miércoles, 23 de julio de 2008

Cien días de ¿gobierno?


Lo celebraron en la Casa de Campo. Los cien días. Cien días de campo y playa.
Digo yo que, de haber tenido un poco de vergüenza torera, se habrían ahorrado la celebración. No tenían más que haberse aplicado a disimular la fecha con la mitad del empeño que han puesto en escamotear la crisis (la palabreja, vamos), la dichosa crisis, la crisis de nuestras entretelas. Se trataba de distraer la atención con alguna nueva ocurrencia, con otra operación de maquillaje a las que tan aficionado es Zapatero y su creativo entorno de asesores. Ya no les vale negar la evidencia.
Afirmaba El País que “la conmemoración no fue una fiesta, ni por el fondo ni por la forma, sino un acto de reafirmación en familia”. Para fiestas estamos. Coincidía el evento, mire usted por dónde, con la noticia del déficit en las cuentas públicas, así que era una ocasión inmejorable para empezar con las economías, durante tanto tiempo olvidadas. Se me podrá decir que no iba con cargo al erario, que lo pagaba el PSOE o los ministros a escote, o que eso sería el chocolate del loro, pero ¿y el detalle? Pues eso: son cosas importantes, sobre todo para un Gobierno que, hasta ahora, no se ha caracterizado por otra cosa (algo reconocido, incluso, por sus medios afines) que por cuestiones de imagen.

viernes, 4 de julio de 2008

Las azarosas relaciones de ZP con USA

Tanto con la foto de las Azores y resulta que el que se azora cada vez que se mienta a los Estados Unidos es Zapatero. Y si no, obsérvese la foto de la Cumbre de Bucarest. No hay más que verlo: meditabundo y cariacontecido.
ZP profesa ese antiamericanismo antiguo, el de los no alineados (con USA), el de los que se rebelan contra el imperialismo (Yankees, go home); ya se sabe, el tópico del rojerío. Aunque con matices (respecto a la progresía): «La observación es certera: los estereotipos forjados por los orientalistas franceses –de Herbelot a Volney- y la creencia romántica en los valores universales de la modernización y progreso impregnan en efecto los artículos de Marx y Engels sobre el que hoy denominaríamos Tercer Mundo; dicha creencia, heredada del Siglo de las Luces –cuando la ciencia europea procedió a elaborar por primera vez una imagen global y privilegiada de sí misma por obra de la Enciclopedia- sirvió a la vez como ahora sabemos, de caución moral e instrumento material indispensable al expansionismo colonial anglofrancés». (Juan Goytisolo, Historias Sarracinas: Karl Marx: etnocentrismo y lucha de clases)
Se dice que Obama va a emprender un viaje a Europa y se asegura que no tiene previsto pasar por España. ¡Con lo que le ha apoyado Zapatero! Así se explica lo triste que está el hombre. Si es que con los americanos no gana para disgustos. Encima, según apuntan los últimos indicios que se han hecho públicos hoy, 4 de julio, Día de la Fiesta Nacional, el Senador por Illinois ya no tiene tan claro que vaya a retirar de modo inmediato las tropas de Irak.
¡A ver si va a ser por eso que al candidato demócrata no le apetece visitar a su amigo Zapatero! ¿O le habrán llegado rumores de lo gafe que es?

jueves, 19 de junio de 2008

Sobre esos que llaman friquis

Freaks es el título de una película dirigida nada menos que en 1932 por Tod Browning y que, cuando llegó a España, en los años 70, a través del Festival de Sitges, se proyectó como La Parada de los Monstruos. Naturalmente, es a la censura a quien cabe imputar el retraso. Admirada, perseguida y denostada, no tardó en convertirse en una película de culto que, aparte de la historia repulsiva y conmovedora, muestra una galería de fenómenos de feria, un increíble catálogo de seres deformes y tullidos convertidos en los actores y protagonistas (hoy diríamos que bizarros) de un film morboso, inclasificable, terrible y adorable, duro y tierno, que se regodea en la degeneración más siniestra e impactante, en una crueldad sin concesiones, envoltorios ni maquillajes. Su opción estética es la del feísmo, preludio del punk y heredero del romanticismo y de ciertas reminiscencias medievales. El ambiente que retrata es lóbrego y sombrío. Se trata, pues, de una obra cuyo personaje coral es una trouppe de atracciones circenses, unos enanos de los que no crecen jamás y que se mueven en un tétrico universo.
Poco antes de su estreno en España, en 1968, un autor underground estadounidense, Gilbert Shelton, había sacado un cómic llamado The Fabulous Furry Freak Brothers sobre tres hermanos hippies, raros, dados a las drogas, rebeldes y contestatarios. Ahora, tal vez se integrarían en la peña de los alternativos y la antiglobalización. Así que desde entonces, cuando nos llegó la influencia de la generación maldita, los ecos de la eclosión de la Beat Generation, de Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Timothy Leary, Paul Bowles, William Burroughs, Charles Bukowski o Henry Miller, también mucho tiempo después –parece que como siempre- de que se acuñara el movimiento contracultural y el término que lo definía, el apelativo freakie aludía a lo anormal, a lo antisocial, entre pasota, anómico y tocapelotas.
Inopinadamente, el calificativo friqui se instaló entre nosotros, al cabo de varias décadas, para describir a unos imbéciles infantiloides, casposos y garrulos cuya puerilidad roza la oligofrenia y que se divierten (eso dicen y parece verdad) haciendo de sus aficiones un modo de vida. ¡Qué exceso! Se asoció en un principio con los animosos fans de la Guerra de las Galaxias y luego con toda laya de gente [menuda] lo suficientemente desvergonzada como para colocarse cualquier atavío imitando a su personaje favorito y para hacer el ridículo y el espantajo, sin tasa. Hasta su suicidio virtual, se puede afirmar que el fugaz capitán del equipo (friqui) de España fue Rodolfo Chiquilicuatre. Son caricaturas de sí mismos, horteras jugando a hacer el ganso y diría que representan el colmo del mal gusto, la bandera de la impudicia y el epítome de la cutrez, si no fuera porque hacer una descripción tan prolija supone conferirles una importancia de la que carecen.
O sea, que partiendo de la marginación y pasando por la marginalidad, lo friqui ha llegado a la nada, a la más completa, grotesca y banal vaciedad.
Cada vez entiendo menos.

sábado, 14 de junio de 2008

Intervención en la Blogosfera

Hoy ha aparecido este suelto en El Confidencial.
Los burócratas europeos (como es norma en su gremio y en el de los políticos en general) lo quieren todo regulado y bajo control, atado y bien atado. El blog debe ser como los wáteres de los bares de antes: un lugar para escribir grafittis con un poco de clandestinidad. ¡Cuánto miedo le tienen a la libertad! Total que, como cabía suponer, nos tenemos que alegrar del no irlandés.
En este nuevo intento de juicio preventivo aparece –¡cómo no!- la SGAE. Otra vez la presunción de culpabilidad.
En fin, que éramos pocos y parió la Unión Europea.

martes, 10 de junio de 2008

Miembros y miembras

Miembros y miembras,
machos y hembras.
Las ondas hertzianas no paran de darnos alegrías. Hace bien poco Herrero de Miñón aseguraba, en La Ventana, que la crisis estaba en los medios de comunicación pero que en la calle no se percibía (¿¿¿???) y hoy esto.
Señoras y señores,
pitos y tambores.
Lo bueno no ha sido el lapsus sino la explicación que ha dado en la radio. Ha asegurado la Ministra que acababa de llegar de un periplo de jornadas y encuentros por Hispanoamérica, donde se usa mucho ese término (o giro o modismo o neologismo), y que, bueno, a lo mejor no estaba mal darle carta de naturaleza. Reconocía el error pero abogaba por acuñar el palabro.
Damas y caballeros,
ojo con las ministras floreros.
Pero esta vez no le ha servido ni RNE. Han contactado con periodistas de tres países distintos donde han negado categóricamente que ellos usaran el engendro. Al que no tenga excusa que lo ahorquen. Ésta, le das cuerda y lo hace ella sola.
Todo el mundo lo ha oído.
¡Ay qué risa con la Aído!
Por la boca muere el pez... y la peza.
xxxxxx
P.D. Por cierto, perdón por la inmodestia pero en mi post de 14 de abril (¡vaya por Dios!) ya adelanté lo que iba a pasar.

