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miércoles, 19 de noviembre de 2014

¿La justicia es...?

La sentencia (en el sentido de la sexta acepción del DRAE, «f. Ling. Oración gramatical») «La justicia es un cachondeo» fue enunciada en 1985 por el, a la sazón, alcalde de Jerez, Pedro Pacheco. El dicterio traía causa de la anulación, por parte de la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Territorial de Sevilla, de la orden municipal de demoler el chalé de Bertín Osborne. Por ello, fue condenado a cinco años y seis meses de cárcel por la propia Audiencia, confirmada la pena por el Supremo y perdonado en 1988 por el mismo alto Tribunal.
Pues hoy puede afirmarse, sin ninguna duda, que esa idea, compartida por muchos, ha dejado de ser cierta. Porque para que lo fuese, tendría que existir, y no hay justicia: ni es un cachondeo ni otra cosa; sencillamente no es.
Hoy, la noticia sobre la negativa de los fiscales en Cataluña a querellarse contra Artur Mas la recoge así El País: «Los fiscales catalanes reprochan a Mas su “absoluta falta de lealtad”. En su informe enviado a Torres-Dulce, concluyen que no hubo desobediencia porque el presidente no recibió una “orden directa”.» Mucho más explícito resulta el periódico El Mundo: «La culpa de que se aprecien “obstáculos jurídicos” para querellarse contra el presidente de la Generalitat, Artur Mas, por desobedecer al Tribunal Constitucional, la tiene el propio Tribunal Constitucional. Así se desprende del informe elaborado por los miembros de la Fiscalía Superior de Cataluña, para los que es “discutible” que haya habido una “orden” del TC para que la consulta soberanista se llevara a cabo. En el dictamen, conocido por EL MUNDO, los fiscales de Cataluña llegan a sostener que “la convicción del TC” a la hora de parar la consulta “ha resultado limitada” porque la medida cautelar viene impuesta por la Constitución, “y con ello cabe plantearse si podemos hablar propiamente de una desobediencia a la 'voluntad' del órgano decisorio”.»
El artículo 6.1 previene, con aquello de «la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento», cualquier intento de alegar desconocimiento para escapar del Derecho. Es una cuestión de elemental seguridad jurídica, y, sobre todo, de aplastante lógica, pero en la que ni siquiera cabría pensar al referirse al colectivo de fiscales… si no fuese por los argumentos que dan para no cumplir con su obligación.
Yo no sé si los fiscales incurren en dejación de funciones, en desobediencia, prevaricación, o en qué tipo o figura antijurídica, pero en algo delictivo, seguro. Esto no tiene que ver con la opinión que la consulta dichosa nos merezca, es una cuestión de ley del embudo, de la existencia misma del Estado de Derecho, de cómo y a quién obligan las leyes. Recientemente, el presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, Carlos Lesmes, ha manifestado que la ley está «pensada para el robagallinas, no para el gran defraudador». ¡El mismísimo presidente del CGPJ reconocía que la ley se aplicaba de una forma a los políticos y de otra a los gañanes! Algo parecido a los del guante blanco ocurre con los del gremio de la judicatura, los de las puñetas de encaje.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Perder el juicio

