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martes, 14 de febrero de 2012

Los que no brindamos con champán

El mismo día en que se hizo pública la condena a su padre, María Garzón publicó una carta en El País dirigida a los que se alegraban de la dureza de la sentencia hasta el punto de brindar por ella. Es lógica la reacción: la familia está jodida y respira por la herida. Lo que me llamó la atención es que apelara, como había hecho su padre la víspera, a la conciencia. Flaco favor se hizo don Baltasar citando a Kant al asegurar que “el tribunal de un hombre es su conciencia”. Con semejante afirmación restaba autoridad al tribunal que estaba a punto de sentenciarlo y deslegitimaba un oficio que, hasta ese momento, todavía era el suyo. Había dudas de su pericia como juez pero de ese modo dejaba claro lo nefasto que resultaba como abogado de su propia causa. Con la conciencia pasa como con las buenas intenciones, que de esas está empedrado el camino del infierno. Nietzsche ya advirtió que con ellas solas no basta.
En este juicio, Garzón se ha visto despojado de la toga dos veces: una literal y otra metafórica y definitivamente. En la primera ocasión debió ahorrarse a sí mismo el bochorno y a los demás la vergüenza ajena. Como le dijo el Presidente de la Sala, él sabía que un acusado no puede sentarse vestido de esa guisa en el banquillo.
Nunca me he alegrado de la desgracia ajena cualquiera que fuese la circunstancia que la provocara, y creo que en eso formo parte de la mayoría. Esta vez, tampoco. Lo que ocurre es que me cuesta entender la insistencia en comparar la resolución de este caso con la de los perseguidos que han acabado en perseguidores, los de la trama Gürtel. La cuestión es muy sencilla y podría no entenderla Pilar Bardem pero Gaspar, como Baltasar, sí deben porque afecta a los fundamentos mismos del sistema democrático: Los delincuentes se pueden servir de los mecanismos del Estado de Derecho para defenderse, pero el Estado de Derecho no se puede defender a sí mismo con los métodos de los delincuentes y quebrantar la ley. Esa es la diferencia. No valen las razones de Estado ni cualesquiera otras que la ley misma, todas las de la ley pero con la ley como límite. Una cosa, ya digo, es que lo ignoren los portadores de pancartas a las puertas del Tribunal Supremo, pero Llamazares está obligado a saberlo. Ya que no hace pedagogía, al menos, si discrepa, ha de tener cuidado con el uso de argumentos espurios y peligrosos por antidemocráticos. Por lo visto en la vista (la de Valencia), Camps es un sinvergüenza, pero lo que se juzgaba no era su catadura moral sino la comisión de un delito, si quedaba demostrado que había cometido el delito que se le imputaba. Yo ya no le votaré aunque (cosa dudosa) tuviera la oportunidad de hacerlo. En honor a la verdad, tampoco lo hice cuando la tuve.
Más comprensible me resulta la comparación con otros jueces, como aquel mastuerzo que consideraba que llamar zorra a una mujer no es insultarla. Parece evidente la desproporción entre las sanciones impuestas a uno y otro por sus respectivas actuaciones en el ejercicio del cargo, por mucho que el uno vaya contra derechos constitucionales, la privacidad de las comunicaciones y la defensa letrada, y el otro haya cometido un delito de lesa femenidad (o algo así). No sabemos si en la forma de instruir los sumarios, por parte de Garzón, influye algo más que el afán profesional de perseguir a los delincuentes sin cuartel (y de ahí la necesidad de encontrar pruebas a toda costa) y si hay dosis de vanidad, como se sugiere a menudo, o se deja llevar por sus inclinaciones políticas, como también se apunta. De entrada y al margen de preferencias partidistas, filias o fobias particulares, no pueden causar la misma simpatía el exjuez estrella y el mencionado juez repugnante que hemos tomado como ejemplo (mejor dicho, a quien hemos mencionado a título de ejemplo).
Ciertamente, la jurisprudencia del Tribunal Supremo no figura entre mis lecturas favoritas pero me he obligado a leer la sentencia. Lo primero que me ha llamado la atención es que, a pesar de que unánimemente ha merecido el calificativo de dura (¿dura lex sed lex?), el artículo 446 del Código Penal, como se recoge en la página 36, prevé una pena para el delito de prevaricación de entre diez y veinte años. Once se sitúa en la parte más baja del tramo. Además de que resulta sólida, muy currada, no sé si estaban pensando en Gómez de Liaño, a quien aludía recientemente por el indudable paralelismo con quien fue su colega, al redactar el Fundamento de Derecho Sexto. Gómez de Liaño, también inhabilitado, obtuvo la victoria moral del reconocimiento por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de que su proceso había carecido de las garantías precisas. La sentencia de Garzón está trufada de referencias a la jurisprudencia de dicho Tribunal (el de Estrasburgo) y a la del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas.
Los mismos que hoy claman contra la prescripción del asunto “Banco Santander” ayer reclamaban la del tema de las fosas y los que ahora proclaman la injusticia de esta sentencia antes declamaban que el 11-M era cosa juzgada y bien juzgada. Así son las cosas.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Luna llena

