Mostrando entradas con la etiqueta El País. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El País. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de enero de 2017

Donald Dump


Decía John Carlin en El País, allá por el mes de febrero del año pasado, en un artículo titulado El Pato Donald para presidente, que «el problema no es Trump sino quienes creen que es la persona indicada para la presidencia». Se refería también al análisis satírico de P. J. O’Rourke (quien «por cierto, es muy de derechas», apostillaba Carlin), según el cual «sus compatriotas le están gastando una broma al resto del mundo. “Muchos republicanos dicen que dan su apoyo a un personaje de historieta… al Pato Donald”.» Y citaba, en términos casi premonitorios a Orson Wells: «La popularidad no debería ser la medida a la hora de elegir políticos. Si fuera así el Pato Donald estaría en el senado.»
Según la Wikipedia, «Donald [Duck] suele intentar ver las cosas con positivismo y alegría (aunque muchas veces acaba montando en cólera cuando se le tuercen las cosas). Uno de sus movimientos más característicos es su singular manera de saltar sobre uno de sus pies cuando se enfada, a la vez que grita de manera incoherente.»
El primer presidente antisistema ha adelantado a Pablo Iglesias, aunque sea por la derecha. ¿Cómo que eso no vale? La falta de respeto a las reglas es la primera norma de los antisistemas. Y le siguen el matonismo, las contradicciones permanentes, el desprecio por los políticos profesionales (la casta), la mentira, la manipulación, el populacherismo patán y zafio...



No tuvo relación con el tío Jesús Gilito, con quien coincidía en muchos aspectos: profesionales, de carácter, ideológicos, de educación..., pero si los hubieran presentado, rápidamente se habrían reconocido como de la familia.
La realidad vuelve a imitar a la ficción.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

¿La justicia es...?

La sentencia (en el sentido de la sexta acepción del DRAE, «f. Ling. Oración gramatical») «La justicia es un cachondeo» fue enunciada en 1985 por el, a la sazón, alcalde de Jerez, Pedro Pacheco. El dicterio traía causa de la anulación, por parte de la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Territorial de Sevilla, de la orden municipal de demoler el chalé de Bertín Osborne. Por ello, fue condenado a cinco años y seis meses de cárcel por la propia Audiencia, confirmada la pena por el Supremo y perdonado en 1988 por el mismo alto Tribunal.
Pues hoy puede afirmarse, sin ninguna duda, que esa idea, compartida por muchos, ha dejado de ser cierta. Porque para que lo fuese, tendría que existir, y no hay justicia: ni es un cachondeo ni otra cosa; sencillamente no es.
Hoy, la noticia sobre la negativa de los fiscales en Cataluña a querellarse contra Artur Mas la recoge así El País: «Los fiscales catalanes reprochan a Mas su “absoluta falta de lealtad”. En su informe enviado a Torres-Dulce, concluyen que no hubo desobediencia porque el presidente no recibió una “orden directa”.» Mucho más explícito resulta el periódico El Mundo: «La culpa de que se aprecien “obstáculos jurídicos” para querellarse contra el presidente de la Generalitat, Artur Mas, por desobedecer al Tribunal Constitucional, la tiene el propio Tribunal Constitucional. Así se desprende del informe elaborado por los miembros de la Fiscalía Superior de Cataluña, para los que es “discutible” que haya habido una “orden” del TC para que la consulta soberanista se llevara a cabo. En el dictamen, conocido por EL MUNDO, los fiscales de Cataluña llegan a sostener que “la convicción del TC” a la hora de parar la consulta “ha resultado limitada” porque la medida cautelar viene impuesta por la Constitución, “y con ello cabe plantearse si podemos hablar propiamente de una desobediencia a la 'voluntad' del órgano decisorio”.»
El artículo 6.1 previene, con aquello de «la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento», cualquier intento de alegar desconocimiento para escapar del Derecho. Es una cuestión de elemental seguridad jurídica, y, sobre todo, de aplastante lógica, pero en la que ni siquiera cabría pensar al referirse al colectivo de fiscales… si no fuese por los argumentos que dan para no cumplir con su obligación.
Yo no sé si los fiscales incurren en dejación de funciones, en desobediencia, prevaricación, o en qué tipo o figura antijurídica, pero en algo delictivo, seguro. Esto no tiene que ver con la opinión que la consulta dichosa nos merezca, es una cuestión de ley del embudo, de la existencia misma del Estado de Derecho, de cómo y a quién obligan las leyes. Recientemente, el presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, Carlos Lesmes, ha manifestado que la ley está «pensada para el robagallinas, no para el gran defraudador». ¡El mismísimo presidente del CGPJ reconocía que la ley se aplicaba de una forma a los políticos y de otra a los gañanes! Algo parecido a los del guante blanco ocurre con los del gremio de la judicatura, los de las puñetas de encaje.