Camps tiene un juicio pendiente y ya lo ha perdido antes de que se celebre. En una entrada reciente, yo lo comparaba con Pinocho y le achacaba que no asumiera la responsabilidad política en tanto se dilucidaba la penal. Si su Pepito Grillo era Ricardo Costa, se explica el lío en que está metido.
La dirección nacional del PP pretende obligarle a dimitir en cuanto se siente en el banquillo, según la información que publicaba el lunes El Mundo. Ese mismo día, otros medios aseguraron que algunos dirigentes estaban barajando sotto voce la idea de que Camps se hubiera vuelto loco. Hasta Rajoy le evita, quizás pensando si lo suyo será contagioso, y prefirió irse a comer caracoles a participar en un acto de desagravio.
Aunque ya se le pudo observar alguna rareza y se vieron indicios que apuntaban en ese sentido, el problema se hizo patente al sentir que se estrechaba el cerco judicial del caso Gürtel. Entonces, empezó a manifestar síntomas preocupantes que sembraban serias dudas sobre el estado de su salud mental. Su pulso para mantener en el puesto al Secretario General de los populares valencianos, en contra de los designios expresados por la cúpula, adquirió tintes vodevilescos y se interpretó como una chaladura. Protagonizó una desabrida intervención en las Cortes Valencianas donde afirmó que a la oposición le gustaría verlo “tirado boca abajo en una cuneta”. Cuando el Supremo ha ordenado reabrir el proceso, se le ha crispado todavía más el gesto y el tono y ha asegurado sentirse como Juan Sinmiedo y que era muy feliz. A quien no ha mencionado es a la mujer del César.
Mientras en Valencia no saben si cerrar filas o abrir el melón sucesorio con su correspondiente navajeo, en Madrid están pensando completar su vestuario regalándole una camisa de fuerzas.

domingo, 1 de marzo de 2009

Garzón: homo iuridicus

No puedo negar, ni falta que hace, que el magnífico artículo que escribió Herrera en ABC me dio que pensar y me sugirió este post. No pretendo enmendarle la plana ni corregirle en modo alguno –vamos, ya me guardaré yo más que de mearme en la cama- sino dar mi visión personal sobre este hombre. ¿Qué digo hombre?: ¡este titán!
Alabado y denostado a la vez, objeto de encendidos elogios y críticas despiadadas, pasa con facilidad de insobornable a prevaricador. Socialistas y populares dicen de él y se desdicen después. Pedro Jota, su gran valedor en los tiempos del GAL, fue condenado por difamarlo en lo del ácido bórico. La forma en que instruye los sumarios ha sido siempre muy puesta en cuestión. Hasta se ha llegado a apuntar que si fuera escrupuloso en hacer cumplir lo juzgado, lo de la herriko taberna de Lazcano no hubiese ocurrido porque hace tiempo que estaría cerrada: una desidia como la del juez Tirado pero sin unas consecuencias tan desastrosas y sin sanción. El Mundo publicaba que un error suyo, al no acordar la prórroga de la prisión provisional, obligó a poner en libertad a dos presuntos narcotraficantes turcos. El mismo Consejo General del Poder Judicial que ahora le defiende tuvo que llamarlo al orden cuando andaba por esos mundos haciendo bolos con perjuicio de la atención de los asuntos de su despacho. Aparte de conferenciante, y a pesar de la sintaxis embarullada de que adolece la prosa de sus resoluciones, es autor de varios libros. Ian Gibson lo propuso para académico de la lengua.
Aunque luego la cagara con la instrucción, el procesamiento de Pinochet concitó en España una simpatía casi unánime; algo que no tuvo el proceso de la memoria histórica, divisor nacional y gran gatillazo. Discrepo de Herrera en que su afición a pisar charcos y meterse en jardines sea de los tiempos del zapaterismo. Pienso que se remonta años atrás y tiene que ver con su divismo, con esa egolatría patológica y daliniana (lo importante es que hablen de uno, aunque sea bien). Cuando Felipe González le hizo la promesa televisada de un puesto relevante para luchar contra la corrupción pensó que había llegado a culminar sus aspiraciones. Luego, una vez hizo su papel de señuelo electoral de usar y tirar, por las resistencias del aparato del partido a cederle poder a un advenedizo sin pedigrí o lo que fuese (qui lo sa), quedó relegado a un papel secundario al que no se resignó. Todos entendimos su frustración y hay quien atribuye a ese contratiempo su confusión entre justicia y venganza. Desde entonces está ansioso. Al solicitar el certificado de defunción de Franco, Gustavo Bueno describió con estilete su mesianismo: “Garzón tiene complejo de Jesucristo para juzgar a los vivos y a los muertos”.
Reclama la independencia judicial y la desmiente con sus filtraciones interesadas. Fue a él, y no al juez de paz de Cangas del Morrazo, a quien pillaron en la cuchipanda cinegética en alegre camaradería con Bermejo y él fue quien concurrió como número dos del PSOE por Madrid, detrás de Felipe. Al retomar entonces la carrera judicial, unos y otros ya dudaron de su imparcialidad, así que tampoco resultan extrañas las acusaciones de Rajoy.
Cuando cocinaba la tregua, Zapatero confesó su intención de no cumplir la Ley de Partidos porque era muy dura (dura lex sed lex) y Carrillo, en la tertulia de La Ventana, afirmó que la voluntad política podía hacer innecesaria su observancia. Como si el sometimiento a la legislación y a los tribunales de justicia no fuera el primer requerimiento de un Estado de Derecho. Pero si mal está que un político se manifieste así, más grave resulta que un juez acomode su actuación a determinada sensibilidad política y esté atento a unas demandas localizables. En esa época de la tregua, se mostró escasamente preocupado por las exigencias jurídicas de la Ley de Partidos, excesivamente contemporizador y alejado de la máxima a la que se atienen los jueces respetuosos del derecho: Fiat iustitia et pereat mundus.
Don Baltasar parece estar a ese aforismo sólo cuando el cielo se hunde en una concreta dirección.

