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jueves, 26 de febrero de 2009

De cine

La edición digital de 20 minutos publicaba, a principios de esta semana, que un italiano de 45 años se iba a someter a una operación de cambio de sexo para meterse a monja y entrar en un convento. De película. Encima, para que resulte más almodovariano, el aspirante a novicia ha tropezado con un muro de incomprensión pues ni su párroco ni el obispo de la diócesis (no sé cuál, porque era en Roma pero creo que no se trataba de Ratzinger) han querido recibirle. No sé si esperaba que le financiaran la intervención con el cepillo o con la casilla de la declaración de la renta. O como “doctores tiene la Iglesia”, a lo mejor pensaba que le podían arreglar lo suyo sin salir de la institución. Están locos estos romanos, que dice Astérix.
Sólo cuenta con el apoyo de una organización, Casapound, que en su web dice actuar contra la usura y la carestía y por la justicia social. Distintos medios de comunicación italianos –siempre según 20 minutos- destacan la fe y el fuerte ideal cristiano de Marco, nombre ficticio por el que conocen al postulante.
Como dijo Pe(nelope): “¡Peedroooo!”
xxx
P.D. Hoy, 27 de febrero, publica 20 minutos que todo ha sido una broma de Casapound, al que califica como un grupo de extrema derecha.