miércoles, 23 de julio de 2014

¡Qué Ascot!

En Buckingham Palace creían que los vampiros estaban ocupados en el Tour y les ha sorprendido que pillaran a una de sus yeguas dopada. Claro que con ese nombre ¡Estimúlate! ¿Ah no? ¿Que nada de mula? Bueno: Estimate. El mozo de las cuadras dice que la familia tampoco daba mucho ejemplo, que le daban al gin cosa mala.
El portavoz de la Casa Real ha declarado que no hay nada extraño en que a la yegua le vaya el caballo.

viernes, 7 de febrero de 2014

¡Al rico cuerpo!



La vieja consigna feminista, evitar que se cosifique el cuerpo de las mujeres, ha quedado derogada por la ocurrencia de una artista: Yolanda Domínguez. En la portada de la edición digital de El País de hoy aparece una información, firmada por Marina Gómez Robledo Ramos, con este llamativo enunciado: “Vengo a registrar mi cuerpo porque me pertenece”. ¡Qué país, qué paisaje y qué paisanaje!, que dijo Unamuno. Pinchando el enlace, se abre el cuerpo (vaya por Dios) de la noticia con otro título, este mucho más explicativo: “Cientos de mujeres acuden al registro mercantil para inscribir su cuerpo en contra de la reforma de la ley del aborto”. ¡Nada menos que al registro mercantil! Ya está, el cuerpo convertido en pura mercancía por obra y gracia de un trámite administrativo, por voluntad de su propietaria y no sabemos si como paso previo a ponerlo en el mercado.
Los melones y las sandias (que no sandías, aunque, pensándolo mejor, también) son obedientes (y obedientas) a ciegas de las consignas, hasta que alguno o alguna, del melonar o sandiar, da a luz (ejem) otra nueva, que puede en apariencia (sólo en apariencia) ser contradictoria con su antecesora. Pero no hay forma de rebatirlas porque rápidamente acusan al tibio de defender la posición contraria. Si dudas de la efectividad de las huelgas para mejorar la calidad de la enseñanza pública, te dirán que defiendes la privada. En un caso como el presente, a poco que te descuides, te zampan el descalificativo de maltratador. No hay tu tía.
Como casi todos los debates, esta es una discusión estéril (ea).
En fin, señoras, si ustedes creen que esas son formas…

jueves, 6 de junio de 2013

¿Pero es que nos hemos vuelto todos locos?


La edición digital de El País de hoy se refiere al asunto de los crímenes presuntamente cometidos por el propietario de un gimnasio de artes marciales de Bilbao e ilustra la noticia con varios apartados. Uno de ellos, que titula “Las ‘habilidades’ del falso maestro shaolín”, contiene este párrafo: “Fuentes judiciales avanzaron ayer que el acusado se enfrenta a dos casos claros de asesinatos consumados, con agravantes de alevosía y ensañamiento, que conllevan penas máximas de 25 años de prisión por cada delito. La juez dictó auto de prisión provisional, lo que indica que sufre una enfermedad mental.”
Y yo me pregunto: ¿quién sufre enfermedad mental, el acusado o la juez? ¿O ambos? ¿O la periodista que redacta el suelto, una tal Eva Larrauri? ¿O todo bicho viviente?