viernes, 30 de enero de 2009

Gilipolleces más o menos cómicas

El Gilipollas era (igual sigue siéndolo) un personaje de la factoría de El Terrat que salía (o sale) en un programa de Buenafuente, a cuenta del cual Jordi Pujol le ha echado una regañina a Andreu por el uso –y quizás abuso- de barbarismos. Entendámonos: “5. m. Ling. Extranjerismo no incorporado totalmente al idioma” (DRAE). Me enteré el viernes pasado –hoy hace una semana- y, como el comentario me llegó escueto, me creó dudas sobre si Buenafuente había regresado a la TV3 que le vio nacer (artísticamente hablando), donde se mantendría el esquema original, o más bien se trataba de que el Honorable (perdón: es la costumbre) estaba haciendo un repaso de asuntos con visión retrospectiva. La cosa era que don Jordi se había quejado de que no tradujera el término “gilipollas”, mientras en la radio se daba –aparte de alternativas catalanizantes para ese nombre- la idea de que el famoso showman se rebautizara como “Bonafont”. En justa correspondencia.
Hace años, cuando veía la tele, frecuentaba los programas de El Terrat, que superaban al resto en humor inteligente. Eso, dirán, es como todas las cosas: va en gustos. Ya. A mí, me parecían especialmente logrados los late shows (perdón, don Jordi, es verdad que se trata de una fea costumbre) Set de Nit, Malalts de Tele, con unos estupendos Toni Soler, Rosa Andreu y Albert Om y las producciones que giraban en torno a Buenafuente, de donde salió gente como José Corbacho o Santi Millán: Una Altra Cosa y La Cosa Nostra. El problema de El Gilipollas no era el nombre sino que ejemplificaba una cierta tendencia a adjudicar lo más zafio, hortera, inculto, sucio y chabacano del paisanaje, a los que, como él o como Palomino –otro comparsa de ese jaez-, hablaban castellano o tenían el acento de Maleni. También estaba la Vicenteta, una cerillera, si mal no recuerdo, vestida de cupletista de la Belle Epoque –no la de Trueba-, tal y como a menudo iba caracterizada Mary Santpere. Vaya, no sé si se acuerdan de la gran Mary Santpere. El papel lo hacía un hombre, con lo que se podía pensar que estaba representando a un travesti. La Vicenteta era basta y venida a menos, ajada, con el rimel permanentemente corrido y la pluma de pavo que le remataba la diadema, mustia. Se expresaba con los giros dialectales y el inconfundible dejo de una valenciana emigrada a Barcelona. Pues a ver si me explico con El Gilipollas: lo interpretaba el mismo actor, David Fernández, que encarnaba a Rodolfo Chikilicuatre. Y es que, a pesar de que toda la troupe era grotesca, estos charnegos tenían un plus de caspa y ridiculez. De todas formas, hay que reconocer que, entonces, el jodío Buenafuente tenía gracia. No sé ahora.
Otro de la farándula catalana que también se refirió a la Cosa Nostra es Boadella; un personaje éste que, seguramente a diferencia del anterior, no resulta del agrado de Pujol, Ubu President. Aunque no siempre fue así: “Un día, a finales de los años 60, tuve que ir precisamente al templo económico de la Cosa Nostra camuflado entonces bajo el reclamo de Banca Catalana. Intentaba aplazar una obsesiva letra que gravitaba sobre el precario presupuesto de Els Joglars. Miseria naturalmente. Allí, me rebotaban de un despacho a otro, hasta que quizá convencidos de que también nos movíamos en el meollo de la cosa se dignaron acompañarme a la tercera planta donde estaba la madriguera del Padrone Signore Jordi.
Apareció entonces un milhombres bajito y cabezudo, cuyas maneras taimadas culminaban en la más genuina sonrisita diferencial. Parecía todo un profesional de la condescendencia y la mueca críptica. Sin mayores preámbulos, acercó su enorme testa al dictáfono, y pasando de todo recato, ordenó a su secretaria que le trajera el «dossier Joglars». ¡Me quedé petrificado! Media docena de titiriteros dedicados entonces a la pantomima, cuyo único capital consistía en nuestros pantys negros, merecíamos todo un dossier. El asunto se ponía emocionante. ¡Nos tenían bajo control!
Lamentablemente, no tuve tiempo de imaginarme demasiadas fantasías sobre el sofisticado espionaje, porque mientras aquel cofrade catalán del doctor No simulaba examinar atentamente el dossier, uno de sus incontrolados tics hizo resbalar sobre la mesa la totalidad del contenido. Eran dos recortes de prensa sobre nuestras actuaciones mímicas en un barrio de Barcelona. Nada más. Ya jugaban a ser nación con servicio secreto incluido.
