martes, 4 de noviembre de 2008

Entre col y col...

En esta tesitura, en que andamos, como Jaime Peñafiel, obsesivamente ocupados con los asuntos de la monarquía, tan peritos en sus entresijos como ariscos con los miembros de la familia real, y mirando con el rabillo del ojo a las elecciones americanas, más puestos en el tema que Jesús Hermida y José Mª Carrascal juntos (en sus respectivos buenos tiempos), por poco se nos olvida que se está cociendo la madre de todas las cumbres: nada menos que la de refundación del capitalismo. Ahí es nada. Claro que si el invento no funciona, mejor no estar presentes.
Se han agotado las entradas en taquilla y la gente anda como loca buscando un pase. Zapatero ha rechazado estar en el fondo, en las gradas de general de pie, y alega que esas localidades se han erradicado de todos los coliseos. Ignorando las limitaciones de aforo, todos quieren que se les reserve sitio en el palco VIP sin estar abonados, «al precio que sea»; así que la reventa se ha puesto por las nubes. Sarkozy ha cedido un asiento al ministro de Finanzas de la República Checa y se espera que en el Consejo Europeo extraordinario de Bruselas dé con la manera de que asistan España y Holanda. Polonia, por su parte, se ha ido directamente al estadio, a Washington. Total que, más que a la capital europea, donde han cerrado las ventanillas, hay que estar atentos a la de EE.UU., donde, aprovechando el despiste producido por estar Obama cantando victoria, pueden intentar colarse, entrando en tromba, los parias olvidados por el encargado de mandar las invitaciones.
En resumidas cuentas, que entre col y col (de Bruselas), a ver si cuela y se consigue entrada.

viernes, 31 de octubre de 2008

Conjugando el verbo callar

En Público dicen que lo que la reina diga en privado no se haga público. Porque supongo que no querrán decir que se tiene que callar en su casa (¿será la reina de la casa?) o en su palacio, vaya. Estoy de acuerdo.
Pero me surge una duda respecto a la manera en que formulan la pregunta, ya que no queda clara la persona a que se refiere el verbo, en su uso pronominal, y cabe la posibilidad de que se trate de un residuo insuperable de respeto y hasta de reverencia. Emula pero no reproduce literalmente el modelo, aquel contundente “¿Por qué no te callas?” que le espetó su marido a Hugo Chávez.
¿Por qué no se calla? (ella)
¿Por qué no se calla? (usted)
¿Por qué no se calla? (Majestad)
La portada lleva un mensaje oculto, un simpático guiño a la afición: Tanto las letras como el icono recuerdan –no me digan que no- a la carátula del single del God save the Queen que los Sex Pistols, la banda punk por excelencia, le dedicó a Isabel II con motivo de su jubileo. La tuvieron que interpretar en una barcaza que surcaba el Támesis ante la prohibición de tocar el tema en suelo británico. En todas partes cuecen habas.
¡Ah! Y no pienso comprar el libro de Pilar Urbano porque lo que diga Sofía, en público o en privado, me importa un bledo. Realmente.