viernes, 30 de enero de 2009

Gilipolleces más o menos cómicas

El Gilipollas era (igual sigue siéndolo) un personaje de la factoría de El Terrat que salía (o sale) en un programa de Buenafuente, a cuenta del cual Jordi Pujol le ha echado una regañina a Andreu por el uso –y quizás abuso- de barbarismos. Entendámonos: “5. m. Ling. Extranjerismo no incorporado totalmente al idioma” (DRAE). Me enteré el viernes pasado –hoy hace una semana- y, como el comentario me llegó escueto, me creó dudas sobre si Buenafuente había regresado a la TV3 que le vio nacer (artísticamente hablando), donde se mantendría el esquema original, o más bien se trataba de que el Honorable (perdón: es la costumbre) estaba haciendo un repaso de asuntos con visión retrospectiva. La cosa era que don Jordi se había quejado de que no tradujera el término “gilipollas”, mientras en la radio se daba –aparte de alternativas catalanizantes para ese nombre- la idea de que el famoso showman se rebautizara como “Bonafont”. En justa correspondencia.
Hace años, cuando veía la tele, frecuentaba los programas de El Terrat, que superaban al resto en humor inteligente. Eso, dirán, es como todas las cosas: va en gustos. Ya. A mí, me parecían especialmente logrados los late shows (perdón, don Jordi, es verdad que se trata de una fea costumbre) Set de Nit, Malalts de Tele, con unos estupendos Toni Soler, Rosa Andreu y Albert Om y las producciones que giraban en torno a Buenafuente, de donde salió gente como José Corbacho o Santi Millán: Una Altra Cosa y La Cosa Nostra. El problema de El Gilipollas no era el nombre sino que ejemplificaba una cierta tendencia a adjudicar lo más zafio, hortera, inculto, sucio y chabacano del paisanaje, a los que, como él o como Palomino –otro comparsa de ese jaez-, hablaban castellano o tenían el acento de Maleni. También estaba la Vicenteta, una cerillera, si mal no recuerdo, vestida de cupletista de la Belle Epoque –no la de Trueba-, tal y como a menudo iba caracterizada Mary Santpere. Vaya, no sé si se acuerdan de la gran Mary Santpere. El papel lo hacía un hombre, con lo que se podía pensar que estaba representando a un travesti. La Vicenteta era basta y venida a menos, ajada, con el rimel permanentemente corrido y la pluma de pavo que le remataba la diadema, mustia. Se expresaba con los giros dialectales y el inconfundible dejo de una valenciana emigrada a Barcelona. Pues a ver si me explico con El Gilipollas: lo interpretaba el mismo actor, David Fernández, que encarnaba a Rodolfo Chikilicuatre. Y es que, a pesar de que toda la troupe era grotesca, estos charnegos tenían un plus de caspa y ridiculez. De todas formas, hay que reconocer que, entonces, el jodío Buenafuente tenía gracia. No sé ahora.
Otro de la farándula catalana que también se refirió a la Cosa Nostra es Boadella; un personaje éste que, seguramente a diferencia del anterior, no resulta del agrado de Pujol, Ubu President. Aunque no siempre fue así: “Un día, a finales de los años 60, tuve que ir precisamente al templo económico de la Cosa Nostra camuflado entonces bajo el reclamo de Banca Catalana. Intentaba aplazar una obsesiva letra que gravitaba sobre el precario presupuesto de Els Joglars. Miseria naturalmente. Allí, me rebotaban de un despacho a otro, hasta que quizá convencidos de que también nos movíamos en el meollo de la cosa se dignaron acompañarme a la tercera planta donde estaba la madriguera del Padrone Signore Jordi.
Apareció entonces un milhombres bajito y cabezudo, cuyas maneras taimadas culminaban en la más genuina sonrisita diferencial. Parecía todo un profesional de la condescendencia y la mueca críptica. Sin mayores preámbulos, acercó su enorme testa al dictáfono, y pasando de todo recato, ordenó a su secretaria que le trajera el «dossier Joglars». ¡Me quedé petrificado! Media docena de titiriteros dedicados entonces a la pantomima, cuyo único capital consistía en nuestros pantys negros, merecíamos todo un dossier. El asunto se ponía emocionante. ¡Nos tenían bajo control!
Lamentablemente, no tuve tiempo de imaginarme demasiadas fantasías sobre el sofisticado espionaje, porque mientras aquel cofrade catalán del doctor No simulaba examinar atentamente el dossier, uno de sus incontrolados tics hizo resbalar sobre la mesa la totalidad del contenido. Eran dos recortes de prensa sobre nuestras actuaciones mímicas en un barrio de Barcelona. Nada más. Ya jugaban a ser nación con servicio secreto incluido.
