Mostrando entradas con la etiqueta monarquía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta monarquía. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de julio de 2014

¡Qué Ascot!

En Buckingham Palace creían que los vampiros estaban ocupados en el Tour y les ha sorprendido que pillaran a una de sus yeguas dopada. Claro que con ese nombre ¡Estimúlate! ¿Ah no? ¿Que nada de mula? Bueno: Estimate. El mozo de las cuadras dice que la familia tampoco daba mucho ejemplo, que le daban al gin cosa mala.
El portavoz de la Casa Real ha declarado que no hay nada extraño en que a la yegua le vaya el caballo.

martes, 3 de junio de 2014

Y colorín coronado, este cuento se ha acabado


Con lo poco que me había prodigado con el Rey, cualquiera diría que me ha dado por ahí: ¡dos entradas seguidas! Además, la anterior tenía como un cierto aire predictivo, con el cetro convertido en bastón de mando, en muleta.
Ahora sí que queda en figura decorativa. Hay quien piensa que con tal de no trabajar...
Eso sí, podemos desmentir por fin, con total rotundidad, que participara de algún modo en el 23-F. No ha dado golpe en su vida.

miércoles, 30 de abril de 2014

Lapsus real, real lapsus


En el discurso de entrega del Premio Cervantes de 2014 a Elena Poniatowska, el 23 de abril (como está mandado), el Rey pronunció: «La propia autora advierte que ...». El verbo advertir tiene dos significados muy distintos según vaya o no acompañado de la preposición «de»: advertir que: reparar, observar; advertir de que: llamar la atención de alguien sobre algo, hacer notar. La propia autora premiada, Elena Poniatowska, debió advertir que algo no funcionaba en el discurso y pudo advertir al Rey de que la frase no estaba bien construida. Porque, evidentemente, Don Juan Carlos quiso decir «advierte de que».
En honor a la verdad, el resbalón habrá que atribuirlo a algún cortesano de esa cohorte que otras veces le han sujetado para que no cayera y que en esta ocasión le ha empujado. Por algo le llaman Juan Carlos I El León.

lunes, 4 de marzo de 2013

Corinna: la reputación del Rey


A veces los monarcas se ven en la tesitura de escoger el camino del corazón o el de la razón (de Estado). Para Enrique de Borbón (¿antepasado de Juan Carlos?), IV de Francia, París bien valía una misa, mientras que Eduardo VIII renunció a ser rey británico para casarse con Wallis Simpson (¿antepasada de Homer?), quien ya acumulaba dos divorcios.
 Si nuestro soberano hubiera de elegir, ¿con quién se quedaría, con la corona o con la Corinna? Apostaría a que ejerce la primera opción, pero, como es un tío tan campechano, cualquiera sabe.

martes, 4 de diciembre de 2012

¡Conque era eso!


miércoles, 22 de septiembre de 2010

Parientes y trastos viejos

Pocos y lejos.
Juan Carlos de Borbón decía de Hassán, el padre del individuo que aparece a la derecha del espectador, que era su hermano. Cuando yo era pequeño, nuestro jefe en los boy scouts comentaba un precepto del decálogo (“el scout es amigo de todos y hermano de cualquier scout”) apostillando: «hermano, pero no primo». Ese parece el parentesco que tiene el de la izquierda: primo de Mohamed (¿y de Camilo?) Sexto.
La instantánea data de 2003. Ayer, cuando Zapatero estaba haciendo las américas, mientras les retrataban de nuevo, se captó off the record un comentario que le hizo al otro protagonista: «Lo importante es la foto».
Para enmarcar ¿no? A ello me he limitado y salvo que venga manipulada de origen (cosa que no parece)... pues eso.