Automáticamente, comprendí la magnitud de la tragedia, y algún tiempo más tarde, acabé constatándola cuando aquel notable bonsai del dossier, fue elegido hechicero de la tribu después de atracar el Banco, y endosar el marrón a los enemigos naturales de la patria.”
El demoledor y desternillante artículo de Albert Boadella sobre la intelligentsia catalana (El Mundo, 10-3-05), contiene párrafos tan reveladores como éste: “¡Y pensar que ahora podría estar de ministro de cultura en el tripartito...!
Con el tiempo he llegado a la conclusión de que solo una auténtica nimiedad fue la causa que arruinó mi brillante futuro tribal. Francamente, se me hacía difícil soportar de mis conciudadanos esta mueca que hacen con los labios y que pretende dibujar una sonrisa cómplice entre la elite patriótica.
Las sonrisas, en esta latitud del Mediterráneo norte, no han sido nunca sonrisas relajadas y espontáneas; analizándolas con cierto detalle, da la sensación que mientras se mueve la boca se aprieta el culo. Pero aquellas sonrisitas condescendientes (máxima expresión del hecho diferencial) aquellos guiños de etnia superior, ciertamente, tuvieron la virtud de exasperarme. Son muecas crípticas, reservadas solo a los que ostentan el privilegio de pertenecer al meollo del asunto. Se trata, de una contraseña indicativa de los preconcebidos nacionales y que también, obviamente, compromete al mantenimiento de la omertá general.
Estas sonrisitas, ahora triunfantes, pueden encontrarse hoy al por mayor, y muy bien remuneradas, en las tertulias de la tele Autonómica. (...) Por eso, en mis momentos bajos, sigo preguntándome: ¿Cómo pude ser tan insensato de autoexcluirme del festín? ¡Y todo por una puñetera sonrisa étnica!”
Hay otro mago del humor que siempre ha sido santo de mi devoción por sus originales e hilarantes gilipolleces, lo que no implica que haya comulgado con todas sus creaciones ni con su ideario: Almodóvar. Éste sí ha llegado a intelectual orgánico (negociado de la zeja circunfleja) y no se ha malogrado por el camino. De todas formas, me hacía más gracia antes ser domesticado, de convertirse en cineasta del régimen, cuando se le consideraba un pasota carente de compromiso, un ácrata sin implicación política, cuando los del puritanismo crítico de Cahiers du Cinèma, de Dirigido por, los de la Nouvelle vague o el Expresionismo alemán tenían ahijado a Bigas Luna y despreciaban el trabajo de Pedrito (Peedrooo, que chilló Pe como si fuera Heidi). Almodóvar ha perdido –como es lógico- parte de la frescura inicial, aquel candor de sus inicios under; ahora bien, la diferencia con que trata el tema de la violencia machista en su primera y última película es abismal. En Pepi, Luci, Bom una mujer es aporreada por su marido, policía, hasta tenerla que ingresar en el hospital, donde acaba descubriendo(se) el amor masoquista que le profesa. Mientras, en Volver, las sufridas protagonistas se toman la justicia por su mano sin remordimientos ni penalizaciones. Todo es relativo: la primera es gamberra a lo bestia y políticamente incorrecta con ganas, aquello de “si no sabes aguantar una broma, vete a la porra”, que decía Gila. En su última obra se nota que ha evolucionado. O algo así. Ahí es como si los jueces estuvieran en huelga y qué vas a hacer, apañártelas como puedas, por tu cuenta y riesgo.
Por el mismo programa radiofónico (Herrera en la Onda), supe de la concesión del premio “Gilipollas del año” a Federico Jiménez Losantos. El autor del galardón fue El Jueves, siempre en medio. Hay quien asegura que no tiene puta gracia pero si en la Sahada (profesión de fe musulmana, uno de los pilares del Islam) se afirma que Mahoma es el enviado de Dios y defendemos la posibilidad de publicar [inocentes] viñetas cómicas sobre él, cómo no sobre Jiménez Losantos, que no es más que un locutor de la emisora de la Iglesia. Dónde vas a comparar. Ciertamente, tampoco es que nadie haya pretendido lanzar una fetwa contra El Jueves.
En cualquier caso, lo de las gracias a Terra Lliure por el tiro en la cabeza, no lo cojo. A lo mejor es que yo soy cortito, pero cuando un chiste hay que explicarlo, qué quieren que les diga.