Automáticamente, comprendí la magnitud de la tragedia, y algún tiempo más tarde, acabé constatándola cuando aquel notable bonsai del dossier, fue elegido hechicero de la tribu después de atracar el Banco, y endosar el marrón a los enemigos naturales de la patria.”
El demoledor y desternillante artículo de Albert Boadella sobre la intelligentsia catalana (El Mundo, 10-3-05), contiene párrafos tan reveladores como éste: “¡Y pensar que ahora podría estar de ministro de cultura en el tripartito...!
Con el tiempo he llegado a la conclusión de que solo una auténtica nimiedad fue la causa que arruinó mi brillante futuro tribal. Francamente, se me hacía difícil soportar de mis conciudadanos esta mueca que hacen con los labios y que pretende dibujar una sonrisa cómplice entre la elite patriótica.
Las sonrisas, en esta latitud del Mediterráneo norte, no han sido nunca sonrisas relajadas y espontáneas; analizándolas con cierto detalle, da la sensación que mientras se mueve la boca se aprieta el culo. Pero aquellas sonrisitas condescendientes (máxima expresión del hecho diferencial) aquellos guiños de etnia superior, ciertamente, tuvieron la virtud de exasperarme. Son muecas crípticas, reservadas solo a los que ostentan el privilegio de pertenecer al meollo del asunto. Se trata, de una contraseña indicativa de los preconcebidos nacionales y que también, obviamente, compromete al mantenimiento de la omertá general.
Estas sonrisitas, ahora triunfantes, pueden encontrarse hoy al por mayor, y muy bien remuneradas, en las tertulias de la tele Autonómica. (...) Por eso, en mis momentos bajos, sigo preguntándome: ¿Cómo pude ser tan insensato de autoexcluirme del festín? ¡Y todo por una puñetera sonrisa étnica!”
Hay otro mago del humor que siempre ha sido santo de mi devoción por sus originales e hilarantes gilipolleces, lo que no implica que haya comulgado con todas sus creaciones ni con su ideario: Almodóvar. Éste sí ha llegado a intelectual orgánico (negociado de la zeja circunfleja) y no se ha malogrado por el camino. De todas formas, me hacía más gracia antes ser domesticado, de convertirse en cineasta del régimen, cuando se le consideraba un pasota carente de compromiso, un ácrata sin implicación política, cuando los del puritanismo crítico de Cahiers du Cinèma, de Dirigido por, los de la Nouvelle vague o el Expresionismo alemán tenían ahijado a Bigas Luna y despreciaban el trabajo de Pedrito (Peedrooo, que chilló Pe como si fuera Heidi). Almodóvar ha perdido –como es lógico- parte de la frescura inicial, aquel candor de sus inicios under; ahora bien, la diferencia con que trata el tema de la violencia machista en su primera y última película es abismal. En Pepi, Luci, Bom una mujer es aporreada por su marido, policía, hasta tenerla que ingresar en el hospital, donde acaba descubriendo(se) el amor masoquista que le profesa. Mientras, en Volver, las sufridas protagonistas se toman la justicia por su mano sin remordimientos ni penalizaciones. Todo es relativo: la primera es gamberra a lo bestia y políticamente incorrecta con ganas, aquello de “si no sabes aguantar una broma, vete a la porra”, que decía Gila. En su última obra se nota que ha evolucionado. O algo así. Ahí es como si los jueces estuvieran en huelga y qué vas a hacer, apañártelas como puedas, por tu cuenta y riesgo.
Por el mismo programa radiofónico (Herrera en la Onda), supe de la concesión del premio “Gilipollas del año” a Federico Jiménez Losantos. El autor del galardón fue El Jueves, siempre en medio. Hay quien asegura que no tiene puta gracia pero si en la Sahada (profesión de fe musulmana, uno de los pilares del Islam) se afirma que Mahoma es el enviado de Dios y defendemos la posibilidad de publicar [inocentes] viñetas cómicas sobre él, cómo no sobre Jiménez Losantos, que no es más que un locutor de la emisora de la Iglesia. Dónde vas a comparar. Ciertamente, tampoco es que nadie haya pretendido lanzar una fetwa contra El Jueves.
En cualquier caso, lo de las gracias a Terra Lliure por el tiro en la cabeza, no lo cojo. A lo mejor es que yo soy cortito, pero cuando un chiste hay que explicarlo, qué quieren que les diga.