lunes, 22 de febrero de 2010

Un dedo de frente

La respuesta airada, la moda de corresponder con higas y butifarras al acoso de uno o varios histéricos, probablemente arranca de mucho antes, pero el corte de mangas verbal del Rey a Chávez, el “¿por qué no te callas?”, marcó un hito en eso del comportamiento de personajes públicos en público. El propio Juan Carlos fue protagonista de una famosa peineta dirigida a los hooligans batasunos. Recientemente, también ha sido noticia la actitud chulesca y políticamente incorrecta de la jueza Ángela Murillo, en un juicio a Otegi. Lo que hizo no sólo implicaba desautorizarse a sí misma (en el sentido más literal, perdiendo la autoridad de que está investida en el ejercicio de su cargo), sino –lo que puede ser peor- que perjudicó al proceso.
En cuanto al gesto de Aznar, no voy a reivindicar aquí y ahora la libertad de expresión de unos energúmenos (aunque tampoco la niego), pero él es un ex- presidente que cobra un buen sueldo y no debe rebajarse. El cargo (o el ex-cargo) y la retribución actual, vigente, contante y sonante, lleva consigo la obligación de aguantarse, la de no ceder a ese impulso primario, la de reprimir la tentación de hacer lo que le pedía el cuerpo en ese momento; privilegio que, paradójicamente sí que ostentamos los peatones españoles y que puede llevarnos a un lógico –pero injustificado- sentimiento de solidaridad. Analizando las reacciones y el movimiento de comprensión y simpatía que generan estos excesos, vemos que va por barrios y depende del protagonista del exabrupto y, en ocasiones, de su destinatario; pero la cuestión es básicamente la misma y se (des)califica igual.
En vez de fascista (¿por qué no se usa aquí el dicterio “falangista”, un casi sinónimo más nacional?) y asesino, los de la masa vociferante le recordarán la próxima vez la dedocracia y le dirán maleducado. Y con razón.

sábado, 24 de enero de 2009

Licencia para espiar

Es, por ahora, un misterio quién pueda ser el que la diera, no tiene sentido relacionarla con la red de tráfico de licencias de apertura ni ese tráfico con el de la M-30, ni ésta con el MI5, negro uno, blanco como la nieve el otro, nieve por doquier, desde Navacerrada con amor, por cierto que Esperanza niega a todos ser la espía que amó, cómo no, y hoy parecía que se había disipado la alta tensión entre los dos actores principales, que no son Sean Connery y Roger Moore sino Aguirre y Gallardón, quien, después de amagar con dejar la política en una pataleta algo pueril, decidió para sí que “nunca digas nunca jamás”, porque hay que ver cómo han cambiado las cosas desde que Aznar, tras ganar las elecciones, se pusiera al servicio de su majestad, que ahora parece más socialista que otra cosa, cuando Rato era ministro de Hacienda, que al lado de Solbes parecía Goldfinger, desde los tiempos de Acebes o Zaplana, este último semejaba la encarnación del Dr. No, aunque quien lo conocía bien aseguraba que era clavado a Octopussy, no en lo físico, y desde la operación trueno que supuso el Congreso de Valencia, donde se aplazó la caída de Rajoymuere otro día-, ahora sí cada vez más próxima.
Y todo ello sin solución de continuidad con el watergate que se llevó por delante, en una asamblea tramposa, al presidente del Madrid y lo apartó de la casa blanca para que tomara posesión (la víspera de la entrega de poderes al inquilino de la otra Casa Blanca) un naviero que dice que va a reflotar la nave ¿qué nave y dónde la vas a reflotar, si, vaya, vaya, aquí no hay playa? boludo le dirían si fuera argentino aunque entonces sería la casa rosada, y a todas éstas ¿alguien me puede explicar si guarda el asunto relación con la reciente salida, nunca aclarada, de Melchor Miralles, el director de El Mundo TV, de la Junta Directiva del Madrid?
Así que ¿de Madrid al cielo?: el cielo puede esperar. ¡Qué remedio!