jueves, 30 de octubre de 2008

Heducación pa lah Ziudadanah… y loh Ziudadanoh

Ahivá, la cartera (ya no se llevan los donuts, ni dos ni uno, que es bollería industrial, todo pura grasa saturada). Se me abren las carnes yendo contra uno de mis más caros principios (y de mis fines en esta bitácora): la corrección ortográfica, y aunque sea algo deliberado y consciente, me entran escalofríos y me salen sarpullidos. Tengo por ahí, a la izquierda, una declaración de intenciones a la que me mantengo fiel.
Aunque el episodio es de hace varios meses, he descubierto hoy el vídeo. Ahí está el par de ciudadanas que parece un tándem de profesores de los que ha montado la Conselleria de Educación de la Generalitat Valenciana: Mercedes Cabrera sería la profe de Filosofía y Mª Teresa Fernández, de un look más cosmopolita, como más centroeuropeo, la de Inglés.
In inglis, plis. Ah sí, estooo Education for the Citizenship. Oígame que no es lo mismo que lo de arriba. No, si ya.
Me preocupa el tema. Hace cosa de dos años, cuando cesó la Ministra Mª Jesús San Segundo, envié una colaboración a un blog colectivo bajo el título La Mala Educación (se acababa de estrenar la peli de Almodóvar) donde abogaba por la necesidad de un pacto de Estado para preservar la enseñanza de los vaivenes de la política y de los cambios de equipos ministeriales, así como para evitar que los partidos políticos la usen como un juguete. No me resisto a reproducir algo de lo que allí decía: “(…) se ha pasado de meter la letra con sangre a que no entre de ningún modo, de exigir la lista de los reyes godos a que el temario se limite al último rey de España (quiero decir al actual), de conocer los afluentes de los ríos de la península ibérica a la apropiación programada –en exclusiva o por tramos- de los que atraviesan una comunidad, de las leyendas y cronicones a la revisión o falseamiento de la historia, de saber latín a no ser capaces de hacer la o con un canuto, y así ad infinitum.”
También citaba un párrafo de la Breve Historia de España del recientemente premiado Fernando García De Cortázar: “El modelo llega a su cima con la reforma de Moyano de 1857, que garantizó la educación primaria obligatoria hasta los nueve años y concede al Estado la elección de los programas y libros. De nuevo, la penuria impide avanzar, y si en Francia la reforma educativa fue fundamental en el desarrollo de la unidad nacional al extinguir los particularismos y las lenguas regionales, en España, la deficiente escolarización truncó esa posibilidad, permitiendo la supervivencia de los idiomas locales.”
Por entonces supe del Panfleto antipedagógico del profesor Ricardo Moreno Castillo que, en esas fechas, se editó en forma de libro. El texto tuvo tanto éxito en su difusión como escaso en su aplicación. ¡Y cuánta razón tenía!

jueves, 23 de octubre de 2008

No a la pornografía infantil

Hace unos días que está circulando. Lo he visto en varias bitácoras y nuestro amigo Mike me ha llamado la atención sobre ello, con sus comentarios y su post “LLamamiento a la comunidad blogger para la campaña contra la pornografía infantil”, haciéndose eco de la campaña iniciada por La huella digital y Vagón-bar.
Como dice Mike, poco podemos hacer, pero cuando se nos exhorta a participar en iniciativas como ésta, tenemos que estar ahí con todas nuestras fuerzas.
La pornografía infantil en la Red es una lacra imparable que ensucia nuestras vidas cada día. La presión policial con macroredadas no es suficiente para detener las malas prácticas de estos individuos, que actúan desde el anonimato que puede brindar la Red golpeando las vidas de cientos de niños, incluso bebés, en busca de un deseo sexual depravado y enfermizo. Por eso entre todos los internautas debemos ponernos manos a la obra y meter el máximo de ruido en el ciberespacio. El objetivo de esta blogocampaña, que arranca hoy, es que el próximo 20 de noviembre --Día Universal del Niño-- cientos de blogs escribamos un post en el que aparezca la frase Pornografía infantil NO para sembrar los buscadores de Internet de severas críticas a esta vergüenza humana y social. De esta forma conseguiremos que las ciberbúsquedas de las palabras pornografía+infantil al menos golpeen las conciencias de tanto salido mental. En el post podéis colar términos de búsqueda empleados por los pederastas y pedófilos como "angels", "lolitas" o "preteens" para llegar adonde queremos llegar.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Los Hombres G