La prensa, los titulares, las bocas, las tertulias, los oídos, las mentes. De preocupación, de ansiedad, de satisfacción, de rabia, de frustración, de dudas, de certezas. Los deseos de venganza, los barruntos de derrota, las buenas y malas expectativas.
Ángel Luna González es el portavoz socialista en las Cortes Valencianas, un astro de la política autonómica, un cuerpo celeste por el nombre y apellido que ha destacado en su lucha contra la corrupción. Este satélite suspendido y en órbita era el azote de Camps. Ayer le acusaron de estar involucrado en la trama Gürtel, de recibir favores en forma de obras y coches de lujo. Vaya nochecita (de luna llena) debió pasar.
Si se eclipsara prestaría un mínimo servicio al país en esta hora de servicios mínimos.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Perder el juicio

Camps tiene un juicio pendiente y ya lo ha perdido antes de que se celebre. En una entrada reciente, yo lo comparaba con Pinocho y le achacaba que no asumiera la responsabilidad política en tanto se dilucidaba la penal. Si su Pepito Grillo era Ricardo Costa, se explica el lío en que está metido.
La dirección nacional del PP pretende obligarle a dimitir en cuanto se siente en el banquillo, según la información que publicaba el lunes El Mundo. Ese mismo día, otros medios aseguraron que algunos dirigentes estaban barajando sotto voce la idea de que Camps se hubiera vuelto loco. Hasta Rajoy le evita, quizás pensando si lo suyo será contagioso, y prefirió irse a comer caracoles a participar en un acto de desagravio.
Aunque ya se le pudo observar alguna rareza y se vieron indicios que apuntaban en ese sentido, el problema se hizo patente al sentir que se estrechaba el cerco judicial del caso Gürtel. Entonces, empezó a manifestar síntomas preocupantes que sembraban serias dudas sobre el estado de su salud mental. Su pulso para mantener en el puesto al Secretario General de los populares valencianos, en contra de los designios expresados por la cúpula, adquirió tintes vodevilescos y se interpretó como una chaladura. Protagonizó una desabrida intervención en las Cortes Valencianas donde afirmó que a la oposición le gustaría verlo “tirado boca abajo en una cuneta”. Cuando el Supremo ha ordenado reabrir el proceso, se le ha crispado todavía más el gesto y el tono y ha asegurado sentirse como Juan Sinmiedo y que era muy feliz. A quien no ha mencionado es a la mujer del César.
Mientras en Valencia no saben si cerrar filas o abrir el melón sucesorio con su correspondiente navajeo, en Madrid están pensando completar su vestuario regalándole una camisa de fuerzas.

viernes, 21 de mayo de 2010

Francisco, ¡el octavo!