sábado, 24 de enero de 2009

Licencia para espiar

Es, por ahora, un misterio quién pueda ser el que la diera, no tiene sentido relacionarla con la red de tráfico de licencias de apertura ni ese tráfico con el de la M-30, ni ésta con el MI5, negro uno, blanco como la nieve el otro, nieve por doquier, desde Navacerrada con amor, por cierto que Esperanza niega a todos ser la espía que amó, cómo no, y hoy parecía que se había disipado la alta tensión entre los dos actores principales, que no son Sean Connery y Roger Moore sino Aguirre y Gallardón, quien, después de amagar con dejar la política en una pataleta algo pueril, decidió para sí que “nunca digas nunca jamás”, porque hay que ver cómo han cambiado las cosas desde que Aznar, tras ganar las elecciones, se pusiera al servicio de su majestad, que ahora parece más socialista que otra cosa, cuando Rato era ministro de Hacienda, que al lado de Solbes parecía Goldfinger, desde los tiempos de Acebes o Zaplana, este último semejaba la encarnación del Dr. No, aunque quien lo conocía bien aseguraba que era clavado a Octopussy, no en lo físico, y desde la operación trueno que supuso el Congreso de Valencia, donde se aplazó la caída de Rajoymuere otro día-, ahora sí cada vez más próxima.
Y todo ello sin solución de continuidad con el watergate que se llevó por delante, en una asamblea tramposa, al presidente del Madrid y lo apartó de la casa blanca para que tomara posesión (la víspera de la entrega de poderes al inquilino de la otra Casa Blanca) un naviero que dice que va a reflotar la nave ¿qué nave y dónde la vas a reflotar, si, vaya, vaya, aquí no hay playa? boludo le dirían si fuera argentino aunque entonces sería la casa rosada, y a todas éstas ¿alguien me puede explicar si guarda el asunto relación con la reciente salida, nunca aclarada, de Melchor Miralles, el director de El Mundo TV, de la Junta Directiva del Madrid?
Así que ¿de Madrid al cielo?: el cielo puede esperar. ¡Qué remedio!