lunes, 2 de junio de 2008

En el servicio de urgencias I (relato)

Desde hacía una semana sentía molestias en el vientre, unos pinchazos que se hicieron cada vez más frecuentes. Acabó por instalárseme un dolor persistente antes que intenso, una incomoda y simultánea sensación de hambre y hartazgo, de vacío e hinchazón. Como si fuera flato. Cuando en una deposición no encontré otra cosa sobre la loza blanca del váter que una mucosidad sanguinolenta, me asusté y en contra de mis hábitos y mis principios me fui al médico cagando leches. Es un decir, claro.
Me recetaron analgésicos pero no fueron capaces de diagnosticar una dolencia que empezó a preocuparme por su origen incierto, no por otra cosa. A los dos días, me presenté en el servicio de urgencias de La Fe con el volante del médico de cabecera y el aturdimiento que suelo llevar encima en semejantes gestiones, acrecentado, esa vez, por mi estreno como visitante de un lugar tan desagradable. Tras un par de interrogatorios rutinarios, en los que trataron de cerciorarse de la gravedad, del alcance real de la urgencia, me mandaron a la sala de espera. Luego, en un primer reconocimiento hube de responder a preguntas iguales a las que ya habían contestado en el consultorio de atención primaria (¿ha tenido fiebre?, ¿vómitos?, ¿diarrea?, ¿desde cuándo no se encuentra bien?), al mismo trámite de auscultación y a idénticas exploraciones (¿le duele aquí? ¿y aquí?). Además, me tomaron la temperatura, la tensión y el pulso y me introdujeron un insoportable adminículo por el ano tras colocarme a cuatro patas sobre una camilla, concluyendo que no tenía almorranas. Y creo que si las hubiera tenido, con tales manipulaciones me las habrían cercenado de cuajo.
Así que, con el recto escocido, me vi de vuelta a la sala de espera, donde permanecí derecho durante cinco horas. Conste que si renuncié a sentarme no fue por falta de sitio o de cansancio, ni tampoco por ofrecer con caballerosidad el asiento a nadie.
La sala de espera era casi rectangular, relativamente amplia, con bancadas de sillas atornilladas en el suelo, en baterías dispuestas a lo largo de las paredes y en el centro del local. En un lado, había unos aseos y, al fondo, máquinas expendedoras de bebidas. Desde un ordenador y desde un despachito fabricado mediante el sencillo expediente de colocar un parabán en una esquina, unas enfermeras controlaban al personal, le informaban, y al parecer hacían algo más, aunque no se sabía muy bien qué. El espacio albergaba a unas doscientas personas en lenta y continua renovación: ingresaban unos pocos a cambio de abandonarlo definitivamente otros tantos y todos los demás, la mayoría, entraban y salían para las diligencias sanitarias a que eran requeridos. Existían dos puertas de acceso enfrentadas: una que daba al exterior, a las escalinatas que subían a la gran explanada donde se distribuían todas las dependencias del complejo hospitalario, y la otra, a la vía por donde llegaban las ambulancias. Debía de cruzarse este callejón para entrar en el servicio de urgencias propiamente dicho, con sus consultas y anejos, alojado en el sótano del edificio principal. Ambas entradas consistían en grandes hojas de cristal de apertura automática. La de las escaleras era la preferida por los fumadores para echarse sus cigarritos. Todo tenía un aire aséptico y despersonalizado, como de oficina, una iluminación blanca y neutra, y unas paredes alicatadas a media altura, repletas de carteles admonitorios.

En el servicio de urgencias II (relato)

En la abigarrada concurrencia te encontrabas gente de variado aspecto y condición. Se observaban caras largas y preocupadas, de dolor, de fatiga, de resignación y de aburrimiento. Una multitud de parroquianos departía sobre sus antecedentes clínicos, algunos sobre las formalidades que les habían conducido hasta allí, otros sobre el trabajo y, en fin, sobre padecimientos varios. Estaba el politiquero que aprovechaba para reflexionar en voz alta sobre el estado de la sanidad pública y los vecinos o conocidos que se encontraban en la molesta tesitura de preguntarse por la razón de su estancia, después de cruzarse a menudo en la calle o en algún comercio, sin dirigirse la palabra. También había quien, en tal caso, simulaba no reconocer al otro o hacía como que no lo había visto. Estaban los que acudían a urgencias por las buenas, sin más ni más, sin encomendarse a nadie: Vale la pena venir. Vas al ambulatorio y no sirve de nada. Aquí te tienen cinco o seis horas pero te hacen todas las pruebas. Sí, y además te dan por el culo, pensaba yo. Otros, se notaba, iban por vez primera. Una mujer delgada andaba de un lado a otro con un carro de la compra que nunca perdía de vista, atestado de bártulos. Peinaba una trenza apretada, con todo el pelo negro, salpicado de pocas canas, tirante hacia atrás, y llevaba pantalones azules de algodón, zapatillas deportivas blancas y polo de manga larga abrochado hasta arriba. Por su porte y su vestimenta se le podían echar menos años de los que seguramente tenía en realidad, pero las arrugas de la cara y la dentadura amarilla y estropeada, delataban su edad y una vida poco regalada. Sin embargo, sonreía con facilidad y tenía una mirada franca aunque con un fondo oscuro de amargura. Reclamaba llorosa que la visitara el psiquiatra y decía que el médico la había engañado, según le había confirmado el guardia de seguridad, que andaba por allí repartiendo vigilancia y calma. La celadora a quien dirigía sus protestas le decía con mucho tacto que si ya había hablado con el médico debía tranquilizarse y confiar en él. La atribulada mujer zanjó aquellas sugerencias con una expresión suave pero tajante sobre la incompetencia del médico para dictaminar sobre los males que a ella le aquejaban. Tenía una curiosa serenidad crispada. Una pareja de roqueros parecía haber sufrido un accidente de moto. Los dos iban de cuero negro y ella conducía la silla de ruedas donde iba él echándose mano a un costado, al otro, a una nalga, a la pierna, y sujetando el casco.
Me llamaron para sacarme sangre. Mientras me buscaban la vena, con el brazo apoyado sobre un grueso taco anatómico de goma, me sentí en la obligación de hacer algún comentario ingenioso: Con lo bien que estaría yo haciendo la siesta. Anda, y yo en la playa. Lo mismo cuando me dijeron que cogiese un bote para la orina: ¡Qué guarrada! De vuelta con el frasco lleno, me hicieron un electro y me dejaron unas pegatinas metálicas en el pecho por si lo tenían que repetir.
A gente como yo –que soy todo lo contrario a un paciente y sufro de mi poquito de hipocondría-, esas idas y venidas le ponen malo. Con semejante procedimiento, sólo consiguen enfermar al que está bueno porque no puede uno quitarse de la cabeza que con la inacabable búsqueda, con tanto llevarte y traerte, a la fuerza te han de encontrar algo.

En el servicio de urgencias y III (relato)