¿Conque tú eres más listo y tu economía más solvente? G (je). ¿Que tú gestionas mejor la crisis y tu país es más pujante? Ya. GG (je je). ¿Y que casi todas las ideas son tuyas, unas pocas del Gordon Brown, y los demás no pintamos ni aportamos nada? GGG (je, je, je). Así hasta ocho ges le ha devuelto Sarkozy a Zapatero. A ver si te crees que aquí eres el único que tiene memoria, que con la histórica la acaparas toda. Nos chupamos el dedo los demás. G (je), un jeta es lo que tú eres.
─Ge-ocho.
─Agua. Me toca: Zeta-uno.
─Tocado.
Zapatero no ha acertado con la letra (tampoco con la música) y eso que él se las prometía muy felices para esta legislatura y pensaba que iba a propinar, a diestro –sobre todo- y siniestro, certeros espadazos con la marca del Zorro. No localiza el punto... (no digo la letra) de encuentro. Se le ha soltado uno y anda como loco a ver si se lo cogen no vaya a hacérsele una carrera igual que en las medias, que enseguida se estropean del todo y hay que tirarlas. A él sí que le han cogido el punto los demás. Y no hay manera, no escarmienta ni a la de tres. ¿Que tú, cuando pasa mi bandera, miras para otro lado y no te levantas? ¿Esas tenemos? Pues yo me hago el distraído y simulo no verte en la cumbre o en el llano.
─My tailor is rich.
─¿? Pardonnez-moi...
«Nuestro objetivo es superar a Francia en tres o cuatro años, y esto no lo quiere ni oír nuestro amigo Sarkozy.» Claro hombre y yo ahora te ayudo a que nos superes presentándote a mis amigos. ¿Y te presento también a mi Carla? ¿Ah, que tu Sonsoles también canta y que pueden hacer migas? ¡Y dueto! ¡Anda ya! Espérate sentado que ahora mismo te invito a mi club, patán. Bastante tienes tú con el Club de la Comedia que has montado. Te vas a enterar.
Vale que son como niños, pero la diplomacia tiene sus reglas que hay que conocer y que es conveniente respetar si quieres que te dejen participar en el juego. No sirve el talante. Llevarás más razón que un santo pero, además, hay que saber presentar los argumentos.
A la ge no, a la eme lo van a mandar.

domingo, 19 de octubre de 2008

Pepiño rojiblanco

«Tengo un asco al Madrid que no lo puedo ni ver», dijo ayer Pepiño en el palco del Calderón. El pobre... con ese apellido. Es como aquel viejo graffiti: “Fachas, jodeos que tenéis el corazón a la izquierda y la sangre roja.”
El nota es definitivamente tonto de remate. No se puede ser más necio. Apostaría a que en su circunscripción hay más merengues que colchoneros, pero, para el caso, tanto da. Ni al que asó la manteca se le ocurre enajenarse de ese modo las simpatías de una parte del electorado. Bueno, sí, Miguel Sebastián hizo lo mismo en las pasadas Elecciones Locales y así le lució el pelo. ¿Qué opinará Rubalcaba –entre otros- de su conmilitón?
De todas formas, ahora nos explicamos lo de la foto, cuando depositó su voto en las últimas Generales. Quizás no es lo que se pensó en su momento, que no había entendido el “conceto” (cada sobre en la urna de su color) sino que era una cuestión de aversión cromática. No puede soportar el “color” blanco y por fastidiarlo es capaz de anular su voto. Pero sigo haciéndome la pregunta que entonces se formuló: ¿Y para eso se cogió un avión hasta Lugo?

sábado, 18 de octubre de 2008

¡Voy p’allá!