miércoles, 14 de enero de 2009

Haciendo planes ¡ay! para el futuro

Ahí lo tienen, fungiendo de líder universal, con el globo terráqueo junto a las banderas. Lo que no tengo claro es por qué aparecen las antípodas, el culo del mundo (con perdón para los naturales y vecinos de Oceanía), de cara al espectador. La imagen está cortada pero si tienen ocasión de ver el original lo podrán comprobar. A menos que se trate de tener frente a sí la parte europea.
El año pasado lo advertí: la oposición tiene un plan, el Plan de Salvación Nacional. El gobierno de E-spaña no podía ser menos y ya tiene listo el suyo, el E-Plan. ¿Y cómo ha transmitido la buena nueva a la ciudadanía, a los E-lectores? Pues como era de esperar: por sus propios E-medios. En el pasado remoto, el parte radiofónico se transformó en cinematográfico con el NO-DO, luego se hizo televisivo y ahora es virtual, telemático, se envía por E-mail, YouTube, página personal o Blog. Si la cosa viene por la izquierda, como en Inglaterra, mucho mejor, dónde va a parar su clarividencia, su armazón moral, su coeficiente intelectual y su arropamiento científico. Es algo E-stupendo.
La España de la LOGSE, de la A (de Aznar) a la Z (de Z), se ha quedado en la pura raspa del enunciado, en las letras. Hemos dado en lo elemental y sencillo, en el SMS, en lo light, todo más simple que el mecanismo de un botijo. Ya no hay sujeto y predicado, sólo letras, siglas y acrónimos. I más D más I. Oiga, pero ¿cuántas íes hay que poner?
El Plan A, que habría de ser de Ajuste, se convirtió en Amnesia por mor no de la Memoria Histórica sino de la siguiente fase a la que tenía pensado pasar sin solución de continuidad: el B, Borrar la crisis hasta del diccionario, aunque ya no lo consultase ni El Tato. Es falso de toda falsedad que el C consistiera en tirar del Carro. El invento lo fue de la Casa Real. Hubiera querido que fuese el del Cambio pero se le veía mucho el P, el Plumero, porque ese era el de O, Obama, así que lo dedicó a la Cumbre. Cuando estábamos en la Champions, el Plan Ch era el del Cheque regalo. Ahora lo tiene Chungo pero cualquier cosa antes que un Plan de Choque, así que será el del Chocolate, aunque sea del loro, no sea que alguien saque el Chorizo a pasear y la tortilla al sol. El D es Deputamadre. Escuche, que eso se escribe... es igual. Lo suyo es que fuera un Plan de Desarrollo pero Solbes le explicó que Tamames tenía dictaminado que “España se desarrolló a pesar de los planes de desarrollo de López Rodó”; en realidad E-ncubre el Déficit. Por fin llegamos al Plan, éste sí con mayúsculas: el E. No es de España, ni de Esquerra, ni de Estabilidad, ni de Estímulo, ni de Economía ni de Empleo; es un plan de Esperanza, ojo no Aguirre sino de Esa nadería, Esa vaguedad con mirada positiva y talante en sintonía con nuestro sonriente y E-minente Presidente, un Plan Estilizado como el logo de su letra, un Plan Errático y, sobre todo Electoralista. Stúpido. Esperamos que la cosa funcione como decía Tamames, porque si no, nos vamos todos a la eme también con mayúsculas.
Y ahí se planta, que después viene efegé (Felipe González), FG para los amigos, y no le mola. Erre que erre, Rodríguez, planeando sobre los problemas, se evita tener que aterrizar sobre éstos y evidenciar que no tiene ni P I.
Que planifiquen ellos, que diría Unamuno.