Al entrar, la muchedumbre de enfermos y acompañantes producía una atmósfera cargada. Se respiraba una cierta complicidad viciada, recalentada como el ambiente. En el aire flotaba un runrún apagado y blando que se veía roto, con metódica frecuencia, por el sonido constipado de los altavoces, de una monotonía insuperable salvo al llamar a un extranjero. Yuberth Loayza Amariles. Graham Williams. Bogdan Dumitru Dobra. La proporción de nacionalidades parecía no corresponderse con la realidad de su presencia en este país sino más bien con el porcentaje de los que debían tener regularizada su situación. Había pocos inmigrantes rumanos o búlgaros. Ernestas Sudeikos. Los magrebíes no entendían su propio nombre cuando les llamaban. Abdelatif Amrouche. Mohamed Choukir. Mercy Yaqueline Ojeda de Loay. Los apellidos de algunos sudamericanos resultaban impronunciables para la voz metálica de la megafonía, lo que provocaba la sonrisa de otros pacientes que silabeaban el irrepetible apellido. Xiomara Cárdenas Cahatol. Anthony Crisóstomo Coajachi Inabanga. Coo-aa-jaa-chii. Je-je-je.
A falta de mejores paisajes, me dediqué a pasear la vista por los letreros que encarecían el uso, para entretener las esperas, de la biblioteca del hospital (¿dónde estaría eso?), con escaso éxito como podía verse, y los que repetían la conveniencia de no fumar. Había quien prefería curiosear cuando llegaban las ambulancias del SAMU por el pasillo que separaba la sala de espera de las urgencias, con camilleros enormes porteando gente malherida, enfermos medio desnudos, entubados y sin conocimiento, o las de la unidad de trasplantes acarreando grandes neveras de pic-nic. Decidí arrancarme el esparadrapo que me sujetaba un algodón al brazo, en vista de que nadie lo conservaba, y me depilé una raya horizontal. Un grupo de gitanillos armaba bulla por distraerse. Uno llevaba pelo largo y ropa deportiva blanca ajustada a un cuerpo flaco como un junco. Se le veía un diente oscuro en la mandíbula superior y cuatro pelos en guerrilla le conformaban una barbita esquemática, dibujada en torno a un rostro anguloso y moreno. Otro, algo más joven y bastante más grueso, iba totalmente de negro. La chica, risueña y dicharachera, apenas si llegaría a los catorce años. Era regordeta, alta y lucía unas mallas blancas hasta debajo de la rodilla, unas chancletas y una camiseta escotada que le dejaba al aire medias pechugas. ¡Que m’ha llamao dise! ¡Suh vi a llamá enseguía! ¡Ja! ¡Sí, a toa su rasa habrá llamao!, exclamaba el flacucho junto a la celadora del ordenador, para que le oyese. ¡Ehta paya agquerosa! ¡Y tié que tener ella la rasón! ¡Por su coño –con perdón- que l’ha llamao!, le apoyaba la muchacha que sería su hermana. Un anciano daba vueltas por toda la estancia con una silla de ruedas. Llamaron a Armando Herrera un par de veces. Una joven con atuendo sanitario de color verde se acercó y le preguntó si era él Armando Herrera. Contestó afirmativamente apostillando que estaba buscando una enfermera porque no sabía adónde dirigirse. El viejo, que llevaba calada su gorra de visera y una garrota entre las piernas, hablaba en un susurro apenas audible.
Me llamaron junto a otros cinco. En el vestíbulo de urgencias nos esperaba un médico que encabezó una comitiva con destino a radiología. Nos dejó en una nueva sala de espera con enfermos procedentes de otras plantas y nos fueron haciendo placas por turnos caprichosos. Cuando terminaron con todos, recompusieron la cuadrilla y nos devolvieron a nuestro sitio. Junto a mí, caminaba en silencio un señor mayor con el pantalón subido hasta los sobacos. Parecía llevar el culo justo debajo de los homoplatos y el ombligo a la altura del esternón. Por delante iba muy tieso un hombre de cincuenta años, con abundante pelo negro, acartonado de agua y gomina, gafas de cristales tintados, de las que se usaban treinta años atrás, pantalones ajustados de tergal gris y camisa blanca a rayas, de manga corta, que trasparentaba la camiseta interior de tirantes. Había confraternizado, muy festivo él, con todo el servicio de urgencias. A la ida, al encontrarnos camas ocupadas en los pasillos, reclamó la colocación de semáforos, y a la vuelta pidió que repartieran cirios, que era lo único que faltaba para la procesión. Se veía que su mujer hacía años que había dejado de reírle las gracias.
El revoltijo de tripas seguía a pesar de las pastillas de bromuro que me recetaron en el ambulatorio. Para colmo, el reconocimiento rectal me había dejado con sensación de estar sangrando por el culo, de llevar mojado el pantalón. Sería por la pomada anestésica. Cada dos por tres pasaba una limpiadora con un enorme carro cargado de trebejos. Con él cerraba uno de los wáteres y mandaba a la gente al de minusválidos. Más raramente circulaban por allí empleados de mantenimiento con herramientas colgadas del cinturón y la ociosidad de la jeta. Alguno se iba a su casa con un papel y los había que llevaban un sobre de radiografías. Para el especialista, decían. Una mujer en bata y zapatillas como de andar por casa y sus papeles en una bolsa de plástico del supermercado se quejaba amargamente por llevar cerca de siete horas aguardando a los resultados. En varios corrillos se empezó a murmurar que no había derecho a que no avisaran del tiempo que se tardaba en salir. Por favor guarden silencio que no se oye nada. ¡Vaya la paya! ¡Qué agco me da!, voceó la gitanilla. Fueron llegando familiares y colegas y se formó una tribu de flamenquitos de respetable magnitud.
Me avisaron de nuevo y me dijeron que me tenían que hacer otro electro. Me di cuenta entonces que llevaba las tiras adhesivas pegadas en el torso cuando me hicieron las placas. ¿No pasará nada por eso? Joder, ¿otro electro para qué? ¿Aprensiones? Ya. Cuando volví no podía más y decidí sentarme de lado. Los asientos eran de plástico, incómodos aun con el culo sano. El hombre de las gafas camaleónicas había cogido una silla de ruedas y se dedicaba a hacer prácticas de conducción por toda la sala. Debía ser el eterno gracioso: en la escuela, durante el tiempo que asistiera, en la pandilla de amigos o en el trabajo. De todas formas no debió ser nunca de los que se desloman. Al rato, le dijeron que tenía que quedar ingresado, pero él nunca se sorprendía ante nada: llevaba un bolso con todo lo necesario.
Me estaba adormilando cuando me llamaron otra vez. Me pareció que no podía moverme, que después de levantarme no era capaz de avanzar. Me esforzaba por llegar hasta la puerta pero no podía dar un paso. Al tiempo que experimentaba una sensación extraña, una sacudida en el tórax que me dejó desubicado, me pareció ver un fogonazo. Venga, date prisa que te llaman, me dije. Entonces me vi como si llevara una cámara de video, dos metros por encima de mi propio cuerpo inanimado, desde la que me estuviera grabando a mí mismo. Permanecía sentado y quieto. Observé cómo me cogían y en medio de un revuelo me subieron a una camilla y me metieron para dentro. Pues yo lo vi desplomarse. Se levantó cuando lo llamaron y enseguida cayó ahí mismo, sobre la silla, dijo la mujer que llevaba más rato esperando. Cuando lo volvieron a llamar –que ya no me acuerdo cómo dijeron-, nada, ni se movió, detalló el gracioso. Me metieron corriendo en el ascensor y me intentaron reanimar con maniobras de masaje cardiaco. En vano.
No me di cuenta de lo que pasaba ni supe, hasta después de algún tiempo, interpretarlo. Lo que tampoco entiendo es cómo esto ha llegado hasta aquí para que lo pueda leer cualquiera. Bueno está. Bueno estaba y...

jueves, 29 de mayo de 2008

Fogones al rojo vivo

La alta cocina anda excitando las bajas pasiones. Aunque no se había manifestado la opinión de Santamaría de una manera tan ruidosa, era palmario que había mucha gente que participaba de ella. No entiendo a qué viene ahora tanto rasgarse las vestiduras. ¿Porque una de las vacas sagradas se ha metido con otra punta del ganado? Hace unos años, Els Joglars pusieron en escena una obra, El retablo de las maravillas, en la que, en distintas variaciones sobre el entremés (vaya por Dios) cervantino, se ponía en tela de juicio, entre otras cosas, el arte de vanguardia y la cocina de autor. El papanatismo y el miedo a ser señalados como ignorantes (o como judios, en la obra de Cervantes y en la historia que igualmente contó el Infante don Juan Manuel por boca del conde Lucanor) impedían denunciar la vacuidad y la estafa. En el restaurante que Boadella sacaba a escena también se vendía humo.
Investigar sí, creatividad toda la que se quiera, pero –si puede ser- sin tomaduras de pelo. Aunque siempre habrá quien piense que, mientras haya snobs (recordaba Ortega y Gasset en La Rebelión de las masas que el origen de la palabra se sitúa en Inglaterra, cuando en las listas de vecinos se usaba como una abreviatura de sine nobilitate) con pasta y masoquismo suficientes como para prestarse a hacer de cobayas, allá cada cual.
No obstante, tampoco creo que esa idea, que Santamaría ya había expresado en la última edición de Madrid Fusión, se pueda aplicar de forma indiscriminada. Los guisos son cojonudos para la semana, el cocido de mi madre es de lo más sabroso que he probado, ahora bien reducir todo a la realidad garbancera no resulta enriquecedor, original, ni tampoco tiene demasiado fundamento. El rey no está siempre desnudo y pregonarlo así no es, por tanto, una prueba de valor sino de lo injusto que suele ser lo de ponerse a generalizar.
¿Por qué esa tendencia a situarnos en posturas aparentemente irreconciliables, en maximalismos artificiosos? El producto y la imaginación no se niegan mutuamente. Sano es el debate y sano debe ser el contenido del plato. No tiene sentido andar dándole vueltas si, como la venganza, se debe servir frío o caliente. Todo tiene su momento y cada cosa a su tiempo.

sábado, 17 de mayo de 2008

¿María sí, Mariano?