Dentro de todo este lío que se ha montado coincido en la necesidad de dar satisfacción a legítimas demandas individuales –muchas, justificadísimas- y a la vez me parece que para tal viaje no hacía falta echar semejantes alforjas. Ya puestos, ni siquiera creo que fuera menester organizar tamaña excursión; y todo ello dejando aparte que la movida de la Memoria Histórica constituye una sandez conceptualmente imposible, como explica Gustavo Bueno.
Garzón ya ha dicho que no piensa procesar a Carrillo por lo de Paracuellos. Él verá. No soy partidario de que lo encause pero tampoco entiendo sus abstrusas razones para dejar de hacerlo. Si le abriera un sumario –aunque fuera pequeñito- demostraría al menos que no pretende disparar tan sólo fuegos de artificio. ¿Llamará a declarar a Franco si no expiden el certificado de defunción o imputará al responsable del Registro Civil por colaborar en el genocidio?
Como los profanadores vocacionales de tumbas empiecen a revolver, no tardarán en salir fantasmas (y La Sexta, mientras da la noticia, nos sacará la foto de Rajoy) de una de las dos Españas; lo que habrá de helarnos el corazón. Y si no, al tiempo. Para mí que los anhelos necrofílicos de toda la humanidad ya debieran estar saciados para los restos (valga la expresión) tras exhibir, igual que la mojama en el expositor del fiambre, el cadáver embalsamado de Lenin en su mausoleo. ¡Qué guarrada! ¿O, por el contrario, ciertos ateos de izquierdas le han cogido el gusto a las momias y experimentan una veneración religiosa por la muerte y lo que acontece más allá de su advenimiento? Por cierto, hoy se publica que ha sido hallada la cripta en la que asesinaron a Calígula; aunque imagino que éste tampoco es santo de la devoción de las asociaciones recuperadoras. Allá películas.
A todas estas, ¿qué pasó con el que podría ser el esqueleto de Andreu Nin, que apareció a principios de marzo y no se ha vuelto a saber de él?
Es un hecho probado que el papel y el oficio de la judicatura es impartir justicia aun en contra de la voluntad de los justiciables potencial y presuntamente beneficiarios de su acción. Ahí están los familiares de García Lorca a quienes se empeña Ian Gibson, con el concurso impagable de don Baltasar, en hacer justicia. Sus deudos consideran que la figura de Federico no precisa reparación alguna. Y razón no les falta. No parece ser ése el caso de Companys, a quien le quieren anular el juicio (el sumarísimo, no la razón). Ambos fueron objeto de procesos sin garantías ni justicia y asesinados con vileza (no diré ejecutados de forma injusta, porque la pena de muerte siempre lo es), y punto.
¿Pretenden rebobinar la historia y eliminar los sucesos inconvenientes? ¿Van a elevar, con esas mascaradas, la dignidad de la víctima inocente, o resaltar la atrocidad de sus victimarios? Ni siquiera un ápice. Esto puede ser inacabable: También se podría borrar la expulsión que sufrió Dalí de la Academia de Bellas Artes, revisar el expediente académico de Einstein y sancionar a sus profesores por ponerle malas notas o retrotraer un partido de fútbol al momento anterior a que se señalara un penalty que la moviola demostró inexistente. Y ojo que como se trate de que las sentencias dictadas por unos jueces las reexaminen otros, caeremos en el ámbito competencial del CGPJ y ahí sí que tropezamos en hueso.
Por ese camino, los cristianos (alguno quedará) le pueden pedir a Garzón que revise el juicio y ejecución de Jesucristo y condene a la mitad del pueblo de Israel (unas seis tribus, pizca más o menos) de Anás a Caifás y de Herodes a Pilatos (a los romanos también: se me olvidaba) por aquel conjunto de actos infames de su pasión y muerte. Que nadie vea en ello antisemitismo, que Jesús era, él mismo, judío de rancio abolengo: de la casa de David por más señas.

domingo, 12 de octubre de 2008

El Plan de Salvación Nacional

Menos mal, hombre, la oposición tiene un plan. Y no sólo uno, tiene más:
El Plan A: Apasionante.
El Plan B: Bobada solemne (o patriotería de hojalata, tanto monta).
El Plan C: Coñazo.
El Plan D: Desfile.
Estamos salvados.