viernes, 2 de enero de 2009

Ya vienen los Reyes


Me refiero, claro está, a los Magos que son los que molan. Esa sí que es una monarquía de las buenas. Digo que ya vienen y ¡cómo vienen de cargados!, aunque rara vez nos echan lo que les pedimos.
Ya le habíamos visto la cara –la verdadera- al dimitido Gaspar (Llamazares) y al vigente –aunque algo deslustrado y con menos brillo- Baltasar (Garzón). Faltaba Melchor. Pues ahí lo tienen.
Hace un par de años, se apostaron en la puerta de El Corte Inglés de la calle Pintor Sorolla de Valencia, un grupo de muchachos bastante crecidos y vocingleros con una pancarta que rezaba (perdón): “Niños, los Reyes son los padres”. ¿Que parece mentira? ¡Pues por éstas que es verdad! Ya son ganas de jorobar y de dar la nota. Será que padezco el síndrome de Peter Pan, pero aún recuerdo lo mal que me sentó enterarme y el trago que me supuso cada vez que tuve que decírselo a un hijo (tengo tres). Luego resultó que ellos ya se habían enterado por su cuenta, antes de que yo se lo dijera. ¿Y qué les habían hecho a esos jóvenes –o al medio ambiente, a la justicia social, al statu quo climático o a la capa de ozono- los Reyes o los niños? Misterios de la peña reivindicadora. Los hay que se aburren y les da por ahí, por fastidiar. Igual era un grupo de Educadores Sin Fronteras que estaba haciendo un taller pedagógico para la ciudadanía, o una clase práctica, a pie de obra, para la gente menuda (un amigo dice que el colmo son los “Aduaneros sin Fronteras” pero a mí me suena, más que a oenegé, a la vaca sin cencerro que nombraba Almodóvar). Y dale con la manía de educar al hijo del prójimo y explicarle cosas. Estos racionalistas a ultranza son de un fanatismo parejo al que dicen combatir. Claro que todos los fanatismos son iguales.
Pues si eso, que es pecata minuta, cuesta de creer, aún resulta más difícil digerir lo del Código Civil catalán. El Libro Segundo, relativo a la familia, poco menos que deroga la denominación de “padres” (afortunadamente no la figura... todavía) y la sustituye por la de “progenitores”. Impone que (¡agárrense!), al cumplir los doce años, a los niños adoptados se les habrá de informar obligatoriamente sobre su origen. Éstos del tripartito son unos totalitarios y unos ceporros: establecen hasta el regalo de cumpleaños. Durante el gobierno de Maragall quisieron prohibir que en las tiendas de souvenirs de Las Ramblas vendieran muñecas de plástico vestidas de faralaes y toritos de fieltro. Lo intentaron justificar en que eran artículos cutres y horteras. Pretenden intervenirlo y regularlo todo: la estética (¿sobre gustos no hay nada escrito?), la familia, la lengua y la leche. Cuando algo no les cuadra, advierten al disidente de lo que le espera agitando su cuatribarrada; la suya propia con forma de esvástica. Hace mucho más tiempo, Tomás Ramón Fernández, catedrático de Derecho Administrativo de la Complutense y aficionado a los toros, participaba en un debate sobre la Ley catalana de Protección de Animales. Como se mostrara crítico con la norma (habría que aclarar que desde el punto de vista técnico-jurídico), se alzó uno de estos camisas pardas y le interpeló: “¿quién es usted para meterse con una ley aprobada soberanamente por el Parlament de Catalunya?” El profesor no se amilanó y lo despachó con dos papirotazos: “A mí no me calla la boca nadie y menos cuando estoy hablando de lo mío, de lo que entiendo, de disposiciones legales. No me he dedicado toda la vida a estudiarlas, a analizarlas y a criticarlas para que venga alguien como tú a decirme lo que puedo o no puedo decir. ¡Hasta ahí podíamos llegar!” Conque, hablando de reyes y visto lo visto, no sé si prefiero al Borbón o al Tardá.
—Los Reyes son los padres. (En Cataluña, los progenitores: los padres que, a veces, no son los padres. Por lo menos biológicos.)
—Vale.
—Y las madres.
—Es verdad, también las madres
—Bueno, mejor dicho la madre; que es sabido que no que hay más que una.
—Sí: la madre que los parió.