Cuando María le ha expresado a Mariano que tiene un problema de confianza han vuelto a saltar las alarmas, y es sintomático porque lo han hecho con mayor virulencia que tras la defección de Acebes. En el partido lo sufren como otra estación del inacabable calvario que están viviendo, sólo que esta cruz no la esperaban llevar y les pesa como todas las demás penitencias juntas. Para colmo, los infanzones del PP vasco se han rebelado contra su jefa. ¿Hay exceso de personalismo en San Gil o es que los otros se intentan poner a resguardo de eventuales represalias? ¿Acaso no formaba parte del aparato del propio partido para plantear alternativas congresuales?
El enfrentamiento con Rajoy semeja el del ímpetu contra la frialdad, la pasión y los sentimientos contra la racionalidad cerebral. San Gil a lo mejor se equivoca en las cuestiones programáticas –que no lo sé ni me importa- pero ahí hay una mujer que se mueve porque no puede parar, que es incapaz de estarse quieta ante lo que interpreta como una traición o un atropello.
Hay que reconocer que el tema de debate en los partidos no es, ni puede serlo, el de las cualidades personales, el arrojo o la sumisión, pero qué bien viene de vez en cuando algo de frescura, ciertas dosis de sinceridad desgarrada, aunque desentone (o precisamente por eso) de tanto político reflexivo. Por todo ello, y por el valor que ha demostrado con creces, sólo puede concitar simpatías. En ese carácter no tiene cabida el cálculo ni entra la frialdad interesada... ¡ah! y le importa un pito no salir en la foto.
Diría que esto es una confaovulación si no fuera porque tengo miedo de que me llamen machista. Aunque pensándolo bien, los que tienen la vara de medir, los propietarios del rasero y de la patente de democracia, los que reparten los carnés de homologación con Europa, los que dicen quién mola y quién no, son implacables sólo cuando se trata de los suyos (las suyas en este caso). A las del sector duro de la derechona no les dan cobertura. Vamos, que a esas, ni agua.

jueves, 8 de mayo de 2008

Con nocturnidad y alevosía

Trillo se puso farruco. El que fuera Ministro de Defensa –preñado tan sólo de verbo ampuloso y ciertas ínfulas- clavó su par de rehiletes y salió adornándose: «No se escandalicen ustedes.» Chacón se encontraba fuera cacho, semihuida, barruntando el pasillo que se preparaba, rumiándoselo de antemano. Hay quien apunta que sirvió para un paseíllo pero en vista de que, esta vez, Raúl no sacó el capote, yo creo que fue más bien paseo militar.
Fernández de la Vega respondió a las puyas y pullas de Trillo («el Ejercito está para disparar, no para pagar») cruzándose, echando la muleta adelante y abriendo el compás: «Me siento muy orgullosa del Ejercito.» Hubo, pues, pique en los quites –que dirían los revisteros antiguos-; una suerte ya olvidada.
Fernández de la Vega también se puso chula y paró, mandó, templó y cargó la suerte mirando al tendido, retadora. Pero la cosa iba de plazas militares y no de toros, de manu militari y no de la izquierda, la del toreo al natural y, sobre todo (ya lo insinuábamos), de piratas, de Perejil, que no es la Isla del Tesoro, que no es islote del Caribe sino de Berbería, y de los somalíes, que tampoco son Billy Bones, Perro Negro, Sacristán y John Silver el Largo.
O sea, que manda huevos... y una botella de ron.

sábado, 3 de mayo de 2008

Don de lenguas

"Una lengua que ha estado mucho tiempo oprimida,
o al menos desatendida, ¿puede legítimamente
reafirmar su presencia a costa de las otras, y con
el riesgo de instaurar otro tipo de discriminación?"
(Amin Maalouf, Identidades Asesinas)
Antich anuncia para Baleares medidas lingüísticas semejantes a las que ya rigen en Cataluña, Galicia o Euskadi. Se trata de imponer el catalán en el ámbito de la Administración y en el de la enseñanza. El nacionalismo no descansa: uno de sus efectos más perniciosos es el contaminar todo lo que le rodea. Los que viven en los lugares donde goza de un cierto predominio y no son nacionalistas, están atenazados por el síndrome de Estocolmo. Tampoco respeta nada: si mala es la imposición en las aulas, mucho peor resulta la obligatoriedad fuera de ellas. El patio pertenece a la esfera privada y controlarlo supone negarle a los escolares su derecho a la intimidad. ¿No les da vergüenza vigilar que no se use el español en el recreo estableciendo comisarios políticos y dispositivos de espionaje o delación? Produce escalofríos pensar en ello: el Gran Hermano de la lengua.
Hace años saltó la noticia de que en los campamentos del frente de juventudes del PNV se cargaba con piedras las mochilas de los niños a los que pillaban hablando erdera y se les obligaba a marchar con ellas. ¡Apa txacurra! Lo justificaron con peregrinas teorías pedagógicas, asegurando que se trataba de un juego y quitándole importancia a la cuestión. ¡Maketo!
¡Ni Franco se atrevió a tanta iniquidad!

martes, 29 de abril de 2008

¿Piratas en el Índico?

Anda Moratinos, mándales a la flota de la SGAE que les cobra canon por copiar a Bartholomew Roberts, Francis Drake, Barbanegra, Henry Morgan, Patapalo, Sandokán, Rasputín, el Monje o Boca Dorada de Corto Maltés y él mismo, Capitán Garfio y Jack Sparrow, y les exige derechos de autor a cuenta de la obra de Espronceda.
Seguro que Teddy Bautista y sus hombres acaban con ellos.

sábado, 26 de abril de 2008

Periodistas de pacotilla

Tiempo atrás se organizó cerca de donde vivo un rally de 4 X 4. El reportaje televisivo se refirió entonces a la sorpresa de los pastores de la zona –como si fueran masais o watusis- al paso de los vehículos. Cabía preguntarse: "¿qué pastores?" Por aquí es mucho más chocante ver un rebaño apacentado que una procesión de todoterrenos. Por otro lado, ¡si hasta los del belén van ya equipados con móvil! La imagen televisiva, que dio la vuelta al mundo, del pájaro pringado de fuel que supuestamente se ahogaba en el lodazal del Golfo Pérsico, en la primera de las guerras, y que sirvió para denunciar las atrocidades de Saddam Hussein, se convirtió en todo un clásico. Cuando alguien reparó en el hecho de que aquella especie de garza no habitaba en la zona, se averiguó que las imágenes procedían del accidente del petrolero Exxon Valdez en las costas de Alaska. Hay montajes que no se pueden admitir ni como licencia poética. En el caso que hoy nos ocupa, ni siquiera se trata de que el titular quede más lírico o de aplicar el viejo aforismo (“no dejes que la realidad te estropee una buena noticia”); es sencillamente ineptitud. No sé qué es peor.
Me he extrañado esta mañana al enterarme de que Itziar Lamarain, única concejala del PP en Mondragón, se había abstenido en la moción de censura. El asunto venía rodeado de gran expectación y precedido de enorme ruido mediático. En coherencia con el ambiente, los periódicos han “informado” sobre el resultado de la “moción” desde su particular óptica: repartiendo estopa a Ezker Batua, al PP o a los nacionalistas. La verdad es que no había tales: No existía “información” ni “moción de censura” alguna.
El artículo 197 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General –según la modificación introducida en 1999- exige mayoría absoluta en el momento de presentarla; quórum que desde luego se debe mantener para que resulte aprobada. En la primitiva redacción de la Ley, la de 1985, se necesitaba tan sólo un tercio para tramitarla y bastaba obtener la mayoría absoluta en el momento de votar. No era, como ahora, un requisito previo. Es decir que la propuesta adolecía de un defecto formal invalidante que la convertía en un brindis al sol, un paripé, una tontuna. La exigencia de algún periódico o emisora de que se presentara de todos modos para que cada cual se retratase al votar, convertía la noticia y la forma de darla en el corolario lógico de tan peregrina ocurrencia.
¿Son idiotas o nos toman por tontos a los demás? ¿Es que no merecemos una explicación cabal o mínimamente rigurosa? ¿No hay en toda la prensa generalista nadie que coteje, que se informe para informar, que se cerciore, que contraste con los protagonistas, que acuda a las fuentes? ¿O es que temen que se les rompa el cántaro, ese alma de cántaro que tienen? Una de dos: o es pura desidia y holgazanería o es que no se enteran porque no dan más de sí.
Entre las veces que manipulan a conciencia y las que lo hacen inconscientemente, aviados estamos.