miércoles, 23 de mayo de 2012

Pueblos de España

A los municipios, como se dice ahora, se les está criminalizando. La crisis nos ha traído cosas divertidas, como el cruce de acusaciones entre distintas instituciones y estamentos. La administración local se lleva la palma. Es, para todos, el pimpampum de la caseta de feria de las culpabilidades.
Muy a menudo es la pura ignorancia la que provoca determinados comentarios. Ayer, en el Telediario 2 que presenta Sergio Sauca con Pepa Bueno, se decía: «Algunos ayuntamientos se han planteado cobrar el IBI a la Iglesia». Dicho así, es una memez: mientras no se revise el Concordato, no hay nada que hacer.
Parecía que el Real Decreto-ley 4/2012, de 24 de febrero, por el que se determinan obligaciones de información y procedimientos necesarios para establecer un mecanismo de financiación para el pago a los proveedores de las entidades locales, hubiera nacido por generación espontánea, pero nada más lejos de la realidad. El propio enunciado del Real Decreto-ley 11/1979, de 20 de julio, sobre medidas urgentes de financiación de las Corporaciones locales, daba idea de cómo estaba el patio entonces. Lo cierto es que, por la progresiva asunción de servicios, por la endémica insuficiencia económica, o por una mala gestión generalizada, el problema se ha enquistado y se ha hecho perenne. La Ley 24/1983, de Medidas Urgentes de Saneamiento y Regulación de las Haciendas Locales, comenzaba su texto con la expresión: «La crónica situación deficitaria de las Corporaciones Locales». Por eso, a pesar del tono sepia de la imagen, que corresponde a un editorial de El País de 28-10-93, el recorte no es tan viejo, ni mucho menos, como el problema.
También es verdad que España está a la cola de Europa en cuanto al peso de la Administración Local en el reparto de la tarta del gasto público. Y tampoco podemos olvidar que la morosidad de los ayuntamientos viene de antiguo y de lejos (¡coño, de Alemania!): me refiero al flautista de Hamelin.
El quid de la cuestión –más allá de los casos puntuales de alcaldes o concejales corruptos- es cómo (con qué programas) se concurre a las elecciones. La manía imposible de que proliferen las piscinas cubiertas o los pueblos que tienen más pistas de tenis que vecinos en condiciones de jugar, han llevado a esto. No hay cojones para presentarse ligero de equipaje, con la única promesa de sanear las cuentas, de gestionar con eficiencia los recursos públicos, como si de una economía familiar se tratase. Eso y ser conscientes de los riesgos que entraña disparar con pólvora del Rey... sin olvidar que el Rey dispara con nuestra pólvora, pagada por todos a escote.

jueves, 8 de marzo de 2012

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado

Mientras El País seguía con su propagandística tabarra, Fernando Savater publicaba un ponderado artículo sobre Garzón que suscribo de la cruz a la fecha. Añadiría que fue condenado por el delito que (salvando las distancias) imputó a los del GAL: Ni siquiera para defender la democracia cabe utilizar métodos situados al margen de los previstos y actuar extramuros de la ley. Él mismo tuvo sobradas ocasiones de comprobar que los abogados de los delincuentes se sirven de un Estado en el que no creen y al que incluso desprecian para combatirlo abiertamente; pero esa es la grandeza y la debilidad del Estado de Derecho.
Yo, como Savater, también lo siento y reconforta ver que, aunque se ha quedado en el paro, no está con una mano delante y otra detrás; que puede irse de tourneé. Lo digo sin pizca de ironía.
Con frecuencia, las posturas prefijadas y fanáticas lo son por la endogamia de los partidarios. Forges se acuerda de Haití, de Somalia y de Garzón. En un curioso ejercicio de empatía, se pone en el lugar del juez, en el «locutorio dos», para escuchar al político corrupto confesar sus tropelías. ¿Le traiciona el subconsciente o se trata de un deliberado homenaje póstumo a los métodos de D. Baltasar?
Más que cantar un tango triste, sentido y arrastrao, Baltasar, flamenco, parece haberse arrancado por alegrías. Veinte años no será nada, pero, lo que es para volver, once parecen una eternidad.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Nada me parece justo en yendo contra mi gusto