viernes, 2 de enero de 2009

Ya vienen los Reyes


Me refiero, claro está, a los Magos que son los que molan. Esa sí que es una monarquía de las buenas. Digo que ya vienen y ¡cómo vienen de cargados!, aunque rara vez nos echan lo que les pedimos.
Ya le habíamos visto la cara –la verdadera- al dimitido Gaspar (Llamazares) y al vigente –aunque algo deslustrado y con menos brillo- Baltasar (Garzón). Faltaba Melchor. Pues ahí lo tienen.
Hace un par de años, se apostaron en la puerta de El Corte Inglés de la calle Pintor Sorolla de Valencia, un grupo de muchachos bastante crecidos y vocingleros con una pancarta que rezaba (perdón): “Niños, los Reyes son los padres”. ¿Que parece mentira? ¡Pues por éstas que es verdad! Ya son ganas de jorobar y de dar la nota. Será que padezco el síndrome de Peter Pan, pero aún recuerdo lo mal que me sentó enterarme y el trago que me supuso cada vez que tuve que decírselo a un hijo (tengo tres). Luego resultó que ellos ya se habían enterado por su cuenta, antes de que yo se lo dijera. ¿Y qué les habían hecho a esos jóvenes –o al medio ambiente, a la justicia social, al statu quo climático o a la capa de ozono- los Reyes o los niños? Misterios de la peña reivindicadora. Los hay que se aburren y les da por ahí, por fastidiar. Igual era un grupo de Educadores Sin Fronteras que estaba haciendo un taller pedagógico para la ciudadanía, o una clase práctica, a pie de obra, para la gente menuda (un amigo dice que el colmo son los “Aduaneros sin Fronteras” pero a mí me suena, más que a oenegé, a la vaca sin cencerro que nombraba Almodóvar). Y dale con la manía de educar al hijo del prójimo y explicarle cosas. Estos racionalistas a ultranza son de un fanatismo parejo al que dicen combatir. Claro que todos los fanatismos son iguales.
Pues si eso, que es pecata minuta, cuesta de creer, aún resulta más difícil digerir lo del Código Civil catalán. El Libro Segundo, relativo a la familia, poco menos que deroga la denominación de “padres” (afortunadamente no la figura... todavía) y la sustituye por la de “progenitores”. Impone que (¡agárrense!), al cumplir los doce años, a los niños adoptados se les habrá de informar obligatoriamente sobre su origen. Éstos del tripartito son unos totalitarios y unos ceporros: establecen hasta el regalo de cumpleaños. Durante el gobierno de Maragall quisieron prohibir que en las tiendas de souvenirs de Las Ramblas vendieran muñecas de plástico vestidas de faralaes y toritos de fieltro. Lo intentaron justificar en que eran artículos cutres y horteras. Pretenden intervenirlo y regularlo todo: la estética (¿sobre gustos no hay nada escrito?), la familia, la lengua y la leche. Cuando algo no les cuadra, advierten al disidente de lo que le espera agitando su cuatribarrada; la suya propia con forma de esvástica. Hace mucho más tiempo, Tomás Ramón Fernández, catedrático de Derecho Administrativo de la Complutense y aficionado a los toros, participaba en un debate sobre la Ley catalana de Protección de Animales. Como se mostrara crítico con la norma (habría que aclarar que desde el punto de vista técnico-jurídico), se alzó uno de estos camisas pardas y le interpeló: “¿quién es usted para meterse con una ley aprobada soberanamente por el Parlament de Catalunya?” El profesor no se amilanó y lo despachó con dos papirotazos: “A mí no me calla la boca nadie y menos cuando estoy hablando de lo mío, de lo que entiendo, de disposiciones legales. No me he dedicado toda la vida a estudiarlas, a analizarlas y a criticarlas para que venga alguien como tú a decirme lo que puedo o no puedo decir. ¡Hasta ahí podíamos llegar!” Conque, hablando de reyes y visto lo visto, no sé si prefiero al Borbón o al Tardá.
—Los Reyes son los padres. (En Cataluña, los progenitores: los padres que, a veces, no son los padres. Por lo menos biológicos.)
—Vale.
—Y las madres.
—Es verdad, también las madres
—Bueno, mejor dicho la madre; que es sabido que no que hay más que una.
—Sí: la madre que los parió.

jueves, 30 de octubre de 2008

Heducación pa lah Ziudadanah… y loh Ziudadanoh

Ahivá, la cartera (ya no se llevan los donuts, ni dos ni uno, que es bollería industrial, todo pura grasa saturada). Se me abren las carnes yendo contra uno de mis más caros principios (y de mis fines en esta bitácora): la corrección ortográfica, y aunque sea algo deliberado y consciente, me entran escalofríos y me salen sarpullidos. Tengo por ahí, a la izquierda, una declaración de intenciones a la que me mantengo fiel.
Aunque el episodio es de hace varios meses, he descubierto hoy el vídeo. Ahí está el par de ciudadanas que parece un tándem de profesores de los que ha montado la Conselleria de Educación de la Generalitat Valenciana: Mercedes Cabrera sería la profe de Filosofía y Mª Teresa Fernández, de un look más cosmopolita, como más centroeuropeo, la de Inglés.
In inglis, plis. Ah sí, estooo Education for the Citizenship. Oígame que no es lo mismo que lo de arriba. No, si ya.
Me preocupa el tema. Hace cosa de dos años, cuando cesó la Ministra Mª Jesús San Segundo, envié una colaboración a un blog colectivo bajo el título La Mala Educación (se acababa de estrenar la peli de Almodóvar) donde abogaba por la necesidad de un pacto de Estado para preservar la enseñanza de los vaivenes de la política y de los cambios de equipos ministeriales, así como para evitar que los partidos políticos la usen como un juguete. No me resisto a reproducir algo de lo que allí decía: “(…) se ha pasado de meter la letra con sangre a que no entre de ningún modo, de exigir la lista de los reyes godos a que el temario se limite al último rey de España (quiero decir al actual), de conocer los afluentes de los ríos de la península ibérica a la apropiación programada –en exclusiva o por tramos- de los que atraviesan una comunidad, de las leyendas y cronicones a la revisión o falseamiento de la historia, de saber latín a no ser capaces de hacer la o con un canuto, y así ad infinitum.”
También citaba un párrafo de la Breve Historia de España del recientemente premiado Fernando García De Cortázar: “El modelo llega a su cima con la reforma de Moyano de 1857, que garantizó la educación primaria obligatoria hasta los nueve años y concede al Estado la elección de los programas y libros. De nuevo, la penuria impide avanzar, y si en Francia la reforma educativa fue fundamental en el desarrollo de la unidad nacional al extinguir los particularismos y las lenguas regionales, en España, la deficiente escolarización truncó esa posibilidad, permitiendo la supervivencia de los idiomas locales.”
Por entonces supe del Panfleto antipedagógico del profesor Ricardo Moreno Castillo que, en esas fechas, se editó en forma de libro. El texto tuvo tanto éxito en su difusión como escaso en su aplicación. ¡Y cuánta razón tenía!