jueves, 24 de abril de 2008

Chacón los pone firmes

Se me podrá llamar malpensado –o si se quiere usar el ramillete de lindezas confeccionado por Daniel Anido, Director de la SER, en pleno arrebato de furor uterino: pajillero, reprimido, grasiento y putero-, pero me parece muy llamativa la noticia de que el Ministerio de Defensa haya restringido el acceso, desde las unidades militares, a las páginas web del Marca y del As, alegando saturación en la red.
Resulta inevitable relacionarlo con la queja expresada hace poco más de un año por Esquerra Republicana de Catalunya por ser esos los diarios deportivos que se ofrecían a los viajeros del AVE de la línea Madrid – Lérida. El 8 de marzo de 2007, se supo que el Diputado de ERC Jordi Ramón Torres iba a formular una pregunta en el Congreso en ese sentido.
Conociendo el ascendiente y la querencia de la Ministra, ¿no será un ataque de celos porque en el ejercito no se lee el Sport y el Mundo Deportivo? ¡Y qué le vamos a hacer si la tropa es más madridista que del Barça!
Chacón les quita el ratón. Es lo que tiene el hooliganismo.

Crisis de juguete

Es triquiñuela recurrente de los Ministros de Hacienda echar la culpa de la (mala) situación económica a la coyuntura internacional o a errores de administraciones anteriores, pero si la cosa va bien, no dudan en colgarse ellos las medallas.
Ahora que el gobierno ha renunciado a seguir buscando fórmulas escapistas, que ya no se aplica a marear esa perdiz y que los eufemismos sirven sólo para los trasvases, la prensa le regala un titular que es un tesoro, un auténtico salvavidas para negar la realidad (o la entidad) de la desaceleración económica, para interpretarla a su antojo: La crisis afecta a Barbie. It's only a Toy Story (but I don't like it).
Vaya, así que el avatar en la firma Mattel del matrimonio burgués de la clase media alta americana, Ken y Barbie, JASP y superstar, también sufre la subida de los tipos de interés y se las ve y se las desea para pagar su hipoteca (ello a salvo, naturalmente, de que se confirme la leyenda urbana de que Ken había salido del armario). Ya me los imagino apretándose el cinturón, haciendo recortes en vestuario, ajuar doméstico y gasolina; en todo menos en la cesta de la compra, que con las cosas de comer no se juega. Tendrán que aplazar el momento de traer hijos al mundo. Eso que se ahorran... no, ya no se puede ahorrar nada.
No sé yo si después de tanto Monopoly no acabaremos todos en el pozo del juego de la oca.

martes, 22 de abril de 2008

El caballero y el dragón I (relato)


Entonces no se sabía, pero ahora podemos decirlo con absoluta seguridad: Toda la ensoñación en la que vivió esa semana, cuando se sintió poseído por fuerzas extrañas, cuando vagaba entre brumas, en un universo mágico, no fue sino fruto de una enfermedad causada por la picadura de una garrapata. La fiebre botonosa le tuvo sumido en una profunda confusión mental, con malestar, agudos dolores de cabeza y en grave peligro. Sobre todo, frente a sí mismo.
Don Nuño había llegado con las huestes que tomaron el curso inferior del Ebro e iniciaron la conquista a los musulmanes de las tierras de Matarraña. Lo que pasa es que, entonces, esas cosas iban a su ritmo, sin demasiadas prisas. Además, los pleitos que tenía su señor don Alfonso en Occitania y la Provenza, apenas le dejaban tiempo para esos negocios de ganarle terreno a la morisma.
El rey, hijo de Ramón Berenguer, conde de Barcelona, y de doña Petronila, tomó el apelativo de un hermano de su abuelo, el llamado Batallador. Este don Alfonso pasó a la historia con el apodo de El Casto y fue el segundo que reinó con tal nombre en la Corona de Aragón (el primero fue el tío abuelo al que se ha hecho mérito) y con ese sobrenombre en los reinos hispánicos, porque muchos años antes hubo otro Alfonso II El Casto, pero en Asturias.
Don Nuño recibió del rey, en recompensa a sus valerosos servicios, un castillejo en regular estado, cerca de la villa de Perales, así como la mano de una sobrina del noble don Mingo, con su dote correspondiente. La muchacha acababa de cumplir los catorce años y no bien la hubo desposado se establecieron ambos en su nuevo hogar, aplicándose a la tarea de embellecerlo y a la de acrecentar la familia y la especie humana. Con el castillo venían los predios y casas que lo circundaban a una distancia equivalente a tres veces el alcance del dardo lanzado por una ballesta, y se incluía un molino, junto a un arroyuelo que llevaba sus aguas a las del Alfambra, y una herrería modestamente equipada.
Aunque el rey de Valencia, Ibn Mardanis, asediado por los almohades, se había convertido en tributario de Aragón, don Alfonso toleraba los asaltos en tierras levantinas por parte de los caballeros aragoneses. No se podía decir que animara a efectuar esas expediciones, ni siquiera que las autorizase de forma expresa, pero no estaban mal vistas y servían para entretener la belicosidad de sus guerreros. El aragonés colaboró con su cuñado, el rey castellano, en la conquista de Cuenca y hubo de cederle, no de buen grado, el mayor protagonismo en la incorporación de las tierras de Al-Andalus. Con Alfonso VIII firmaría la paz de Sahagún y el Tratado de Cazorla, que cedería a Castilla el derecho a la conquista de Murcia. Ya hubo de desistir una vez de ganarla para su causa, cuando atacó esta ciudad y la taifa de Játiva, de acuerdo con el emir sarraceno de Valencia que sucedió al fallecido Ibn Mardanis. Se vio obligado a retirarse a causa de una incursión de Navarra en las fronteras de Aragón. Por entonces, se pobló y refundó Teruel como base para lanzar ataques contra Valencia, dándole el feudo a don Berenguer de Entenza y concediendo a sus pobladores el fuero de Sepúlveda. Eran tiempos contradictorios, en los cuales convivían pacíficamente mozárabes en reinos mahometanos y morabitos en los lugares reconquistados para la cristiandad, y, mientras tanto, las mesnadas de unos y otros se internaban en territorio enemigo, se saqueaba a placer a los vecinos, se tendían celadas, se incendiaban casas y cultivos, se apresaba y exigía el pago de rescates, se protegía o sometía a vasallaje a reinos y señores y se defendía a las mujeres con la espada o se las tomaba por la fuerza. Don Nuño, que ocasionalmente formaba parte del séquito del rey cuando visitaba aquellas tierras, vivía a tres jornadas a poniente y otras tantas al norte de los dominios de los islamitas. Mientras no se guerreaba, él, lo mismo que otros infanzones jóvenes y fogosos, ponía a prueba su valor librando justas y torneos. Tenían las armas siempre a punto y de forma regular hacían prácticas de tiro. Con ello y con las cabalgadas a lo largo de las llanuras aragonesas, se mantenían vigilantes y prestos frente a las eventuales ofensivas enemigas. Nuño, además, atemperaba su espíritu combativo con la caza y las correrías que emprendió tras las mozas de los contornos, tan pronto su jovencísima esposa empezó a acusar cierto empacho ante tanto ímpetu amatorio como manifestaba.