Me molesta el alineamiento obtuso que nubla la vista, dificulta el entendimiento y anula la claridad de juicio. Actualmente, la prensa altera la realidad no para evitar que estropee buenos titulares sino para que no choque con las ideas preconcebidas o el corpus dogmático. Las posiciones monolíticas, sin poros, son impermeables a las consideraciones ajenas. A menudo, los hechos ni siquiera niegan la postura fijada de antemano; únicamente la matizan. ¿Es verdad que el sindicalista que mandó a su puta casa a MAFO y que gana más de 180.000 € al año, los entrega íntegramente a la UGT? Pues dígase porque, si no, la opinión degenera en consigna.
Me alegra la absolución de Garzón en el último proceso que se le seguía en el Supremo, pero ayer El País seguía insistiendo en la especie de que se le había encausado por su pretensión de juzgar al franquismo. Y dale. En su edición digital incluso titulaba: «Garzón “se excedió” al intentar mejorar el estado de las víctimas». El enunciado es tan ambiguo que puede servir tanto para exculpar su actuación, a modo de atenuante, como para explicar las aviesas motivaciones de sus juzgadores, quienes le procesaron precisamente por su intención «excesiva» de favorecer a los rojos. No creo que el equívoco en la redacción sea casual.
Después de inhabilitarle, muchos siguen dando pábulo al falso dilema de quién puede autorizar la apertura de fosas. Conozco personalmente a quien desenterró a un tío suyo del maquis, que había sido fusilado, para volver a enterrarlo, esta vez con honores, en el cementerio de su pueblo. Y no tuvo que recurrir a Garzón.
Incluso muchos de los que han afectado escandalizarse por el juicio, no dejan de reconocer en su fuero interno que alguien que tiene la ocurrencia de pedir el certificado de defunción de Franco tal vez no está en condiciones de ejercer la judicatura. Sin embargo, no le inhabilitan –¡faltaría más!- razones ideológicas, ni siquiera su ego colosal, sino una cuestión básica de salud mental que afecta a su pericia, a su capacidad en el desempeño de la profesión. Más allá de heterodoxias o peculiaridades, de sus delirios de grandeza y su autobombo propagandístico, y yendo al meollo de la cuestión (si cometió o no delito, que se ve que no), unos y otros deberían considerar la lectura de la Sentencia como algo obligatorio.
Primero la verdad, toda la verdad, y después la línea editorial.

lunes, 20 de febrero de 2012

Hablamos de sexo

Salvo un uso figurado, casi metafórico («el eterno femenino», «un hombre muy masculino»), femenino y masculino son género, accidente gramatical, no sexo. Pero es que hemos acabado confundiendo los términos y haciéndolos intercambiables. Dentro de poco, podremos hablar de «generador de pollos» en vez de «sexador de pollos», trabajadoras del género, enfermedades de transmisión genérica o capitán sexual. Si discutir del sexo de los ángeles dio pie, en Bizancio, a inacabables y complejas controversias, ¡cuánto más difícil hubiera sido abordar la cuestión de a qué género pertenecían!
En 2004, con motivo de la preparación de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, el gobierno pidió un informe a la Real Academia sobre el término. El dictamen, elaborado por Antonio Muñoz Molina, no pudo ser más concluyente: El uso de «género» en lugar de «sexo» procedía de un préstamo del inglés, una traducción literal y errónea de «gender», ya que «sex» únicamente hace referencia a las relaciones sexuales. En ese idioma no existe el concepto de género gramatical y los objetos, al contrario que en español, no tienen esa característica. El gobierno, al decidir la redacción definitiva de la Ley, ignoró la autoridad lingüística de la RAE y se plegó a la presión de colectivos feministas (¿y frígidos?). El sexo vuelve a ser tabú.
El 10-4-08 publicaba El País un artículo de Javier Rodríguez Marcos sobre la posibilidad de cambiar el nombre del Congreso para que fuese «de los Diputados y las Diputadas». Recordaba el articulista que en las lenguas románicas el masculino es el llamado género no marcado, es decir, que abarca a individuos de los dos sexos y servía no solo para los seres humanos sino también para los animales, de tal manera que cuando alguien dice que el oso es una especie en peligro de extinción incluye tanto a machos como a hembras. Citaba, además, a Ignacio Bosque, miembro de la RAE, quien consideraba el desdoblamiento artificioso y ridículo: «… no responde más que a una simple regla gramatical. La misma que funciona cuando se coordinan un sustantivo masculino y uno femenino. En “Juan y María han ido juntos”, “juntos” es un masculino plural: “Así es el idioma, no hay otra forma de decirlo”». De la misma opinión era Mercedes Bengoechea, decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares y estudiosa del sexismo en el lenguaje.
Lo que pasa es que cuando una cuestión extraña al debate político es prohijada por un bando, este y el contrario toman partido y ya no hay manera de discutirla racionalmente. El alineamiento releva de la necesidad de allegar argumentos: ya vienen elaborados y deglutidos de antemano. Esto explica que cuando Ana Mato, al poco de tomar posesión de su Ministerio, eludió referirse a la violencia de género y usó otra terminología, hubo quien se escandalizó, como si se hubiera producido un paso atrás en una gigantesca conquista social.
¿Así que sexo M, F? En catalán estaría claro (mascle, femella) o en francés (mâle, femelle) y en inglés también si no fuera porque ahí sí es género (male, female), pero en español… (¿macho y fémina?, ¿mengano y fulana?). Melonadas y futilidades.
P.D. Menos de quince días después de publicar este post, la RAE aprobó un informe del académico Ignacio Bosque, del que se hicieron eco los primeros El País y ABC, que encendió de nuevo y más que nunca (erre que erre, que no ERE que ERE) la polémica.

