reparación alguna. Y razón no les falta. No parece ser ése el caso de Companys, a quien le quieren anular el juicio (el sumarísimo, no la razón). Ambos fueron objeto de procesos sin garantías ni justicia y asesinados con vileza (no diré ejecutados de forma injusta, porque la pena de muerte siempre lo es), y punto.
¿Pretenden rebobinar la historia y eliminar los sucesos inconvenientes? ¿Van a elevar, con esas mascaradas, la dignidad de la víctima inocente, o resaltar la atrocidad de sus victimarios? Ni siquiera un ápice. Esto puede ser inacabable: También se podría borrar la expulsión que sufrió Dalí de la Academia de Bellas Artes, revisar el expediente académico de Einstein y sancionar a sus profesores por ponerle malas notas o retrotraer un partido de fútbol al momento anterior a que se señalara un penalty que la moviola demostró inexistente. Y ojo que como se trate de que las sentencias dictadas por unos jueces las reexaminen otros, caeremos en el ámbito competencial del CGPJ y ahí sí que tropezamos en hueso.
Por ese camino, los cristianos (alguno quedará) le pueden pedir a Garzón que revise el juicio y ejecución de Jesucristo y condene a la mitad del pueblo de Israel (unas seis tribus, pizca más o menos) de Anás a Caifás y de Herodes a Pilatos (a los romanos también: se me olvidaba) por aquel conjunto de actos infames de su pasión y muerte. Que nadie vea en ello antisemitismo, que Jesús era, él mismo, judío de rancio abolengo: de la casa de David por más señas.

lunes, 7 de abril de 2008

ZP en torre de marfil con ventana al exterior

Oír la COPE suele poner de los nervios pero hay que admitir que es saludablemente crítica con la derecha. Por contra, la SER es tan sumisa con el gobierno que resulta de un sectarismo rastrero y servil. El programa La Ventana constituye la columna editorial del Grupo Prisa. Ahí, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, notable intrigante, acreditado traidor a Suárez, y político prejubilado absolutamente incapaz en su momento de aglutinar las simpatías necesarias en el seno del PP para liderarlo, como pretendía, o de pasar el fielato de las urnas para cotejar su tirón popular (creo que nulo con esa pinta de niñato decimonónico y de pedante endomingado), sienta cátedra. Suele ser él, relamido y sabelotodo, resentido y envenenado con el fanatismo del converso, el que enuncia las teorías ya conocidas, el que hace saber las posturas del entorno del PSOE, desde su dudosa independencia e increíble oposición. Santiago Carrillo se limita a abundar en sus opiniones y la conductora, Gemma Nierga, emite unos gruñidos de asentimiento de resonancias orgásmicas. El otro (iba a decir el tercero en discordia, pero aquí no hay discrepancia alguna) es Pere Portabella. Hoy le ha corregido a Carrillo: La oposición no ha sido catastrófica durante estos cuatro años, sino catastrofista. ¡Qué armonía la que allí reina! Miguel Herrero ha acusado a la derecha de sacrificar a sus mejores hombres: ¡Fuera caretas y falsas modestias! Le han reído la gracia, patética y nada inocente. Una buena parte del programa la han dedicado a defender que Zapatero no pacte con los nacionalistas aun a costa de que la investidura se produzca en segunda votación. Estos mismos se han pasado la legislatura sosteniendo que los pactos eran muy positivos. Son maestros en ese arte de hacer de la necesidad virtud.
Lo más emotivo de hoy ha sido la manera encomiástica en que se han referido a la soledad del manager (con perdón a Vázquez Montalbán); una soledad que nos ha conmovido. A ZP se le vio en la cumbre de Bucarest triste y mohíno. En la radio han aplaudido su independencia y ensalzado su orgullo. Le han quitado importancia a la cuestión subrayando el escaso relieve de la personalidad de Bush y lo poco o nada que allí se decidía. Han analizado –por decirlo de algún modo- las causas y las nulas consecuencias, mientras tachaban la foto de oportunista. ¿Y cuál no lo es? Una foto consiste en eso, en la oportunidad, en el momento, en la fugacidad circunstancial del instante en que es captada. El meollo de la cuestión –hábilmente soslayado por estos palmeros- del retrato radicaba en la imagen que transmitía (valga la redundancia semántica). Y lo que hemos visto reflejaba el aislamiento del hombre y lo que representa (España). La Diplomacia, a menudo, se basa en los corrillos, ¡qué le vamos a hacer! Y eso, los corrillos que ignoran a Zapatero, es lo que desprecian en La Ventana para encumbrar a su jefe a la torre de marfil.