El caballero y el dragón II (relato)

El castillo del que resultó alcaide, tomado a los moros, era poco más que un recinto murado, sin torre del homenaje y con escasas dependencias. Al menos, de esa guisa, el patio de armas quedaba despejado y amplio. Tenía, eso sí, un pozo de agua cristalina que aseguraba el suministro a los que pudieran quedar cercados en un asedio y aislados por tanto del torrente aledaño. Se hallaba emplazado sobre un altozano de escasa pendiente, coronando una mota desde la que se dominaba un paisaje llano, sin eminencias. Uno de los lienzos de la muralla, de ladrillo, ripio y mampuesto, estaba parcialmente derruido y se había quedado sin el adarve que permitía la circulación tras el parapeto y sin las propias defensas almenadas. Don Nuño ordenó su reconstrucción con sillares traídos de una cantera próxima y dispuso la colocación de merlones con aspilleras, para prevenir cualquier agresión. Aprovechó las obras para ampliar el foso, cambiar el rastrillo y dotarse de barbacana y puente levadizo, así como de torre bien protegida que le sirviera de morada.
Nuestro héroe era de espíritu inquieto y pronto acabó aburrido de su mujer, casi una niña. Ésta, a sus ojos, carecía de belleza o ingenio; no tenía conversación ni, para él, el menor interés o gracia. A los seis meses de matrimonio, la pasión que pudo sentir por ella se había esfumado. Tampoco el lugar le deparaba mayores emociones que la cercanía del enemigo, y el aliciente de las excursiones guerreras, cada vez más espaciadas, contra los agarenos. Estaba harto, en fin, de banquetes en los que acababa completamente embriagado –para que no le motejaran de islámico, aseguraba-, expeliendo ventosidades y dormitando sobre sus propios vómitos. Por eso, en cuanto la primavera trajo los primeros días de buen tiempo, se lanzó con desmedido afán a la caza de cualquier animal que rondara los sembrados o montes circunvecinos, ya fuera grande o chico, de pluma o pelo, comestible o no. Además, sus aventuras cinegéticas se sazonaban con ojeos a las labriegas de los contornos, lo que las dotaba de un mayor interés, ya que se trataba de cazar por partida doble.
En las primeras semanas salía de cacería con otros de su condición, caballeros y gente principal que eran dueños de las tierras contiguas a las suyas. Iban con crecida rehala de perros y halcones. Cuando sus nobles amigos se cansaron, se dejó de cetrerías y se hizo acompañar por un criado de su caserío que cargaba la ballesta y las piezas cobradas en una mula, le asistía a él y atendía a las cabalgaduras. Esquilmó de animales la región y cobró entre ellos fama de matarife, así que hubo de alejarse cada vez más de su territorio para encontrar fauna. Un día se quebró la cureña de la ballesta y quedó el arma inutilizable. Decidió, pues, despachar al criado de vuelta a casa con toda la carne que pudo echar en la acémila, que no cabía más de faisanes, liebres, jabatos, palomas torcaces, perdices y gazapos. Entregó un jabalí entero, sin descuartizar, en una venta que halló, y el resto en otras posadas, apalabrando a cambio alojamiento y comida, y siguió camino con su caballo y su mejor perro podenco.
Cabalgó en dirección a los montes que se situaban hacia levante, donde los moros, llegando hasta el pueblo recién conquistado de Peñarroya de Tastavins. En la espesura de los pinares de Beceite halló caza y refugio. Una mañana se levantó enfermo. Había dormido en una cueva y al apagarse el fuego quedó destemplado y no se pudo quitar el tembleque en una semana. Todavía intentó cazar un ciervo al amanecer con el triste resultado de que el venado, herido por una flecha, ensartó con su cuerna al perro que le acosaba y lo dejó muerto tras de unas matas.
En estado febril, tomó el camino de vuelta siguiendo el sol. Apenas conseguía sostenerse en la montura y las riendas le servían más para sujetarse que para gobernar al caballo. El animal, por misteriosa intuición, resolvió seguir la ruta de mediodía y poniente que le llevaría a las posesiones de su amo en pocas jornadas.
Así, con calentura, temblores, dolor de cabeza y articulaciones, llegó a un paraje próximo a su residencia. La sed le provocaba delirios, tenía diarrea y vómitos y había perdido el apetito. Una erupción empezó a llenar de granos sus extremidades y la fiebre vino acompañada de escalofríos y alucinaciones. La enfermedad misma le condujo a una beatífica sensación de quietud y bienestar.

Era Viernes Santo cuando llegó junto a una hoz del río Alfambra, entre la aldea de Galve y la villa de Perales, a unas dos leguas de ambas. Había cerca una cantera de piedra de donde se sacaban los bloques para las reparaciones de su casa y allí, sobre un matacán, se echó a descansar. Estaba en el primer sueño y a sus espaldas oyó un murmullo que, al poco, se hizo claro: eran los bufidos de una bestia. El animal empezó a estudiarle. Como buenamente pudo, apoyándose en el arco, se aprestó a hacerle frente con un vago sentimiento de resignación, dispuesto a sucumbir. El caballo, que reculó atemorizado y se cobijó en una arboleda, no le sirvió de ninguna ayuda. El monstruo, de porte imponente, que se erguía sobre las patas traseras para amedrentarle y hostigarle, pareció captar su debilidad, abandonó toda cautela y empezó a embestir de manera desaforada. Mientras blandía la espada con su mano derecha, como no era capaz de embrazar el escudo, enristró la lanza con la siniestra para intentar frenar el inusitado brío de aquel engendro. Tenía una descomunal cabeza, terribles mandíbulas y exhalaba un olor hediondo, nauseabundo. Parecía echar humo por los hocicos y llamas por los ojos. Las orejas, tiesas y pequeñas, asomaban puntiagudas entre la melena que le caía sobre la frente. De su boca surgían dos cuernos amenazadores, como los de un elefante, y su piel era basta y oscura, casi negra. Lanzaba unos gruñidos pavorosos.

lunes, 21 de abril de 2008

El caballero y el dragón y III (relato)

Indudablemente, se trataba de un dragón. Había oído hablar de esos seres fabulosos pero nunca creyó en semejantes habladurías y consejas.
La fiera le dio un tremendo revolcón pero la segunda acometida le pilló prevenido y respondió con un mandoble. Como el animal se quedara trastabillado, doliéndose del golpe recibido en la cara, lo remató clavándole la lanza en el costado. Arrastrándose sudoroso, consiguió llegar hasta el caballo, montarlo a duras penas y que le llevara tambaleante hasta el castillo.
Se llevó puesta encima la prueba de la existencia del endriago, en el molimiento de sus huesos y en la abundancia de los moratones que el bicho le dejó de recuerdo por todo el cuerpo, como marcas indelebles estampadas por un sello.
A su llegada le anunciaron que sería padre: En unos cinco meses –Dios mediante-, nacería su primogénito. Por eso, tardó en hacer memoria sobre lo sucedido. Cuando estuvo ya totalmente repuesto de sus fiebres y de las emociones de la paternidad, y después de dos semanas de violentos aguaceros que arrastraron cuanto encontraron a su paso en la comarca, volvió al lugar de la pelea pensando en erigir en él una ermita en honor a San Jorge, quien sin duda había guiado su brazo en aquel delicado momento. Las alimañas carroñeras habían devorado el cadáver dejándolo totalmente descarnado, en los puros huesos, demasiado mondo y lirondo para el poco tiempo transcurrido. Era un dragón impresionante. Desde lo alto del despeñadero que se abría sobre el lecho del río y sobre el escalonamiento de la cantera, podía divisar el esqueleto y hacerse una idea cabal de sus increíbles dimensiones. Calculó que tendría la altura de tres hombres fornidos y el peso de diez caballos.
En realidad fue una garrapata (probablemente del perro aquél, el que fue luego corneado por un ciervo), cogida al testículo derecho, lo que le provocó el error de confundir un jabalí furioso, por haber dado muerte a sus crías en un revolcadero adyacente, con un enorme dragón.
Y sin embargo, la fenomenal osamenta hablaba a las claras de un coloso bien distinto a un gorrino salvaje.
Entonces no se sabía, pero ahora podemos decirlo con seguridad: El monstruo terrible que creyó haber matado, el esqueleto que desistió –por lo que pesaba y porque se le deshacía en huesos petrificados- de llevarse como trofeo al castillo, era el fósil de un dinosaurio; un iguanodón del cretácico inferior.