martes, 14 de febrero de 2012

Los que no brindamos con champán

El mismo día en que se hizo pública la condena a su padre, María Garzón publicó una carta en El País dirigida a los que se alegraban de la dureza de la sentencia hasta el punto de brindar por ella. Es lógica la reacción: la familia está jodida y respira por la herida. Lo que me llamó la atención es que apelara, como había hecho su padre la víspera, a la conciencia. Flaco favor se hizo don Baltasar citando a Kant al asegurar que “el tribunal de un hombre es su conciencia”. Con semejante afirmación restaba autoridad al tribunal que estaba a punto de sentenciarlo y deslegitimaba un oficio que, hasta ese momento, todavía era el suyo. Había dudas de su pericia como juez pero de ese modo dejaba claro lo nefasto que resultaba como abogado de su propia causa. Con la conciencia pasa como con las buenas intenciones, que de esas está empedrado el camino del infierno. Nietzsche ya advirtió que con ellas solas no basta.
En este juicio, Garzón se ha visto despojado de la toga dos veces: una literal y otra metafórica y definitivamente. En la primera ocasión debió ahorrarse a sí mismo el bochorno y a los demás la vergüenza ajena. Como le dijo el Presidente de la Sala, él sabía que un acusado no puede sentarse vestido de esa guisa en el banquillo.
Nunca me he alegrado de la desgracia ajena cualquiera que fuese la circunstancia que la provocara, y creo que en eso formo parte de la mayoría. Esta vez, tampoco. Lo que ocurre es que me cuesta entender la insistencia en comparar la resolución de este caso con la de los perseguidos que han acabado en perseguidores, los de la trama Gürtel. La cuestión es muy sencilla y podría no entenderla Pilar Bardem pero Gaspar, como Baltasar, sí deben porque afecta a los fundamentos mismos del sistema democrático: Los delincuentes se pueden servir de los mecanismos del Estado de Derecho para defenderse, pero el Estado de Derecho no se puede defender a sí mismo con los métodos de los delincuentes y quebrantar la ley. Esa es la diferencia. No valen las razones de Estado ni cualesquiera otras que la ley misma, todas las de la ley pero con la ley como límite. Una cosa, ya digo, es que lo ignoren los portadores de pancartas a las puertas del Tribunal Supremo, pero Llamazares está obligado a saberlo. Ya que no hace pedagogía, al menos, si discrepa, ha de tener cuidado con el uso de argumentos espurios y peligrosos por antidemocráticos. Por lo visto en la vista (la de Valencia), Camps es un sinvergüenza, pero lo que se juzgaba no era su catadura moral sino la comisión de un delito, si quedaba demostrado que había cometido el delito que se le imputaba. Yo ya no le votaré aunque (cosa dudosa) tuviera la oportunidad de hacerlo. En honor a la verdad, tampoco lo hice cuando la tuve.