martes, 9 de diciembre de 2008

Chulos al volante

La edad de la ignorancia es una hermosa y ácida película del canadiense Denys Arcand, el autor de El Declive del Imperio Americano, que retrata con humor y ternura el vacío existencial, el desmoronamiento de los sueños y la frustración que abruman a un hombre de clase media al cruzar el ecuador de la cuarentena. En el momento álgido de los infortunios, cuando parece que no caben más desdichas en su vida, el protagonista se ve acosado en un semáforo por un energúmeno que le pita y le irrita, hasta sacarlo de sus casillas. Jean Marc –que así se llama- abre la espita de los nervios y empotra su coche contra el del imbécil de atrás, dejando al vehículo para el arrastre y al conductor con la mandíbula desencajada de sorpresa.
Líbreme Dios de predicar la violencia ni siquiera como respuesta frente a quienes la justifican, la jalean, incitan a ella o la practican, pero en ocasiones ocurre que, en solidaridad con el agredido, nos identificamos con esas reacciones exaltadas y nos reconforta ver que quienes van por la vida perdonando a los congéneres la suya, encuentran alguna vez la horma de su zapato. Vemos en ello a modo de una reparación moral, una cierta justicia poética. Ese mismo mecanismo psicológico explica la leyenda urbana que circula por Internet (¿dónde si no?) Para el que no la haya leído, se trata de un chuleta de estos que van con el buga tuneado, el bacalao atronando en su radiocasete y en un radio de cincuenta metros alrededor, de los que, si se cruzan con un colega, paran el coche y todo el tráfico rodado. ¡Y no se te ocurra llamarles la atención! ¿Quién no se ha encontrado con alguno? No pretendo hacer una descalificación global del estereotipo, sino describir al individuo del que estoy hablando. Bueno, pues resulta que uno de esos metrosexuales depilados hasta las cejas, de los que les dura la adolescencia hasta los veintitantos y siguen necesitados de que les presten ojos y oídos, aparcó detrás del Mercedes de un señor de edad que estaba sentado al lado, en la terraza de un bar, con su mujer. Cuando el matrimonio se dispuso a marcharse le pidió al joven que retirase el coche para poder sacar el suyo. El chaval tiró de repertorio para vacilarle a la pareja (“Tranqui tío, ¿qué prisa llevas? Te vas a estresar”) y no mostró voluntad de hacer caso ni pidiéndoselo por favor ni claxon mediante. El hombre, harto pero no alterado, se subió al coche, metió la marcha atrás e, igual que Jean Marc, lo estampó contra el carro reluciente del niñato. Éste se quedo blanco y sus propios compis le hicieron desistir de tomar represalias. Según se cuenta en la historia, el conductor del Mercedes le dijo algo así como: «mira hijo, para ser chulo hay que tener dinero y cojones. Ahora saca los papeles que va a pagar mi seguro pero tú vas a tener el coche dos meses en el taller.» Los circunstantes, siempre según la leyenda, prorrumpieron en una sonora ovación.
Y ahora, díganme: ¿no han sentido ganas de que le hagan algo de eso al Tardà y compañía, que alguien le pare los pies a esos chulos que se divierten empujando al Estado (que no a la Corona) hacia el borde del abismo? Pues, en lugar de eso sale Bono a poner paños calientes. Así nos luce el pelo (al resto, a Bono le luce que no veas).

N. del A. Aunque guarda una lejana relación en la temática, cualquier parecido entre esta entrada y la anterior es pura casualidad.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Políticos: ¡a trabajar!

