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lunes, 27 de febrero de 2012

Consejos vendo que para mí no tengo

En un reciente debate radiofónico oí decir: «Cuando hay negociaciones entre la patronal y los sindicatos, la gente lo visualiza como un enfrentamiento entre los cabrones y los vagos». Añadía el tertuliano que buena parte de culpa recae sobre los agentes sociales en general y sobre los sindicatos en particular.
El ABC publica hoy una noticia de la que se hacen eco otros medios: «Los sindicatos mayoritarios controlan un complejo entramado de sociedades limitadas y anónimas que suman unos activos de más de 240 millones de euros. En el último ejercicio contable presentado en el Registro Mercantil, las 53 empresas analizadas obtuvieron unos beneficios de 10.595.000 euros.
Los sindicalistas se convierten en patronos en varios sectores económicos e incluso se asocian a grandes multinacionales como el BBVA y Telefónica, alianzas de las que obtienen suculentos réditos en el campo de la gestión de planes de pensiones de empleo privados».
La peña empieza a estar muy harta: de los despidos y de la ley del embudo que aplican algunos.

lunes, 20 de febrero de 2012

Hablamos de sexo

Salvo un uso figurado, casi metafórico («el eterno femenino», «un hombre muy masculino»), femenino y masculino son género, accidente gramatical, no sexo. Pero es que hemos acabado confundiendo los términos y haciéndolos intercambiables. Dentro de poco, podremos hablar de «generador de pollos» en vez de «sexador de pollos», trabajadoras del género, enfermedades de transmisión genérica o capitán sexual. Si discutir del sexo de los ángeles dio pie, en Bizancio, a inacabables y complejas controversias, ¡cuánto más difícil hubiera sido abordar la cuestión de a qué género pertenecían!
En 2004, con motivo de la preparación de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, el gobierno pidió un informe a la Real Academia sobre el término. El dictamen, elaborado por Antonio Muñoz Molina, no pudo ser más concluyente: El uso de «género» en lugar de «sexo» procedía de un préstamo del inglés, una traducción literal y errónea de «gender», ya que «sex» únicamente hace referencia a las relaciones sexuales. En ese idioma no existe el concepto de género gramatical y los objetos, al contrario que en español, no tienen esa característica. El gobierno, al decidir la redacción definitiva de la Ley, ignoró la autoridad lingüística de la RAE y se plegó a la presión de colectivos feministas (¿y frígidos?). El sexo vuelve a ser tabú.
El 10-4-08 publicaba El País un artículo de Javier Rodríguez Marcos sobre la posibilidad de cambiar el nombre del Congreso para que fuese «de los Diputados y las Diputadas». Recordaba el articulista que en las lenguas románicas el masculino es el llamado género no marcado, es decir, que abarca a individuos de los dos sexos y servía no solo para los seres humanos sino también para los animales, de tal manera que cuando alguien dice que el oso es una especie en peligro de extinción incluye tanto a machos como a hembras. Citaba, además, a Ignacio Bosque, miembro de la RAE, quien consideraba el desdoblamiento artificioso y ridículo: «… no responde más que a una simple regla gramatical. La misma que funciona cuando se coordinan un sustantivo masculino y uno femenino. En “Juan y María han ido juntos”, “juntos” es un masculino plural: “Así es el idioma, no hay otra forma de decirlo”». De la misma opinión era Mercedes Bengoechea, decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares y estudiosa del sexismo en el lenguaje.
Lo que pasa es que cuando una cuestión extraña al debate político es prohijada por un bando, este y el contrario toman partido y ya no hay manera de discutirla racionalmente. El alineamiento releva de la necesidad de allegar argumentos: ya vienen elaborados y deglutidos de antemano. Esto explica que cuando Ana Mato, al poco de tomar posesión de su Ministerio, eludió referirse a la violencia de género y usó otra terminología, hubo quien se escandalizó, como si se hubiera producido un paso atrás en una gigantesca conquista social.
¿Así que sexo M, F? En catalán estaría claro (mascle, femella) o en francés (mâle, femelle) y en inglés también si no fuera porque ahí sí es género (male, female), pero en español… (¿macho y fémina?, ¿mengano y fulana?). Melonadas y futilidades.
P.D. Menos de quince días después de publicar este post, la RAE aprobó un informe del académico Ignacio Bosque, del que se hicieron eco los primeros El País y ABC, que encendió de nuevo y más que nunca (erre que erre, que no ERE que ERE) la polémica.