Más comprensible me resulta la comparación con otros jueces, como aquel mastuerzo que consideraba que llamar zorra a una mujer no es insultarla. Parece evidente la desproporción entre las sanciones impuestas a uno y otro por sus respectivas actuaciones en el ejercicio del cargo, por mucho que el uno vaya contra derechos constitucionales, la privacidad de las comunicaciones y la defensa letrada, y el otro haya cometido un delito de lesa femenidad (o algo así). No sabemos si en la forma de instruir los sumarios, por parte de Garzón, influye algo más que el afán profesional de perseguir a los delincuentes sin cuartel (y de ahí la necesidad de encontrar pruebas a toda costa) y si hay dosis de vanidad, como se sugiere a menudo, o se deja llevar por sus inclinaciones políticas, como también se apunta. De entrada y al margen de preferencias partidistas, filias o fobias particulares, no pueden causar la misma simpatía el exjuez estrella y el mencionado juez repugnante que hemos tomado como ejemplo (mejor dicho, a quien hemos mencionado a título de ejemplo).
Ciertamente, la jurisprudencia del Tribunal Supremo no figura entre mis lecturas favoritas pero me he obligado a leer la sentencia. Lo primero que me ha llamado la atención es que, a pesar de que unánimemente ha merecido el calificativo de dura (¿dura lex sed lex?), el artículo 446 del Código Penal, como se recoge en la página 36, prevé una pena para el delito de prevaricación de entre diez y veinte años. Once se sitúa en la parte más baja del tramo. Además de que resulta sólida, muy currada, no sé si estaban pensando en Gómez de Liaño, a quien aludía recientemente por el indudable paralelismo con quien fue su colega, al redactar el Fundamento de Derecho Sexto. Gómez de Liaño, también inhabilitado, obtuvo la victoria moral del reconocimiento por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de que su proceso había carecido de las garantías precisas. La sentencia de Garzón está trufada de referencias a la jurisprudencia de dicho Tribunal (el de Estrasburgo) y a la del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas.
Los mismos que hoy claman contra la prescripción del asunto “Banco Santander” ayer reclamaban la del tema de las fosas y los que ahora proclaman la injusticia de esta sentencia antes declamaban que el 11-M era cosa juzgada y bien juzgada. Así son las cosas.

viernes, 3 de febrero de 2012

Torquemada en la hoguera

(De momento, solo en la picota)
Para que luego digan que no le dejan defenderse con todas las armas: con víctimas de la Guerra (que, la verdad, no sé qué pintan; seguramente tienen más razón que un santo pero ahí se juzga otra cosa), con manifestantes a las puertas del Supremo y con las portadas de El País a favor.
Aunque no se puede decir que sea viejo, el truco ya tiene unos añitos: Nada de contenciosos; para acojonar de verdad lo que procede es una querella por prevaricación contra ese Alcalde que no cierra un pub atronador. Respecto a los jueces, ya enseñaron el camino con Gómez de Liaño, apartándolo de la carrera judicial por atreverse a procesar a Polanco. ¿Qué la víctima acusadora no era de la misma ralea y estos (sobre todo los de Gürtel) son unos delincuentes? Pero la idea sí es idéntica: se trata de defenderse atacando. El Estado de Derecho es lo que tiene.
Alguacil alguacilado, se llama.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Violencia lingüística