lunes, 22 de diciembre de 2008

Campaña sobre campaña

Y sobre campaña una.
El Mundo presenta en primera página la noticia que ilustra la foto de arriba, con el titular “United Colors de la imposición lingüística” y el comentario “La Generalitat se jacta de que Montilla se reunió con ‘pastorets de tots colors’ de los cursos de inmersión para adultos, mientras Corbacho advierte de que ‘imponer el catalán a los inmigrantes tendría un efecto contraproducente’”. El pie de foto, en fin, reza: “Montilla, rodeado ayer en Vic de los ‘pastorcillos navideños’ de los cursos de catalán para adultos de la Generalitat”.
Por lo que se ve, no tenían pieles rojas y a algunos les han pintado la cara de carmín. Los de la ocurrencia deben ser los mismos de la chirigota aquélla de la campaña de las autonómicas, la cuña publicitaria con la música del anuncio de Nocilla: “Compromís, gestió, experiència i feina, Montilla. Montilla l’aliment que necessita Catalunya”.
Suponemos que los padres habrán autorizado la difusión de la imagen de los niños por aquello de la protección de los menores y ninguno habrá opuesto dificultades relacionadas con conflictos religiosos. ¿En qué idioma habrán firmado la autorización? ¿Mantendrán el crucifijo en ese centro donde –al parecer- han colocado o representado el belén?
Pero hay algo que me intriga de verdad: ¿De qué cojones va el niño de la derecha? ¿De embajador plenipotenciario de Herodes, de pastor de reptiles, de cardenal o de lo que parece: de diablo? ¿Y qué hace un demonio colorao en un nacimiento? Que me lo expliquen estos artistas de la multiculturalidad.
Ya me imagino el villancico:
Venid pastorcillos
Venid a adorar
Al Molt Honorable
President de la Generalitat.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Homosexual y apaleado

Hace quince días, el 27 de noviembre, un hombre resultó muerto y otros dos heridos en una pelea entre gays, por cuestión de celos, en Madrid. Hubo entonces quien se preguntó –admitamos que con una pizca de cinismo y bastante mala leche- si había que enmarcar el suceso en la violencia de género y, en tal caso, en cuál: ¿el masculino, el femenino o quizás el neutro?
Ayer, el diario El Mundo publicaba la noticia que ilustra la imagen de arriba y que se refiere a Jose L. S. y a la chica de la foto, Rocío Ruiz, ambos víctimas de la violencia de pareja o doméstica, que es como tal vez se debió llamar siempre, ya que el género es un accidente gramatical, una de las categorías en que se pueden dividir los sustantivos, adjetivos y pronombres. El primero llamó al 016, al teléfono de atención a mujeres maltratadas, y no le atendieron, y Rocío solicitó una orden de alejamiento que no le fue concedida. Además, en una de las asociaciones de mujeres a las que acudió, le dijeron que no le podían dar la asistencia jurídica gratuita establecida en el artículo 20 de la Ley de Protección Integral, porque su agresor no era un hombre. La periodista autora del reportaje, Amaya García, afirma que el periódico contactó con el Ministerio de Igualdad, pero no obtuvo contestación. El suelto da respuesta al interrogante formulado: no es violencia de género.
A ver si al final tenían razón quienes reclamaban un tratamiento distinto del problema, castigando el delito sin predeterminar quién fuera la víctima o el victimario ni el sexo de una u otro. Tampoco, por supuesto, la orientación sexual puede ser un dato a tener en cuenta. Los defensores de la norma, tal y como está redactada, se posicionaron en la idea de que la agresión de una mujer a su marido era... ¿qué era inconcebiblemente machista o feminista? No pensaron en esta situación. De todos modos, hacer aquella “discriminación positiva” se ha revelado perfectamente inútil o, incluso, contraproducente.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Lo divino y lo humano