El Sr. Camps, a quien sus correligionarios apodan El Curita, ha faltado –al menos- al octavo mandamiento, ese que reza “no dirás falsos testimonios ni mentirás”.
Es verdad que si la cosa quedara en los trajes no tendría mayor importancia, o que, como a todo hay quien gane, siempre habrá otros que se lo hayan llevado más crudo. También es cierto que, aplicando la misma regla, se podría procesar hasta a los maestros a quienes se hace un obsequio a final de curso, o que a este paso quebrarán las empresas que comercializan cestas de Navidad; pero de todas formas no está bonito. La verdad es que no. Aún suponiendo (aunque sea mucho suponer) que, por lo que concierne a los trajes dichosos, no mediara trato de favor (de lo contrario, en puridad, dejarían de ser regalos y el detalle pasaría a mayores), Paco Camps tiene que dimitir. Y debió hacerlo en el preciso instante en que reconoció implícitamente que había faltado a la verdad al realizar aquella categórica declaración de “yo me pago mis trajes”. A falta de una respuesta voluntaria adecuada, Rajoy tenía que haberlo cogido por las solapas del Milano para exigírsela.
Cuando a los políticos se les pilla en flagrante mentira (sí, ya sé que este no sería el único), se rompe el contrato de confianza con sus gobernados. Fuera de esa relación, este y los demás pecados atañen a la conciencia de cada cual. Lo característico de Pinocho no eran las mentiras por sí solas, sino lo que revelaban intentándolo tapar: su absoluta falta de responsabilidad. Bill Clinton se vio en un serio apuro no por sus escarceos (vamos a llamarles amatorios), sino por descubrirse el embuste a una Comisión del Congreso (aunque hay quien asegura que fue por encenderse un cigarrillo en pleno despacho oval después de la visita de Monica), y a Nixon le obligó a renunciar el Watergate y las falsedades con que pretendió encubrirlo.
Ya se sabe que se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Aunque, puestos a tirar de refranero, D. Francisco podría responder aquello de que “no te fíes de ningún cojo, de ningún rojo (¿?, siempre pensé que el dicho se refería a los pelirrojos), y de ninguno al que le falte un ojo”. Por cierto, que a Fabra, del grupo de fieles de Camps desde que el President cobró vida propia y el Geppetto Zaplana no le mueve los hilos, se le conoce con el mote de El Tuerto. ¿Le habrá mirado? Se trata del mismo Carlos Fabra que, con la mayor desfachatez, atribuye la fortuna amasada a las cuatro veces que le ha tocado la lotería. Mira tú qué alhaja y dime con quién andas.
Cohecho impropio... efectivamente, lo hecho no es propio del cargo que ocupa.

miércoles, 14 de abril de 2010

Estos sí que son Bonos

La tercera autoridad del Estado, el socialistacristiano José Bono, de los Bonus de toda la vida, no pasa por su mejor momento. Las informaciones publicadas sobre sus propiedades y las de su familia, sobre los inmuebles que posee o el piso de lujo que ha regalado a su hijo, le han puesto en entredicho. Es lo que María Dolores de Cospedal ha llamado “desajustes en su incremento patrimonial”; similares, por cierto, a los que se conocieron sobre Francisco Camps, quien recientemente declaró ser titular, tan sólo, de un coche viejo. La líder popular ha pedido explicaciones. Quiere pelos y señales.
El presidente del Congreso se considera víctima de una campaña de difamación pero no ha recurrido, por ahora, al invento de su primo, al U2, o al ventilador por elevación: “y tú más”. Se limita a insinuar que le ha salido la bonoloto, como a Fabra. La explicación no resulta tan enrevesada como aparenta ya que a él le toca más de cerca; no deja de ser como de la familia.
Estos bonos sí que son buenos y no los del autobús.

martes, 9 de marzo de 2010

Campos de arroz

Desde hace tiempo, el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad, dependiente de la Diputación de Valencia, organiza una exposición anual de fotos de prensa, un World Press Photo de la provincia (ergo provinciano), con imágenes ilustrativas de la vida política y social. En esta edición, después de colgadas, el Presidente de la Diputación, Alfonso Rus (Al Rus, en cristiano arroz), ordenó que se quitasen unas cuantas que podían ser molestas para Camps, con amenaza de cese para el director del Museo, Romà de la Calle. Éste ha decidido dimitir antes de que lo echaran a la ídem, no sin antes advertir de la metedura de pata que constituía el censurar unas instantáneas tan inocentes como las que representaban a Camps y a Costa abotonándose la chaqueta del traje, ya que su retirada iba a constituir un escándalo y a amplificar el efecto de denuncia que se pretendía evitar. O sea, que queriendo proteger a su jefe ha conseguido justo lo contrario: que todo el mundo señale a Camps como autor de la alcaldada. Es un auténtico patán engreido, un botarate pueblerino y un populista necio.
Las fotos censuradas del caso Gürtel se han hecho famosas por las declaraciones de Miguel Bosé quien ha comparado el caso con la dictadura cubana; un exceso que ha tapado en parte la torpeza de unos responsables (¿?) capaces de meterse en semejante terreno pantanoso, en un charco del que no saben cómo salir. El señor de la Calle los ha llamado directamente idiotas.
Y mientras tanto Camps en Brasil sin enterarse de nada. Mucho arroz para tan poco pollo.
***
P.S. ¡Un momento! El amigo Tao The Kid ha dejado un comentario que me ha dado que pensar. En las fotos censuradas salían Camps, Costa, Rita, Rambla... una colección de prebostes populares entre los que no se contaba el propio Rus. ¡A ver si todo va a ser un ataque de cuernos! Arroz amargo.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Ordenadores y desastradores