jueves, 20 de marzo de 2008

Erecciones Generales






En aquel ejemplar del Star de allá abajo, de 1976, se decía “Voto a los 18 años... ¿pero qué se piensan esos tíos, que si a mí me dejaran votar lo haría?”. Pero, ojo, no nos confundamos, la revista no era todo lo neutral o indiferente que podría pensarse. El mismo número 26 incluía esta “Nota a los lectores en general: (...) si nosotros nos quedamos en casa, y los únicos que van a votar son los fachas y –¡Vishnú no lo quiera!– sale el Fraga... tíos, lo que está claro es que se acabó el Star. (...) Luego, si nos cierran, que no se diga que nosotros no os hemos advertido. Y que tampoco os tengáis que preguntar si no ha sido por vuestro “paso de política, tíos”.” Ante todo, mucho pragmatismo. Tíos.
Tres años más tarde, Juan Bufill escribía sobre uno de los “realizadores que se expresan habitualmente en formato súper 8”: “Pedro Almodóvar tendrá ya listo su primer largometraje con destino a las salas de estreno. Su título: “Erecciones generales” (erecciones con “r”). Será parodia desmadrada con ambiente punk. En el film participan Alaska y los Pegamoides. El argumento incluye un policía violador, una virgencita (al empezar la película) dedicada al cultivo de la maría, y bastantes enredos y guarradas, como es habitual en los films de Pedrito. Seguiremos informando.” Se trataba, claro está, de Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón. Mucho más tarde, en Volver, Almodóvar volvió a abordar la “violencia de género” (con perdón) desde una óptica radicalmente distinta. Al contrario que para muchos –cinéfilos en general y críticos en particular-, Almodóvar siempre ha sido santo de mi devoción, pero hay que reconocer que desde que se ha vuelto intelectual orgánico oscarizado ha cambiado que no veas. Lógico que haya perdido parte de la frescura inicial, aquel candor de sus inicios under; ahora bien, la diferencia entre el tratamiento que hace de un mismo tema en una y otra peli es bestial. En la primera, una sufrida esposa, aporreada por su marido, acaba en el hospital con pasión masoca, pillándole el gustirrinín a las palizas recibidas. La última es una denuncia actualizada y al uso (aunque con su estética, como el patio de mi casa, muy particular) de la cuestión.

El extra del mes de diciembre del 79 informaba sobre “El Pleno del Porro”, donde los del PSOE defendían la legalización del cannabis y los de UCD se oponían. ¿Alguien ha olvidado que Tierno fue el Alcalde de la movida? “A colocarse y al loro”.
En estas elecciones del 2008, Almodóvar era uno de los de la ceja. Saco de mi diccionario de palabros (perdón por la autocita, no es la única): “Unicejilar (organismo ~): Aquél que, en su simplicidad orgánica, funcional e intelectual, está integrado por una sola célula, alargada, negra y peluda, que, de haber habido, se hubiera situado sobre los ojos”. También Serrat era de la cofradía. Cuando fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid declaró que «la lengua en la que más a gusto me expreso es aquella en la que me prohíben hablar.» ¿Qué opinión le merecerán las medidas coercitivas de la Generalitat para obligar a poner en catalán los carteles de los comercios?

Conste que defiendo el derecho a la evolución ideológica, a la propia contradicción y a discrepar de uno mismo. Suponiendo que se trate de alguno de esos casos.