Las medidas anunciadas por Leire Pajín, de prohibir que se atribuya la custodia de los hijos a los “cónyugues” acusados de maltrato, han sido contestadas por todas las asociaciones de jueces porque pueden conculcar el principio de presunción de inocencia, además de ser innecesarias. Hay quien advierte sobre el riesgo de que en los procesos de divorcio se multipliquen las denuncias para que las “cónyugas litigantas” se aseguren la custodia. Pero no me voy a referir a los aspectos jurídicos de la iniciativa sino a la perla inculta. El corrector de textos detecta la pifia, por lo que, llevando escrita su intervención, como la llevaba (que ni aún así), cabe deducir que leyó mal.
Por utilizar una expresión que le acabo de oír a Zapatero al comentar no sé qué del Barça-Madrid: «¡Fuertísimo!» (sic).
Ya sé que el palabro es tan habitual como el uso del infinitivo preveer. El escritor y showman televisivo, el venezolano Boris Izaguirre, comentando su reciente boda, perpetró su pronunciación en la cadena Cuatro al hablar de su nueva pareja de derecho. Si no fuera por lo extendido del error, podría decirse que son cosas de la dicción hispanoamericana. Eso aseguraba Bibiana Aído con lo de las “miembras”; que se le había pegado en un reciente viaje por aquellas tierras. Fue rápidamente desmentida: «Eso lo dirán en tu pueblo», le vinieron a decir. Erre que erre, después de reconocer el fallo, abogó por acuñar el término y darle carta de naturaleza. Ésta igual nos sale con que se ha adelantado a la próxima reforma ortográfica. Puede que lleve razón, que ya no nos vale ni la RAE. ¿Qué podemos esperar de un país en el que se presenta oficialmente a Mercedes Cabrera exhibiendo la cartera recién estrenada en la que aparece el rótulo “Ministra de Heducación y Ciencia”? Están para repetir la ESO, la esa y la de más allá.
Hace la tira de años, leí un artículo de Jesús Mosterín, a la sazón catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Barcelona, en el que, para oponerse a los toros, argumentaba del siguiente modo: «Si el enfermo acude a la consulta con un trozo de mierda en su mejilla, conviene que el médico le recomiende que empiece por lavarse la cara» (El emblema de la España negra, El País, 12-9-91). ¡Ojo! esto, contra lo que podría parecer, no es una alusión literal, ni por lo que hace a la higiene ni a la práctica de la medicina, ni tampoco se relaciona con la Ministra de Sanidad en exclusiva, sino que pretende referirse a la necesidad de establecer unos mínimos, unos requisitos esenciales de preparación para ejercer determinados cargos.
Pajín es una maltratadora del idioma.

domingo, 11 de julio de 2010

Hasta la bandera

Lo del Estatuto se ha convertido en una guerra de cifras: 14 artículos anulados, 27 sometidos a interpretación y un 98% del texto (según el Ministro de Justicia) ratificado. De sus novecientas y pico páginas saldrán miles de análisis. En la manifestación hubo entre 56.000 (lo que supondría unos ¾ del Nou Camp) y 1.500.000 de asistentes. De lo que nadie se acuerda es de que en el referéndum apenas un 36% de los electores lo respaldaron y más de la mitad del censo ni siquiera se molestó en acercarse a las urnas.
Así que conviene ir por partes, como dicen que diría Jack el Destripador. Estos aprendices de brujo han pergeñado un Estatuto que resultó inconstitucional y ahora montan una manifestación y les sale independentista. Porque al primer convocante le pasó lo que a Bono, que por poco lo corren a gorrazos.
Los colores de la bandera se fundieron y se volvieron naranjas. De hecho, se vieron globos de ese color. Se enarbolaron enseñas tricolores de los Países Bajos. Muchos se descantan por la Holanda de, entre otros, Cruyff y Koeman, que les ganó su primera Copa de Europa, antes que por los catalanes del Barça: Puyol, Xavi –a pesar del Hernández- o Sergio (¿por qué no Sergi, dirán, como aquel lateral, Barjuán) Busquets. Y eso que el escudo de la Federación es obra de un reputado nacionalista: Tàpies. Dirán que “la pela és la pela”; máxima que rige en el fútbol como en la vida.
Con el asta de la bandera persiguieron a Montilla. Sin embargo, en los toros no hay cuestión. ¿O sí? La primera serie, de La Vanguardia, es un montaje, pero no la de El País en la que, con pocos minutos de diferencia, hablan de un herido en los Sanfermines por “hasta” y por “asta” de toro. ¡Lo que cambia una simple foto!
El mejor escribiente hecha un borrón. Con perdón de la hache.