El conseller de Educación de la Generalitat Valenciana, Alejandro Font de Mora, ha rechazado los ordenadores que Zapatero había destinados a los escolares por considerarlos peligrosos. No se trata de un virus o de una plaga ni de ninguna enfermedad contagiosa ubicada en la unidad central. Tampoco es la cuestión que les vacíen el cerebro a los chavales, incumplan el decálogo de robots de Asimov, les ordenen hacer algo contra su voluntad, que atonten a la gente menuda, o que las computadoras no sean cosa de niños, sino que los aparatos les causan, dice, miopía. Nueve de cada diez oftalmólogos consultados lo niegan. Él sí que está enceguecido de sectarismo.
Hay que ver lo que ordena y manda y lía este hombre. Primero con la Educación para la Ciudadanía en inglés, después con la enseñanza del chino, ahora esto; desde luego que a Camps le crea más complicaciones que su sastre. Que ya es decir.
De sastre de conseller.

martes, 13 de octubre de 2009

Regeneracionismo de Costa a Costa

Sin Costa, Joaquín, no se podría entender el Regeneracionismo; con Costa, Ricardo, –que supongo que no será primo, ni siquiera lejano- parece difícil que se pueda producir el que necesita el Partido Popular. Es verdad que su cese sin más hubiera sonado a cabeza de turco, a un lavado de cara exclusivamente a su costa, pero esta salida, o lo que sea (se queda aunque lo echan), resulta difícil de interpretar. Si encima nos dedicamos a hacer cábalas sobre las minas interlineadas con que ha ido sembrando su declaración, dirigidas a sus jefes, en particular sobre esa lealtad de que alardea hacia Camps y Rajoy (¿?), la hermenéutica se complica sobremanera.
Yo puedo entender a este señor: él dice que tiene las manos limpias así que no hay razón para dimitir y eso de las responsabilidades políticas son gaitas gallegas. Además, que se sepa, ser pijo no es delito. O sea, como me tires, tiro de la manta, o sea ¿me comprendes? Claro está que, aparte de operaciones quirúrgicas, hay otra posibilidad: la de que aparezca alguien (pongamos que Carlos Fabra; un ejemplo como cualquier otro) y diga, yo soy un corrupto y me tengo que largar por el bien del partido y por higiene democrática. Las demás explicaciones las daré ante los tribunales. ¿Vale?
Pues que allá se las compongan.

martes, 10 de marzo de 2009

Flan de huevos

¿No lo decía yo el otro día? Que alguien da algo, aunque sea una higa, él eso y dos huevos duros. Este hombre es un portento de la oferta gastronómica, siempre por delante de la demanda. ¡A Flancisco Camps se le ha ocurrido nada menos que incluir la enseñanza del chino mandarín como asignatura optativa en el segundo ciclo de la ESO a partir del curso 2010-2011! No le ha temblado el pulso, el cuerpo serrano ni la voz a la hora de anunciarlo. ¡Chupa del flasco, calasco! O, como va diciendo por ahí, por esos mundos virtuales de Facebook, González Pons, “Yes, we Camps”. Un portavoz no autorizado de la Generalitat Valenciana ha descartado cualquier relación con el quincuagésimo aniversario de la invasión del Tibet.
En tierra de naranjas, el mandarín era lo dado; al Consell de Govern el cantonés no acababa de sonarle bien. Cabe recordar que en Alicante, por influencia de la cercana Cartagena, se fundó un partido secesionista llamado Alicantón. El segregacionismo tiene esas cosas, que empiezas a trocear y no sabes dónde pararte.
El conseller de Educación, Font de Mora, ha señalado que “con castellano e inglés alcanzamos a más de 1.500 millones de personas y ahora llegaríamos a 3.000 millones de hablantes con las tres lenguas”. Le sumas el valenciano –que se ve que se le ha olvidado o que le importa un pimiento- y ya son 3.000 millones y un piquillo. Bueno, supongo que los valencianoparlantes están metidos en el equipo de los que hablan castellano.
Aunque las apariencias engañan, Camps, que es un tipo escurrido, magro, y con menos carne que un cocido de cuaresma, parece frugal. No debe ser de esos que tienen un saque que vale la pena comprarles un traje antes que invitarlos a cenar. Sobre todo en un restaurante chino con pijama de postre. Claro que si el traje se lo compras en un bazar chino, de esos multiprecio, te puede ir lo comido por lo servido. Ya veremos si de aquí a la implantación de la secundaria babilónica no lo pillan con el carrito del helado.