El otro día me puse a pergeñar adivinanzas: “¿Todo ateo es por (auto)definición un desalmado?” No era algo descalificatorio sino una reflexión en voz alta con el único objeto de hacer un juego de palabras –en su sentido más literal- y de conceptos; una greguería en forma de interrogación. Ni que decir tiene que la respuesta era negativa: un agnóstico (y siguiendo con la broma, incluso un ateo confeso) puede ser tan beatífico y piadoso como cualquiera. Yo, antes, era de vocación polemista; la discusión empieza a cansarme.
Ayer le oí decir en RNE al Párroco de Loyola –cuya basílica está situada a escasos 100 metros del lugar del crimen-, que el sitio era, desde que mataron a su amigo Ignacio Uría, menos humano y (titubeó: hasta los sacerdotes están condicionados por la corrección política) menos cristiano. Hace tiempo –un tiempo que se me antoja lejano pero que no lo es tanto- los seminarios eran el vivero de la banda, uno de sus mayores proveedores de material ¿humano? Hoy lo es el botellón vasco: la kale borroka.
En marzo asesinaron a Isaías Carrasco, un empleado de la autopista; ayer a un empresario relacionado con el AVE. La autovía de Leizarán –igual que la central nuclear de Lemóniz- se cita como precedente de la oposición al tren de alta velocidad, pero aquí, en el caso de la “Y vasca”, se señala una diferencia capital: sirve para articular Euskadi con el resto de España. Razones y sinrazones para quien aspira a mandar al País Vasco de vuelta a las cavernas: txapela de piel de oso, hacha y garrota, y un trabuco carlista como elemento modernizador.
Otra vez volvemos a oír la letanía: era un hombre de aquí, de toda la vida, un vasco de pro. Edurne Uriarte la entona en su columna de ABC (Uno de los nuestros) con una intención cuya bondad no se cuestiona. Quien fuera presidente del Foro de Ermua, Vidal de Nicolás, rechazaba tajantemente esos argumentos. Él, que había padecido, como luchador antifranquista, la cárcel y el exilio, decía que era inmoral destacar esas características de las víctimas o la de ser vascohablante, porque suponía arrogarse la capacidad de juzgar a quién se mata con más derecho.
Hoy, el diario El Mundo subraya que, tras el asesinato, siguió desarrollándose (sin Ignacio) la habitual partida de cartas que todos los días jugaba la víctima y a cuya cita se dirigía puntual cuando lo cazaron los criminales. Carlos Herrera decía, esta mañana, que tal vez haya que hablar de un epidemia, de una especie de afección [in]moral en el País Vasco. Cuando el atentado a la Casa Cuartel de Legutiano, el pasado mes de mayo, yo lo afirmaba en un post: Enfermos de podredumbre. En todos los medios, junto al detalle de que en Azpeitia gobierna ANV (en este momento, no me preocupa tanto que se dieran las condiciones para que haya un alcalde de ANV como el hecho de que le vote la gente) sobresale un adjetivo: inhumano. Empiezo a dudar si no es todo lo contrario, algo Humano, demasiado humano, como decía Nietzsche. Otra cosa es que nos pongamos a buscar sinónimos (conceptuales) y los encontremos en animal, en monstruo, en ser despiadado, en bestia sin raciocinio ni sentimientos.
Pero sí, supongo que sí: son unos seres desalmados e inhumanos, que sólo provocan dolor y asco.