Eso, dicho así, chirria, parece una contradicción en términos o, como se dice ahora, un oxímoron. Tras las loas, los homenajes y las glosas almibaradas que van implícitas en todo aniversario, hay que encender el espíritu crítico y doblar el lomo.
Para empezar, estando situado Zapatero entre los buenos, según el dictamen de la corrección política, o sea entre los nacionalistas (antes los buenos eran los progres a secas), debe hacerles entender a éstos que la lengua española –hablarla y conocerla- no es de fachas. Los que aquellos tienen por fachas –lo sean o no- están incapacitados de entrada, vetados para dar explicaciones, así que tendrá que ser él quien lo haga. Todo está en emplear su legendaria capacidad de persuasión y de diálogo. Hasta podría ser ése el inicio de una especie de pacto de Estado, de una bella amistad. No creo que resulte. Parece que ahora no se lleva tan bien con esa cuadrilla, pero no hay más que fijarse en Baleares, Galicia o Cataluña para ver que socialistas y nacionalistas conviven en simbiosis política: se necesitan mutuamente. Son las cosas del amor, que también tiene sus rachas. Eso sin contar con el hecho de que, donde existen con personalidad propia, están contaminados del virus del nacionalismo hasta ser irreconocibles y quedar prácticamente asimilados. O sea, que Zapatero ha de utilizar mano izquierda (se le supone como al militar el valor ¿no?), y Amor y Pedagogía para acabar con los prejuicios estúpidos. Todo menos usar la táctica de “si no puedes vencerlos, únete a ellos”.
“De Espanha, nem bom vento nem bom casamento”, dicen en Portugal, que viene a ser lo que en Valencia se enuncia así: “Quan el mal ve d’Almança a tot el món alcança” (no hay alcançar, está abastar, assolir, arribar, con significado próximo a alcanzar en español, pero lo importante era que rimase: se castellaniza el verbo y ya está). En fin.
Se cuestiona la necesidad de acometer reformas constitucionales. Las únicas llevadas a cabo hasta ahora, por la fuerza de los hechos, han sido las del Título VIII y las que afectan a los nacionalismos (su misma presencia en las instituciones, condicionando una y otra vez las mayorías parlamentarias, la definición de nación en suspenso, el artículo 3º, sobre la lengua, derogado de facto) y se ha aplazado sine die lo que verdaderamente interesa al conjunto de los españoles: la Corona, la propia estructura del Estado, recuperar la separación de poderes que estaba en el espíritu del texto primitivo, revisar las referencias que causan daño a personas y valores (el carácter integrador de las penas privativas de libertad, por ejemplo), jubilar al Senado, establecer un máximo de mandatos para los Presidentes, forzar la democratización de los partidos imponiendo sistemas de primarias o cosa parecida, eliminar los cupos en el nombramiento de miembros de órganos clave, establecer límites a la intromisión en la vida de los ciudadanos, poner topes al afán invasivo y regulador de las instituciones, replantear la Ley Electoral y el cómputo de la representatividad... ¿No es un absoluto desafuero que prevalezca la voluntad de los nacionalistas? ¿No supone una distorsión de la esencia de la democracia que, empezando con la declaración de intenciones de respetar los derechos de las minorías (algo muy saludable), acaben éstas por imponer sus criterios, por dictar su ley? Algo no funciona cuando la Constitución sirve de excusa para no llevar a cabo sensatas reformas legales que servirían para endurecer las penas de violadores, pederastas o terroristas, o que cumplan las condenas que se les impongan, pero no supone un freno para el voraz apetito de los nacionalistas. Este es el principal escollo, el reto más complejo al que nos enfrentamos.
Después del pasote que s’ha marcao el colega Tardá, con lo de “muerte al Borbón”, ¿se entiende mejor lo de mi post de ayer sobre los “elementos sospechosos”? Son malos compañeros de viaje y es flaco el favor que le hacen a la causa republicana, si es que pretenden hacerle alguno. Hemos llegado a un punto de no retorno con sólo dos alternativas: o independencia a la carta y a tomar por saco, o a refundar el Estado sin complejos, y tratar de recuperarlo física y anímicamente.
Para vetar ese u otro debate, como te descuides, sacarán a Franco o a Primo de Ribera (don Miguel) a paseo. El espíritu del dictador sigue sobrevolando la capital. Ayer pasó por Fuencarral hacia la Gran Vía como una exhalación. Si llega a haber un radar en un ático o azotea, no le habrían dejado un punto en el carnet. ¡Cómo iba el pájaro!
P.S. Dos días después de publicar esta entrada, Ignacio Camacho, en su habitual columna de ABC (Aporía de la Constitución) propugna un cambio político, pero no de la Norma Suprema ni de las fórmulas electorales, sino de estrategias, de manera que los nacionalistas conserven toda su representación. Es interesante su idea de que más vale tenerlos dentro que fuera, aunque -al margen de que se aprovechen de los mecanismos legales para ir contra la misma legislación que les ampara- no sé si dejarán...