jueves, 26 de febrero de 2009

Con dos huevos

No prejuzgo cómo le está el traje a Camps ni quien lo paga (todavía no han salido los títulos de crédito y no se sabe quién es el encargado de vestuario, el de reparto, los protagonistas o las estrellas invitadas, ni el director), pero sí tengo claro que la indumentaria de legislador no le tira de la sisa, le queda holgada y hasta vaporosa.
Que en Cataluña se prepara un Estatuto de aquí te espero, discutido y discutible, él, ni corto ni perezoso, se reserva para el Estatuto Valenciano lo mismo. Por lo menos. Es lo que se llamó la Cláusula Camps. «Haga el favor de poner atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte.» Que se polemiza en torno a la Educación para la Ciudadanía, él ofrece dos asignaturas por el precio de una: educación en inglés. Hace como Groucho en Una noche en la ópera, mejora cualquier oferta con un par de huevos. «Y también dos huevos duros», decía el más genial de los Marx. Eso le reprochaba Felipe a Aznar en un debate televisivo, que el líder popular hiciera lo que el popular filósofo y comediante americano.
Recientemente se han oído voces críticas sobre el Plan E, sobre todo desde la hipótesis, absolutamente verosímil, de que semejante derroche de fondos con cargo al erario público va a tener nula efectividad en la creación de empleo. El Sr. Camps siempre da más, dos más. Es capaz de llegar al tres en uno. El martes publicaba el Diari Oficial de la Generalitat el Decreto-Ley 1/2009, “por el que se constituyen y dotan tres planes especiales de apoyo destinados al impulso de los sectores productivos, el empleo y la inversión productiva en municipios”. ¿No querías caldo?, pues toma, tres tazas. Y dos huevos duros.
Es la guerra contra la crisis. ¡Más madera!

domingo, 22 de febrero de 2009

De traje y corbata

Eso sí que ha sido un buen corte, lo del traje de Camps. A don Francisco le han hecho un traje a medida y le han colgado una corbata al cuello, y no de seda precisamente. A cuenta de esa vestimenta, Bermejo se ha puesto el traje de luces y ha sido aclamado (¡torero!) por sus compis diputados. Cuando pensábamos que lo del PP eran trapos sucios, le salen trajes de sastrería exclusiva, de Milano. No eran trapitos, no. Otro urdidor de defenestraciones, Alfonso Guerra, se cargó a toda una directora general de RTVE, Pilar Miró, por cosas de la indumentaria. Hay mucho traje largo y vergüenza corta. Con este vestido para la ocasión, les han hecho un siete.
Y mientras tanto, ¿quién se acuerda de la crisis? El otro día, Sarkozy puso la gestión de la crisis económica española como ejemplo de negligencia y presumió de que la caída del empleo en Francia era cinco veces inferior a la española. Ya se está cobrando la silla de la Cumbre y otras afrentas. ¿Ha ocupado eso muchos titulares? Por la prensa se ha enterado Camps de lo que se le acusaba, así que no tenía tiempo (la prensa digo) para entretenerse en cuestiones económicas menores.
Garzón, ansioso de enchironar, con tanto tiro y tanto auto de choque, se ha estresado. Su ataque de ansiedad, de tenerlo en sus brazos, es un berrinche por inhibición. Que se mejore. Como el que no corre, vuela, Zapatero, el presidente del primer gobierno ¿del mundo? en tener una huelga de jueces, ha salido en su defensa. Los jueces se bastan para defenderse ellos solos, pueden causar indefensión pero nunca a sí mismos. También Rubalcaba ha querido echar su cuarto a espadas ejemplificando con aquel proverbio chino (¿por qué todos los proverbios son chinos y los refranes –una cosa más vulgar y como de andar por casa- españoles?) del que señala a la luna, los necios y el dedo. El Ministro del Interior daba por supuesto que la luna es la corrupción del PP pero yo me pregunto si el paro no es un cuerpo celeste de mayor belleza e importancia. El sabio de don Alfredo señala a una luna falsa, un espejo.
Pasarán más de milanos, muchos más.