domingo, 1 de marzo de 2009

Garzón: homo iuridicus

No puedo negar, ni falta que hace, que el magnífico artículo que escribió Herrera en ABC me dio que pensar y me sugirió este post. No pretendo enmendarle la plana ni corregirle en modo alguno –vamos, ya me guardaré yo más que de mearme en la cama- sino dar mi visión personal sobre este hombre. ¿Qué digo hombre?: ¡este titán!
Alabado y denostado a la vez, objeto de encendidos elogios y críticas despiadadas, pasa con facilidad de insobornable a prevaricador. Socialistas y populares dicen de él y se desdicen después. Pedro Jota, su gran valedor en los tiempos del GAL, fue condenado por difamarlo en lo del ácido bórico. La forma en que instruye los sumarios ha sido siempre muy puesta en cuestión. Hasta se ha llegado a apuntar que si fuera escrupuloso en hacer cumplir lo juzgado, lo de la herriko taberna de Lazcano no hubiese ocurrido porque hace tiempo que estaría cerrada: una desidia como la del juez Tirado pero sin unas consecuencias tan desastrosas y sin sanción. El Mundo publicaba que un error suyo, al no acordar la prórroga de la prisión provisional, obligó a poner en libertad a dos presuntos narcotraficantes turcos. El mismo Consejo General del Poder Judicial que ahora le defiende tuvo que llamarlo al orden cuando andaba por esos mundos haciendo bolos con perjuicio de la atención de los asuntos de su despacho. Aparte de conferenciante, y a pesar de la sintaxis embarullada de que adolece la prosa de sus resoluciones, es autor de varios libros. Ian Gibson lo propuso para académico de la lengua.
Aunque luego la cagara con la instrucción, el procesamiento de Pinochet concitó en España una simpatía casi unánime; algo que no tuvo el proceso de la memoria histórica, divisor nacional y gran gatillazo. Discrepo de Herrera en que su afición a pisar charcos y meterse en jardines sea de los tiempos del zapaterismo. Pienso que se remonta años atrás y tiene que ver con su divismo, con esa egolatría patológica y daliniana (lo importante es que hablen de uno, aunque sea bien). Cuando Felipe González le hizo la promesa televisada de un puesto relevante para luchar contra la corrupción pensó que había llegado a culminar sus aspiraciones. Luego, una vez hizo su papel de señuelo electoral de usar y tirar, por las resistencias del aparato del partido a cederle poder a un advenedizo sin pedigrí o lo que fuese (qui lo sa), quedó relegado a un papel secundario al que no se resignó. Todos entendimos su frustración y hay quien atribuye a ese contratiempo su confusión entre justicia y venganza. Desde entonces está ansioso. Al solicitar el certificado de defunción de Franco, Gustavo Bueno describió con estilete su mesianismo: “Garzón tiene complejo de Jesucristo para juzgar a los vivos y a los muertos”.
Reclama la independencia judicial y la desmiente con sus filtraciones interesadas. Fue a él, y no al juez de paz de Cangas del Morrazo, a quien pillaron en la cuchipanda cinegética en alegre camaradería con Bermejo y él fue quien concurrió como número dos del PSOE por Madrid, detrás de Felipe. Al retomar entonces la carrera judicial, unos y otros ya dudaron de su imparcialidad, así que tampoco resultan extrañas las acusaciones de Rajoy.
Cuando cocinaba la tregua, Zapatero confesó su intención de no cumplir la Ley de Partidos porque era muy dura (dura lex sed lex) y Carrillo, en la tertulia de La Ventana, afirmó que la voluntad política podía hacer innecesaria su observancia. Como si el sometimiento a la legislación y a los tribunales de justicia no fuera el primer requerimiento de un Estado de Derecho. Pero si mal está que un político se manifieste así, más grave resulta que un juez acomode su actuación a determinada sensibilidad política y esté atento a unas demandas localizables. En esa época de la tregua, se mostró escasamente preocupado por las exigencias jurídicas de la Ley de Partidos, excesivamente contemporizador y alejado de la máxima a la que se atienen los jueces respetuosos del derecho: Fiat iustitia et pereat mundus.
Don Baltasar parece estar a ese aforismo sólo cuando el cielo se hunde en una concreta dirección.