sábado, 6 de diciembre de 2008

Elementos sospechosos

Como decía unos posts más abajo, mi deporte favorito era la discusión, pero me aburrí de polemizar y me dio por el ciclismo. La bicicleta es más sana pero también más cansada, una actividad más física y con menos química, así que di pedales hasta que me harté de las apreturas del maillot y del culotte, de la ridiculez del dodottis incorporado, una especie de compresa XXL de gomaespuma, y de las fatigas de la carretera. No me colocaba el gorro para protegerme sino para que no me conociera la gente. Los ciclistas dicen tener una relación especial con su bicicleta, a mí nunca me ocurrió. En los insoportables días de viento, me daba por pensar que no había salido a luchar ni contra los elementos ni contra las elementas (antes se decía así). La modernidad incorpora unos vocablos y desecha otros, y la corrección política del lenguaje tiene algo de moda: unas veces impone el femenino y otras lo proscribe. Después de una caída dolorosa, la bicicleta acabó en el balcón oxidándose, con las ruedas deshinchadas y llena de polvo, irrecuperable, junto a una botella de butano y tres macetas, dos vacías, encajada la una en la otra, y la tercera con un tallo mustio y la tierra dura y reseca. Al verla, me acuerdo y le meto patadas de rabia. Sin embargo, en vez de volver a la polémica, al menos en tertulia con nadie, he regresado a la lectura, a la discusión conmigo mismo y, ocasionalmente, al cambio de impresiones por escrito. ¿Por qué digo todo esto? No sé, me he perdido.
Ayer, el periódico La Razón señalaba a la Monarquía como la institución más valorada entre los españoles. A mí, conste, no me preguntaron. En Público sacan hoy la Constitución en portada y plantan este titular: “No es la Biblia”. Y si lo fuera, ¿a ellos qué? En páginas interiores, se desarrolla el asunto: “El PCE se desvincula de la Constitución de 1978 y llama a una ‘ofensiva republicana’”, a la vez que “defiende ‘desmontar el mito’ de que España le debe al rey ‘la democracia y la libertad’”. En eso, coincido con el PCE (por cierto, ¿aún queda alguien ahí?) a condición de que no se adjudiquen ellos el mérito. Estaría bueno. García Trevijano, notario y notorio republicano, aseguraba Carrillo que suscribió los Pactos de la Moncloa porque se quedó deslumbrado cuando le invitaron al palacio de ídem y descubrió la cautivadora sensación de que un criado te deslice una silla bajo el culo. Nunca lo he probado conque no lo sé. Como decía aquel viejo aforismo sobre la izquierda –que seguramente suscribiría Vázquez Montalbán- fueron a tomar el palacio de invierno y no pasaron de la cocina. Santiago (y cierra España) es un político amortizado y en entredicho. Él y Fraga forman el yin y el yang, las dos caras de una misma moneda. Son elementos de Transición. Frente a éstos –y junto a ambos- hay mucho elemento sospechoso suelto; sospechoso de aventurerismo, de propugnar el salto al vacío y de tapar su mediocridad con críticas acerbas a las imperfecciones de las obras ajenas. Son elementos que le recuerdan a uno, como el plutonio y el estroncio, el veneno letal y la descalificación soez. Treinta años después, seguimos pensando que la Constitución y lo que de ella se sigue es algo provisional y por más vueltas que le damos al envoltorio no encontramos la fecha de caducidad. Ahora bien, la mala calidad de la legislación que se viene dictando en la actualidad actúa de antídoto respecto a los ataques a la Carta Magna. Continuamente la están haciendo buena.
Tras el entierro de Ignacio Uría (y la infame partida de cartas) queda una imagen en la retina, si no de consuelo, al menos aprovechable: la de Rajoy y Zapatero juntos. Durará poco, probablemente menos que el lío montado en la FEMP por su insensato presidente. Hay un hadiz que aconseja: “Confía en Alá pero ata primero a tu camello”. Aquí no confiamos en nadie y nada dejamos atado. Será porque nos recuerda a algo. Al margen de las críticas justificadas y razonables, me da la impresión de que estamos contagiados por los partidos nacionalistas: hasta CiU, que participó en su elaboración, reniega de la Norma Suprema. Entre unas cosas y otras, hemos llegado a un estado depresivo, a añorar el espíritu ilusionado de la Transición, el compromiso, la negociación, el debate tan apasionado como civilizado, el consenso y la concordia. A la Constitución le vendría bien un repaso en profundidad, pero, tal y como está el panorama, y con determinados elementos sospechosos en danza, el que quiera, que la celebre; el que no, no, pero de momento lo mejor sería dejarla estar.
Si bien nos retrotrae a Fernando VII, el de “vivan las caenas”, el que usaba paletó, el Deseado (luego se arrepentirían), don Fernando el de los güevos colgando, Fernando que es gerundio, aquel bellaco del “vayamos todos y yo el primero por la senda de la Constitución” (mentira podrida, claro), “La Pepa” es una referencia válida. Recordándola, y sin que sirva de precedente, gritaré ¡viva La Nicolasa!, que, además de la onomástica del día, es el nombre de mi abuela (q.e.p.d.).