martes, 2 de diciembre de 2008

Breves y graves

Hay días que la prensa viene que da miedo. Hoy es uno de esos. A noticias así le cuadran comentarios breves y lapidarios.
El País: “Su seguridad está apagada o fuera de cobertura. El control telemático de los maltratadores es un avance, pero se enfrenta a zonas oscuras”. Tantas veces que estamos a vueltas con el terrorismo callejero o el internacional, lo del individuo deleznable ese, Maximino Couto, y otros de su ralea, es auténtico terrorismo casero. Que se dejen de bromas de pulseras y que no los suelten.
La Vanguardia: “India pide a Pakistán que le entregue a 20 terroristas presuntos responsables de varios atentados. Islamabad ofrece a Nueva Delhi, que ha descartado una posible acción militar, crear una comisión conjunta para investigar los ataques en Bombay”. Por si cabía alguna duda, el ataque de Bombay parece confirmar que la Alianza Contra la Civilización ha declarado la guerra.
20 minutos: “El nivel de agua baja en Venecia pero aún supera más de un metro de altura”. No sabemos si lo de Venecia responde al cambio climático pero esas inundaciones, las peores de las últimas décadas, parecen el Diluvio Universal. ¿Sodoma y Gomorra?
El Mundo: “La Generalitat traduce los apellidos de funcionarios que ganan plaza en Cataluña. En una resolución de la consellera Tura publicada en el ‘Diari Oficial’”. La última noticia es, con diferencia, la más leve. Y al cordobés de nacimiento, Montilla, ¿cómo le llamarían? ¿Blanc del Penedés?

lunes, 22 de septiembre de 2008

Crónica de sociedad

¿Vieron el artículo de arriba en la edición de ayer de El Mundo? No se sabe si era un gazapo, un conejo en la chistera o es que andaban carentes de noticias y colaron ésta como cuando sueltan una serpiente de verano. Parecía una errata enorme pero igual era otro roedor desconocido que se deslizó en forma de plantilla para maquetar la sección.
Por si no se ve bien, éste es el resumen. Un titular: “Título de tres líneas centradas para sociedad y cultura”; un subtítulo: “No tenía ganas ni necesidad del genial pintoras de malagubras para unas” (sic); una foto de una negra (en lenguaje políticamente correcto se llamará de otra manera, pero una negra es lo que se ve) acompañada de un loro. Éste mira a la cámara mientras aquélla mira al pajarito. Todo muy propio. Debajo de la foto, este texto: “Pie de foto falso para ver cómo queda esta página” y tanto el artículo como la foto vienen suscritos por un enigmático “Firma” (¿?) El texto, evidentemente confeccionado con la novedosa técnica del “copiar y pegar”, repite hasta tres veces la historia de un arbitro de 41 años, nacido en Bilbao.
El columnista decimonónico, cuando no iba en batín y pantuflas y escribía en su mesa camilla, se asemejaba a un oficinista gris dotado de una prosa llena de enjundia; tenía pluma de escritor de altos vuelos. En el siglo pasado, en buena parte gracias a Bernstein y Woodward y su Watergate, el gacetillero se convirtió en periodista de investigación. Su labor se ha ido parcelando en especialidades y algunas –como la del periodista deportivo o la del paparazzi- han alcanzado una pujanza inusitada. La invención de los medios de comunicación audiovisual revolucionó el periodismo y los reporteros se convirtieron en comparsa obligada en guerras y acontecimientos de todo orden. La prensa se fortaleció hasta convertirse en el 4º poder nominal, aunque en realidad se situaba a menudo por encima de los otros. Hunter S. Thompson ideó el periodismo gonzo, donde el cronista devino en actor fundamental de la trama narrada y Billy Wilder, en su Primera Plana, nos dio todo un recital de las malas artes de la profesión; un curso de ética periodística en negativo. Así hasta Jiménez Losantos, quien nos cuenta las verdades como puños, pero no por su tamaño o calidad sino por cómo las suministra. Y ahora El Mundo inaugura un género: el periodismo inexistente, en el que no hay sujeto, no hay noticia, no hay informador y no hay apenas nada. Pensábamos que el futuro venía ligado a Internet y relacionado con las nuevas tecnologías pero tal vez estábamos equivocados y la cosa va por este camino.
Nunca he creído que la prensa fuera fiel reflejo de la realidad, aunque, no sé, a lo mejor la reelabora dándole al vacío existencial un sesgo dadadista de banalidad humorística.