¡Por San Jorge!


La Esperanza es lo último que se pierde

Esperanza Aguirre reivindica la autoría de haber encetado el debate de ideas en el PP. Gran cosa si fuera verdad. Hay que negar todas las mayores: no existe debate y tampoco se vislumbran ideas. En realidad, ni siquiera se observan diferencias de fondo entre los contendientes; únicamente que los patrocinados por la COPE parecen exhibir unas formas más chulescas, aplican el libro de estilo, el manual de la emisora y sacan con mayor frecuencia la caja de las tortas. Hay ligeros matices en asuntos como la forma de enfocar el 11-M, la trascendencia que se le da, y poco más. Si en algo lleva razón Espe es en eso de que su partido cae antipático al personal, pero parece que la receta que aplica es sostenella en la forma de hacer oposición y no enmendalla en modo alguno. En definitiva, ahondan en el error lanzando mensajes de consumo interno que no llegan al electorado, no porque no se pronuncien en voz alta y clara sino porque los votantes son refractarios a un tono tan agresivo. Diríase, al menos, que por ese camino han alcanzado su techo electoral.
Para avalar sus razones utilizan una prueba del nueve que es una soberana sandez: cuanto más le disgusta al Grupo Prisa la alineación, más convincente resulta. Por eso, Gallardón, mimado de El País, es un bellaco quintacolumnista. El certificado de origen se asemeja a los argumentos que usaba Joan Gaspart para descalificar a los contrincantes en la campaña por la presidencia del Barça y, más tarde, a los que le criticaban desde el seno del club. Aseguraba que esos eran los preferidos de la gente del Madrid. ¡Falso de toda falsedad! Gaspart era un manipulador y un fanático de maneras toscas, rudo y faltón, pero el mejor presidente que ha tenido el Barcelona para los madridistas. Con él, no ganaron ni un solo título.
La prensa hasta ahora afín ha llegado a un punto de no retorno. El trato que le están dispensando a Rajoy parece que no tenga vuelta atrás. Otro símil futbolístico: José Mª García en unas elecciones por la presidencia del Real Madrid participó de forma muy activa y beligerante a favor de Luis de Carlos y en contra de Ramón Mendoza. Butanito, que también estuvo en la COPE y venía cortado por un patrón parecido al de Federico (algo verdulera, con ansías de manejar los hilos del poder desde la sombra, emboscado tras el micrófono) rompió definitivamente su relación con el club a raíz de aquello. Su antipatía por Mendoza le llevó hasta los tribunales y se hizo extensiva a Florentino Pérez.
En fin ellos verán. A mí el que me interesa es el Madrid; ni el PP ni el PSOE.

sábado, 19 de abril de 2008

Con papel de fumar

La delegada del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha, Ángela Sanroma, ha dicho que las críticas a las ministras “son semillas que hacen que germine el maltrato y comportamientos machistas que una sociedad democrática no puede permitirse”. Pues ahora lo entiendo: Zapatero lo que quería era blindarse, amordazar las críticas a su gobierno. No estaba orgulloso; estaba siendo precavido. Claro que oídas las melonadas del majadero de Berlusconi –confirmando augurios de los malpensados- y sus nauseabundas declaraciones en las que calificaba de “demasiado rosa” al gobierno, puede que tuviera razón Zapatero al colocarse una venda previa a ese tipo de heridas.
En el extremo opuesto de semejante desahogo, en España nos la cogemos con papel de fumar. Obsérvese:
1. En las pruebas psicotécnicas de una oposición, se repartieron unos tests de personalidad cuya primera página advertía que, con el fin de simplificar, todas las respuestas se redactaban en masculino. Faltaba pedir perdón.
2. Esta acabada pieza de corrección política parece una broma pero no lo es en absoluto:

La utilización de determinadas consignas
en las manifas contra la guerra
Desde algunos colectivos feministas, queremos haceros llegar un pequeño comentario sobre la utilización de determinadas consignas en las manifestaciones y actividades contra la guerra.
Nuestro objetivo es, que desde las distintas organizaciones esto se tenga en cuenta para futuras movilizaciones.
Os solicitamos lo publiquéis en las diferentes páginas web y listas de correo contra la guerra, de forma que se difunda lo más posible. Gracias.
COMUNICADO ORGANIZACIONES FEMINISTAS
Después de estas semanas de multitudinarias manifestaciones en las que todas y todos hemos participado contra la guerra y contra la posición del gobierno del PP, queremos comentaros algunos aspectos de cara a futuras movilizaciones. Nos referimos concretamente, a la reiterada utilización de consignas que hacen referencia de forma vejatoria e insultante, al colectivo de las prostitutas y homosexuales, colectivos que llevan una dura lucha por su reconocimiento social y contra su estigmatización.
Aunque sabemos que hay expresiones muy arraigadas en el lenguaje coloquial, creemos que utilizarlas en manifestaciones reivindicativas plantea serios problemas, nos referimos concretamente a la utilización de “hijo de Puta” y “mariconazos”, como los insultos más vejatorios a quien creemos que realmente se merece lo peor, Bush y Aznar. Sin embargo, creemos que hay otras alternativas, que os proponemos difundáis, como por ejemplo:
En lugar de “Aznar, valiente, valiente hijo de puta”, gritar “Aznar, valiente vete tu al frente” ó “Aznar valiente, valiente terrorista” También, os sugerimos reproducir en las diferentes movilizaciones, el siguiente texto: “Las prostitutas y mujeres de vida alegre, sin fines de lucro, ACLARAN que EL Sr. AZNAR, NO ES HIJO NUESTRO” Saludos feministas y Solidarios.
¡ Esta Guerra la vamos a parar !
Asamblea Feminista de Madrid. Forum de Política Feminista. Centro Social Okupado de Mujeres. ¿La escalera karakola? Asociación de Mujeres Europeas Feministas (AMEFE). Organizaciones Feministas .

jueves, 17 de abril de 2008

La felicidad

No me resisto a reproducir la noticia que publicaba 20 minutos el pasado día 11 y a ilustrarla con la viñeta de Erlich que aparece hoy en El País (*).

El cerebro humano no está diseñado para alcanzar la felicidad
La causa de la infelicidad está en el cerebro emocional.
Esta sensación se alivia fácilmente con el lenguaje poético.
El objetivo de nuestro cerebro es la supervivencia.
La principal causa de la infelicidad del ser humano está en el sistema límbico, o cerebro emocional, una estructura que gestiona respuestas emocionales ante estímulos sensoriales.
En el cerebro emocional está, “toda la información que recibimos del mundo externo a través de los sentidos se impregna de matices emocionales, de placer o dolor, lo que realmente nos impide ser felices”. En definitiva, “el objetivo final en el diseño de todo cerebro es la lucha por la supervivencia”.
La infelicidad lleva aparejada la necesidad de aliviar el dolor que produce.
Estas son algunas de las explicaciones de Francisco Mora, catedrático y director del Departamento de Fisiología Humana, que ha participado en el ciclo “En tierra de nadie”, organizado por la Fundación de Ciencias de la Salud y la Residencia de Estudiantes.
A diferencia de los animales, el cerebro del ser humano posee una complejísima organización funcional, ha atisbado la conciencia de si mismo.
Desde el punto de vista de la literatura es más fácil escribir sobre la infelicidad. Esto se debe fundamentalmente a que la infelicidad lleva aparejada la necesidad de aliviar el dolor que produce, algo que puede hacerse fácilmente a través del lenguaje poético.
______________________
(*) Post scriptum. Pocos días después, este diario publicaba un artículo de Ana Pantaleoni, en el que apuntaba esta posibilidad: “La depresión se vuelve epidemia en la medida en que las mayores expectativas encierran más frustraciones. ¿Exigimos demasiado a la vida?”