lunes, 17 de noviembre de 2008

Izquierda hundida

Lo decía no hace mucho: ahora que medio nacionalizan la banca, va Llamazares, el medio paisano de Letizia, y se larga. O se medio larga, porque tampoco renuncia al escaño en el Congreso.
En este país, ha hecho más por la causa de la república Jaime de Marichalar, otro de los hijos políticos del Rey (¿o ya no? ¿o cómo está eso?) que Gaspar Llamazares, que encima tiene nombre de rey. Y mago.
Lo malo es que esta vez no ha funcionado lo de “a rey [políticamente] muerto, rey [para el mismo] puesto” y no le han encontrado sustituto, o sustituta, o reina. O califa. O califesa.

martes, 4 de noviembre de 2008

Entre col y col...

En esta tesitura, en que andamos, como Jaime Peñafiel, obsesivamente ocupados con los asuntos de la monarquía, tan peritos en sus entresijos como ariscos con los miembros de la familia real, y mirando con el rabillo del ojo a las elecciones americanas, más puestos en el tema que Jesús Hermida y José Mª Carrascal juntos (en sus respectivos buenos tiempos), por poco se nos olvida que se está cociendo la madre de todas las cumbres: nada menos que la de refundación del capitalismo. Ahí es nada. Claro que si el invento no funciona, mejor no estar presentes.
Se han agotado las entradas en taquilla y la gente anda como loca buscando un pase. Zapatero ha rechazado estar en el fondo, en las gradas de general de pie, y alega que esas localidades se han erradicado de todos los coliseos. Ignorando las limitaciones de aforo, todos quieren que se les reserve sitio en el palco VIP sin estar abonados, «al precio que sea»; así que la reventa se ha puesto por las nubes. Sarkozy ha cedido un asiento al ministro de Finanzas de la República Checa y se espera que en el Consejo Europeo extraordinario de Bruselas dé con la manera de que asistan España y Holanda. Polonia, por su parte, se ha ido directamente al estadio, a Washington. Total que, más que a la capital europea, donde han cerrado las ventanillas, hay que estar atentos a la de EE.UU., donde, aprovechando el despiste producido por estar Obama cantando victoria, pueden intentar colarse, entrando en tromba, los parias olvidados por el encargado de mandar las invitaciones.
En resumidas cuentas, que entre col y col (de Bruselas), a ver si cuela y se consigue entrada.

viernes, 31 de octubre de 2008

Conjugando el verbo callar

En Público dicen que lo que la reina diga en privado no se haga público. Porque supongo que no querrán decir que se tiene que callar en su casa (¿será la reina de la casa?) o en su palacio, vaya. Estoy de acuerdo.
Pero me surge una duda respecto a la manera en que formulan la pregunta, ya que no queda clara la persona a que se refiere el verbo, en su uso pronominal, y cabe la posibilidad de que se trate de un residuo insuperable de respeto y hasta de reverencia. Emula pero no reproduce literalmente el modelo, aquel contundente “¿Por qué no te callas?” que le espetó su marido a Hugo Chávez.
¿Por qué no se calla? (ella)
¿Por qué no se calla? (usted)
¿Por qué no se calla? (Majestad)
La portada lleva un mensaje oculto, un simpático guiño a la afición: Tanto las letras como el icono recuerdan –no me digan que no- a la carátula del single del God save the Queen que los Sex Pistols, la banda punk por excelencia, le dedicó a Isabel II con motivo de su jubileo. La tuvieron que interpretar en una barcaza que surcaba el Támesis ante la prohibición de tocar el tema en suelo británico. En todas partes cuecen habas.
¡Ah! Y no pienso comprar el libro de Pilar Urbano porque lo que diga Sofía, en público o en privado, me importa un bledo. Realmente.