viernes, 21 de noviembre de 2008

La naturaleza imita al arte

La agencia Reuters ha distribuido la noticia de que “El pueblo alemán de Hamelin necesita un flautista moderno”: “Wahmes afirmó que se hará todo lo posible para resolver el problema rápido y que todo el asunto estará superado para el próximo año, cuando el pueblo conmemore el 725 aniversario del famoso relato.” (Reporte de Josie Cox; Traducido por Ariela Navarro [¡uf, qué susto!] en la Redacción de Madrid; Editado por Lucila Sigal) ABC hablaba de que “el cuento se repite” y 20 minutos o Antena 3 se referían a que Hamelin volvía a ser invadida por las ratas.
Yo simplemente creo que han elegido esa pequeña ciudad germana, situada al norte de Hanover, en lugar de Disneyworld, para celebrar el octogésimo cumpleaños de su primo Mickey Mouse.
Garzón, que es (no digo que esté como tal) una cabra en el horóscopo chino, tiene el escorpión por signo zodiacal en Occidente (acaba de cumplir años). Bueno, pues le pasa lo de aquél del cuento que se subió a una rana para vadear un río y le picó a mitad del trayecto. Por supuesto, murió ahogado, como los roedores de los hermanos Grimm en el río Weser. Al batracio le confesó que no lo había podido evitar porque estaba “en su naturaleza”.
Al superjuez, como al Segismundo de Calderón, “nada le parece justo en siendo contra su gusto”. Lo mismo que el héroe de La Vida es Sueño, vive de espaldas a lo material, en una caverna que recuerda a la de La República de Platón (no la de Barceló, hecha a imitación de las grutas de su tierra, la del Drach, de Artà o de l’Hams), en un mundo que se le representa como sombras danzantes. Por eso, nuestro Burlador de Jaén (Sevilla) confundió la de Franco, proyectada en la roca, con el general mismo, en carne y –sobre todo- hueso, Convidado de piedra del esperpéntico proceso. Cuando el fiscal le zarandea para despertarlo, se da de bruces con la realidad, salvándole de ser, mal que le pese, a semejanza del protagonista de otra obra atribuida a Tirso de Molina, Condenado por desconfiado. Hasta Zapatero ha hecho de Pepito Grillo, subrayando el olvido generalizado de la efeméride del Veinte-ene.
Santiago González, en el programa de Herrera en la Onda, también advirtió de imitaciones artísticas, de pulsiones quijotescas: “—Mire vuestra merced -respondió Sancho [el fiscal]- que aquellos que allí se parecen no son generalotes represores y falangistas (gigantes, vaya), sino difuntos (¿hace falta mencionar los molinos de viento?)”
A mí, este episodio de vodevil, de comedia bufa, me trasladaba a aquel precioso soneto de Quevedo, Responsabilidad penal (Amor) constante más allá de la muerte, que me hicieron aprender en BUP, cuando en el bachiller todavía se obligaba a aprender cosas de memoria:
“...Mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria [¿histórica?], en donde ardía...
… su cuerpo dejará no su cuidado;
serán ceniza mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo imputado (enamorado)”.
Aunque Garzón no duda, le resulta difícil, como a Descartes en el Discurso del Método, distinguir el sueño de la vigilia. También tiene en su nómina duendes, espíritus malignos: los del Círculo de Bellas Artes, que le empujan en una dirección cognoscitiva errónea, hacia una visión sesgada y falsa del universo. ¡Qué exaltación, la de Ian Gibson, elevando el Auto del juez a la categoría de obra de arte! Si de La Fontaine, como antes de Esopo, bebían todas las fábulas, ahora es en Almeida (la mesa, en árabe) donde los proverbios encuentran su alimento. De ahí la propuesta de anexar la Resolución a la Constitución, a modo de moraleja: “Ponga la de Garzón y tire la vieja”. (A todas estas, ¿cómo es que Cristina no se ha cambiado el nombre? También Mickey empezó siendo Mortimer hasta que se rebautizó).
Bichos que bailan al son que les tocan y caminan derechos a su perdición… desde luego que la naturaleza imita al arte con tozudez sin cuento. ¿Y cómo acabar con las ratas? Pues ni pitos ni flautas: se soplan las velas, se reparte el pastel y después de romper una piñata con caramelos, cada mochuelo a su olivo y cada rata a su agujero.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Zapatero, a tus zapatos

RPP Noticias encabezaba así la noticia: “José Luis Rodríguez Zapatero pierde el zapato izquierdo”. ABC colocaba un escueto titular: “Zapatero pierde el zapato izquierdo”. La Gaceta de los Negocios decía “Zapatero pierde un zapato” y subtitulaba “Una avalancha de periodistas a la salida del Congreso provocó la graciosa anécdota”.
Vaya hombre, encima el izquierdo. Ha perdido pie y hay quien dice que la cabeza y hasta un tornillo. Fue un revuelo, una pequeña zapatiesta. Debido a esa situación, ayer, tuvo enjundia la discusión en el Congreso sobre los Presupuestos:
—Yo creo que sólo se le ha salido un poco del talón, lo que pasa es que le tapaba el antepecho del escaño y no se veía.
—Pues yo, por los gestos, apostaría a que se le ha salido totalmente del pie.
A la finalización del acto, el Presidente declaró: «Me habéis sacado el zapato, pero bueno... nada». Una periodista le dijo que había sido él mismo, al tropezar con la moqueta, pero Zapatero reiteró su versión: «No, habéis sido vosotros».
Ya le habían sacado el zapato y por poco le sacan de sus casillas. ¡Zapateta!, que diría don Pantuflo Zapatilla, el padre de Zipi y Zape. No vimos si lucía tomate en el calcetín igual que Wolfowitz en su visita a la mezquita turca de Edirne. El presidente del Banco Mundial, haciendo de Carpanta, quería escenificar la Alianza de Civilizaciones. Zapatero a quien imitó un poco fue a Remedios Amaya, nuestra cantante descalza en Eurovisión: “¡Ay quién maneja mi barca, quiénnn, que a la deriva me llevaaa!”
Viendo las imágenes que salían por la tele, yo creo que algo de culpa tuvo, que no estaba en la faena, que pisaba sin garbo, fuerza ni convicción, como quien chafa charcos. Como de costumbre.