lunes, 14 de abril de 2008

Gobierno de película

Zapatero ha nombrado un nuevo gobierno cuyos miembros y miembras han tomado posesión a lo largo de esta mañana. De lo que más orgulloso se siente –dice- es de que haya más mujeres que hombres. Ya puestos podía haber nombrado mujeres para todos los ministerios y estaría que no cabría en el traje. Hablando de cuotas, ¿cuántas son campanudas, cuántas cilíndricas y cuántas diabólicas? Es sólo curiosidad malsana.
El más novedoso ha sido el Ministerio de Igualdaz, aunque visto el resultado que dan los otros también dedicados a ideas y valores platónicos (educación, cultura o ¡justicia!), supongo que da lo mismo que se cree éste que el de Talante, el Ministerio de Tolerancia o el de Eficiencia.
Tras Federica Monseny, Soledad Becerril fue la primera mujer ministra de España, pero cuando se trataba de gobiernos de la derecha (fue Calvo Sotelo el que la nombró) se decía que les daban ministerios floreros. Pues a ver qué coña resulta ser esto.
La verdad es que con las competencias que le quedan al Estado tampoco tiene mayor importancia quién (hombre o mujer) se sitúe al frente de cada departamento, y Zapatero –que lo sabe de sobra- ha confeccionado su gabinete con un criterio que los analistas han ignorado pero que –estoy seguro- ha primado sobre otras consideraciones: el estético (eso sí, algo naif).
Decía Saramago (La balsa de piedra): "(...), lo que permite pensar que los gobiernos sólo son capaces y eficaces en los momentos en que no hay razones que exijan su eficacia o capacidad. (...) Porque, y es bueno que sobre esto no queden dudas, los gobiernos de salvación nacional son también muy buenos, hasta podríamos decir que los mejores que hay, lástima que las patrias sólo muy de tarde en tarde los precisen, por eso no tenemos habitualmente gobiernos que nacionalmente sepan gobernar."
¡Qué suerte! Salimos de la sartén para caer en el fuego, vamos de El Gran Dictador a Las vacaciones de Mr. Bean. Así nos luce el pelo.

jueves, 10 de abril de 2008

Entran bascas de oír según qué cosas

Con la firma de Javier Rodríguez Marcos publica hoy El País un artículo titulado “Ni vascos y vascas, ni diputados y diputadas” y subtitulado “Crecen las alternativas para evitar el masculino a pesar de la Academia - El nuevo Congreso se enfrenta a una moción para cambiar su nombre”. Empieza preguntándose el articulista si “tienen sexo las palabras o, simplemente, género”.
Sí hombre, ¡faltaría más!, y las letras también. No hay que echarle mucha imaginación al asunto para representarnos gráficamente la erótica de algunas, sobre todo mayúsculas. Si se puede hablar del sexo de los ángeles, ¿por qué no del de las palabras? Claro que también se habla de la violencia de género cuando habríamos de referirnos a la violencia de sexo (o machista si se quiere), por lo que cabe concluir que ambos términos son intercambiables. Hablar de violencia sexual podría sugerir otra cosa, pero menos atinado sería referirse a violencia general. Así que podemos acabar diciendo “generador de pollos” en vez de “sexador de pollos” y hablar de trabajadoras del género, enfermedades de transmisión genérica o capitán sexual.
La incorporación de la mujer a trabajos tradicionalmente reservados a hombres ha propiciado ese desdoblamiento, pero la cuestión es distinta y viene, a mi juicio, asociada a la problemática de las estructuras lingüísticas –y sobre todo mentales- de la corrección política. ¿O acaso no han existido las españolas desde... (bueno desde hace mucho: no es mi intención comparar aquí la antigüedad de su linaje con el de las vascas)?
Quizás no prospere el término “cancillera” para Merkel, como dice Mercedes Bengoechea, pero apuesto a que a la siguiente ya se la denomina así con la mayor naturalidad. Por cierto, a pesar de que no lo admita el DRAE, el corrector ortográfico del Word no lo subraya. Si sale elegida Hillary no habrá mayor problema porque en inglés no hay diferencia, pero lo bueno será ver cómo se “traduce” lo de la primera dama. ¿El primer caballero? No creo.
Cabría matizar al profesor Bosque que, si se generaliza el uso (del vocablo), el matrimonio pasaría a definirse como la “unión legal de dos personas” y sobrará aclarar su sexo (del mismo o de distinto, como dice el filólogo) por innecesario, redundante y tautológico.
Tampoco me parece que las mujeres se deban sentir ofendidas por el plural en masculino. No sólo rige la ley del mínimo esfuerzo sino también una elemental eufonía: “compañeros y compañeras” es cacofónico. Lo que resulta ridículo (y antes que nada, impronunciable) es la barra para separar las terminaciones de género o el símbolo de la arroba. Se llega a caer en excesos, en experimentos grotescos: ¿Quién no recuerda las “jóvenas” a las que apelaba Carmen Romero?
Una cosa es el sexismo discriminatorio y otra los usos lingüísticos. ¿Un ejemplo? En árabe, la conjugación de los verbos es distinta para el masculino y el femenino, en singular y en plural (e incluso en dual) y hasta existe un pronombre de segunda persona del singular, femenino, del que carecen las lenguas occidentales. ¿Alguien en su sano juicio afirmaría que las sociedades árabes son más avanzadas en el terreno de la igualdad de sexos (o en algún otro) que las anglo-parlantes, que las francófonas, que la europea o la española (la sociedad, no la española esa que cuando besa...)?
Respecto al cambio de nombre para el Congreso de los Diputados (y las Diputadas), se me ocurren muchas posibilidades, pero eso es harina de otro costal. O a lo mejor no...

lunes, 7 de abril de 2008

ZP en torre de marfil con ventana al exterior

Oír la COPE suele poner de los nervios pero hay que admitir que es saludablemente crítica con la derecha. Por contra, la SER es tan sumisa con el gobierno que resulta de un sectarismo rastrero y servil. El programa La Ventana constituye la columna editorial del Grupo Prisa. Ahí, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, notable intrigante, acreditado traidor a Suárez, y político prejubilado absolutamente incapaz en su momento de aglutinar las simpatías necesarias en el seno del PP para liderarlo, como pretendía, o de pasar el fielato de las urnas para cotejar su tirón popular (creo que nulo con esa pinta de niñato decimonónico y de pedante endomingado), sienta cátedra. Suele ser él, relamido y sabelotodo, resentido y envenenado con el fanatismo del converso, el que enuncia las teorías ya conocidas, el que hace saber las posturas del entorno del PSOE, desde su dudosa independencia e increíble oposición. Santiago Carrillo se limita a abundar en sus opiniones y la conductora, Gemma Nierga, emite unos gruñidos de asentimiento de resonancias orgásmicas. El otro (iba a decir el tercero en discordia, pero aquí no hay discrepancia alguna) es Pere Portabella. Hoy le ha corregido a Carrillo: La oposición no ha sido catastrófica durante estos cuatro años, sino catastrofista. ¡Qué armonía la que allí reina! Miguel Herrero ha acusado a la derecha de sacrificar a sus mejores hombres: ¡Fuera caretas y falsas modestias! Le han reído la gracia, patética y nada inocente. Una buena parte del programa la han dedicado a defender que Zapatero no pacte con los nacionalistas aun a costa de que la investidura se produzca en segunda votación. Estos mismos se han pasado la legislatura sosteniendo que los pactos eran muy positivos. Son maestros en ese arte de hacer de la necesidad virtud.
Lo más emotivo de hoy ha sido la manera encomiástica en que se han referido a la soledad del manager (con perdón a Vázquez Montalbán); una soledad que nos ha conmovido. A ZP se le vio en la cumbre de Bucarest triste y mohíno. En la radio han aplaudido su independencia y ensalzado su orgullo. Le han quitado importancia a la cuestión subrayando el escaso relieve de la personalidad de Bush y lo poco o nada que allí se decidía. Han analizado –por decirlo de algún modo- las causas y las nulas consecuencias, mientras tachaban la foto de oportunista. ¿Y cuál no lo es? Una foto consiste en eso, en la oportunidad, en el momento, en la fugacidad circunstancial del instante en que es captada. El meollo de la cuestión –hábilmente soslayado por estos palmeros- del retrato radicaba en la imagen que transmitía (valga la redundancia semántica). Y lo que hemos visto reflejaba el aislamiento del hombre y lo que representa (España). La Diplomacia, a menudo, se basa en los corrillos, ¡qué le vamos a hacer! Y eso, los corrillos que ignoran a Zapatero, es lo que desprecian en La Ventana para encumbrar a su jefe a la torre de marfil.