miércoles, 2 de abril de 2008

Perlas sin cultivar mucho, o más bien del todo incultas

El viernes, el diario 20 minutos publicaba este titular: “Un anciano senil, castigado por "mala conducta"” ¡Qué cosas!: los viejos seniles, los niños infantiles y los jóvenes juveniles.
Hace tiempo que vengo haciendo un somero inventario de gazapos en la prensa, sobre todo en las ondas. Se hablaba en la SER de la Ley de Reforma de la Enseñanza Secundaria y el catedrático de Derecho Constitucional Fernando Pérez Royo afirmó que “la Sra. Ministra ha contradecido su propio argumento”. Ni Iñaki Gabilondo (conductor a la sazón del programa) ni nadie le contradició. En La Ventana se debatía sobre la educación a cuento de una manifestación convocada por asociaciones católicas de padres de alumnos con el apoyo del PP y de la Conferencia Episcopal. Un sesudo tertuliano (desde luego no era ni Miguel Herrero ni Santiago Carrillo, tal vez Pere Portabella u otro no habitual en ese espacio) se refirió varias veces a la “aniversión” que estaba provocando la Iglesia en los sectores más progresistas. ¿Sería este individuo otra víctima de la LOGSE?
Más recientemente, en RNE informaban de que “se redució” el número de accidentes de tráfico. En la misma emisora se anunciaba la celebración de una misa por el eterno descanso del alma del Papa Wojtyla en la Iglesia de San “Estanislado”, en Polonia. En la vieja tertulia de la COPE, comentando algún programa de telebasura, el inefable Justo Fernández afirmaba que los había muy malos pero que “baten audiencias” (no records). En cierta ocasión, en el noticiario de las dos, se refirieron por dos veces a lo “disciplente” que había estado el Presidente del Gobierno.
Poco después de contraer matrimonio, en el canal televisivo Cuatro, el ¿showman? Boris Izaguirre se refería a su “cónyugue”. Ese vocablo es todo un clásico; igual que el verbo “preveer” (y a partir del infinitivo, toda la conjugación). A finales del pasado noviembre, se lo oímos al secretario general del PP, Ángel Acebes. En el programa de la mañana de Onda Cero daban cuenta de la defensa que hizo un político de las medidas contra la siniestralidad laboral, reclamando a todos los agentes sociales que “no coberturizaran” situaciones irregulares. En las noticias de medio día de Antena-3 una reportera se refirió a los objetos que unos ladrones “sustrayeron”.
Para rematar, un terrible lapsus: El mes de septiembre pasado, la Ministra de Agricultura, Pesca y Alimentación, Elena Espinosa, ante el naufragio del pesquero Nuevo Pepita Aurora, manifestó la necesidad de aferrarse a la esperanza de “encontrar con vida a los cinco cadáveres”.

martes, 18 de marzo de 2008

Andreu Nin, descanse en paz

Pertenezco a una generación criada en el franquismo sociológico pero estimulada a indagar en las cuestiones yendo más allá de la versión oficial. Es verdad que aquello de Bermejo (“primero luchamos contra los padres y ahora contra los hijos”) fue una majadería, una fantasmada, pero tampoco la cosa es tan sencilla como la ve César Vidal (que el padre de Bermejo fue Jefe Local del Movimiento y con eso está todo dicho) porque, que yo sepa, la ideología no se hereda ni forma parte del patrimonio familiar. A pesar de que en la concepción judeocristiana de la culpa haya algo de fatalismo, no hay pecado original que no se pueda lavar bautizándose a base de estudiar y leer. Tal vez sea aquella construcción perifrástica que se usaba a la sazón: lo de tomar conciencia. Pero de eso hablaré en otro momento.
Pues en las lecturas de inspiración libertaria de esa época, en la que se practicó un ejercicio de memoria histórica mucho más profundo y honesto, Andreu Nin aparecía como una especie de gran esperanza blanca del marxismo, por mucho que fuera retroactiva y frustrada. Por entonces, la información llegaba nítida; no eran los recientes ecos apagados, pero, en contrapartida, la realidad empezaba a desnudar los mitos. El régimen soviético ya no representaba modelo de nada. Estaba, desde hacía muchas décadas, con los pies hundidos en un lodazal gris, encenagado de burocracia y guerra fría. El bloque del Este quedaba tapado por el muro de cemento que lo encerraba en un recinto frío de cementerio o manicomio. La socialdemocracia, desde siempre, careció de la épica de los movimientos revolucionarios. El estancamiento del eurocomunismo de Berlinguer, Marchais y Carrillo y el experimento truncado de Chile, devolvieron protagonismo a la guerrilla, en Angola y, sobre todo, en la Nicaragua Sandinista. Ondeaba la bandera rojinegra, y no la de Falange precisamente, y otra vez, como en Vietnam, eran expulsados los imperialistas americanos y derrotados sus amigos opresores. Tras el desprestigio del maoísmo con la Revolución Cultural, el icono del Che recuperó el valor taumatúrgico del símbolo, y bajó de los altares de la Cuba castrista y de las paredes de muchas habitaciones en donde seguían colgados sus pósteres, para volver a empuñar las armas contra el fascismo.
En ese nuevo contexto, Durruti o Nin eran los mártires propios, los que venían ligados para siempre a nuestra historia y nuestros ancestros, los héroes eternos e insobornables cuyas muertes, envueltas en un halo de misterio, no hacían sino acrecentar la leyenda de sus vidas. Los trotskistas parecían constituir la única corriente capaz de dar rostro humano al sueño socialista. Nuestra simpatía hacia ellos hoy, con perspectiva histórica, viene de su condición de disidentes y víctimas de la represión tiránica de la URSS.
Más allá de la controversia sobre la participación de Nin en eso que se dio en llamar la Quinta Columna, la rivalidad con otros partidos de filiación marxista (significadamente el PSUC) y en la connivencia de la CNT para ser expulsado del Consell de la Generalitat en diciembre del 36, la toma del edificio de la Telefónica de Barcelona, en mayo de 1937, por parte del POUM y los anarquistas, marcó un hito en la inacabada dialéctica: Guerra o Revolución. La tortura y asesinato de Nin a manos de agentes estalinistas forjaron definitivamente el mito.
Por todo eso, se entiende menos la reacción general de indiferencia cuando aparece la que podría ser la fosa en la que yacen sus huesos. ¿No se merece, según la terminología acuñada por la doctrina de la Memoria Histórica, que sus restos sean honrados y depositados en una tumba con su nombre? Puede que nunca sepamos si eran de él o no, pero es como si hubieran pensado que "vaya muerto que nos ha caído".
Será la astenia pre-primaveral o el Matrix progre, que dice Juan Manuel de Prada.