viernes, 10 de octubre de 2008

Suenan las trompetas del Apocalipsis

Rayos y truenos. Perdón por ser pesimista pero uno es como es y no lo puede evitar. Igual que pasa con el optimista (ya saben), en el carácter del agorero hay componentes patológicos intrínsecos. Ignoro si la cosa tiene arreglo pero, de haberlo, la curación debe pasar por un tratamiento de choque intensivo, por mucho que mi psiquiatra diga lo contrario: él insiste en que todo es cuestión de voluntad. ¿Y la depresión qué?
El Banco Central Europeo baja los tipos de interés y sube el Euribor. Esto ya no lo entiende ni Dios, y arreglarlo... no te digo nada. Y ellos de viaje guay. ¡Ay qué leche Mariapetra! Cuando todos los indicadores (¿se dice así?) son negativos, coge la bolsa, rebota (¿?) y pega un subidón de agárrate y no te menees; se aprueba un plan de ayudas a una empresa o un sector, se pone la Reserva Federal manos a la obra, se pilla un rebote del revés y se hunde el parqué. Que si desplomes, que si recogida de beneficios, que si descuento anticipado de medidas, que si repuntes. ¿Y las causas? ¡Ah!, misterios insondables del mercado. Es algo caprichoso, aleatorio, sometido principalmente a las normas del azar, por no decir de la fortuna. Es la repera. Lo único seguro es que las bolsas son tan poco imaginativas que se copian unas a otras. Subidas y bajadas, ganancias moderadas y fuertes pérdidas, derrumbe y superación de barreras psicológicas, caída de índices y recuperación de confianza, apertura y cierre, renta fija y variable, mercados de futuros y fondos de inversiones, pánico y euforia, barril de Texas o de Brent: es una locura que ni mi psiquiatra sabe cómo interpretar. No si al final va a ser el riego.
Y ahora que se nacionalizan bancas de forma más o menos encubierta, va Llamazares y se larga. Hay quien nunca está contento con nada. O a lo mejor es que piensa que le han dejado sin discurso intervencionista, que le han birlado sus argumentos, que se ha volatilizado la coyuntura capitalista contra la que luchaba como se ha volatilizado el valor de las acciones de muchos. Joder la que se avecina.
Nunca había entendido lo de jugar a la bolsa… pero tampoco al backgammon, al bridge, al bacarrá, al blackjack (bueno, éste creo que es como el siete-y-medio pero con veintiuno), ni siquiera sabía cómo iba lo de los botones de las maquinitas de los bares. Bien, ahora compruebo que no hay gran diferencia entre las altas finanzas y las tragaperras, que todo eso son sacacuartos y engañamuchachos, que siempre ganan los mismos y que a la larga salimos perdiendo los de siempre.
Hasta la fecha, cualquier español se sentía capacitado para ser seleccionador nacional de fútbol, pues no te digo nada ahora –a pesar de la que está cayendo o precisamente por eso- para ser corredor de bolsa. Yo propongo a Chiquito de la Calzada como Presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. (Con todos mis respetos para el genial cómico malagueño a quien no tengo la más mínima intención de ofender.)
A este paso las únicas ofertas de empleo van a ser las de corredor de bolsa para carreras de sacos. Si esto no es el advenimiento del Apocalipsis, que venga Dios y lo vea. Tocan a rebato: ¡sálvese quien pueda!

miércoles, 8 de octubre de 2008

La Zapatera Prodigiosa

Me veo mal: como enfermo de melancolía y añorante de tiempos pasados. Y no es el caso. Lo mismo que esas discotecas que, por no saber qué hacer, se dedican a dar sesiones de remember, no paro de sacar papeles ajados y me ha salido, igual que sale un forúnculo, otro pasquín viejo.
En estos grotescos extremos a los que hemos llegado y con esa manía por desterrar el lenguaje sexista, al menor descuido contemplaremos feminizarse el nombre del boss y -mutatis mutandi- convertirse en personaje lorquiano: La Zapatera Prodigiosa. Tal vez debería puntualizar que tras la metafórica visión no hay pulsiones machistas u homófobas sino unción admirativa ante su talantosa persona, a quien veo capaz de obrar los mayores prodigios y de convertir el agua en vino. Oye, y además, “si tu ojo te escandaliza, sácatelo” (Mt., 18, 9).
Que levante la mano quien tenga 20.000 € en el banco (bueno, que la levante si quiere); yo no, ni mucho menos. Yo, a principios de mes tengo una cosa y al acabar ninguna: ya me la he gastao. Por eso, no me asustó que fuera ese el límite garantizado de los depósitos, igual que el de ahora, que se ha subido a 100.000, me suena a chino, a música celestial o más bien marciana. Hasta me hago ilusiones de que se produzca el milagro de la multiplicación de los panes y los peces y cualquier día me los encuentre en mi cuenta corriente y moliente. Solbes: en vos confío.
Pero si del jefe y sus subalternos no cabe esperar grandes cosas, me parece que este gobierno da la medida de la oposición. Vamos, que son tal para cual. Se han juntado el hambre y las ganas de comer.
El amor, como en la obra de Federico (García Lorca), todo lo puede, y donde aquél no llegue, se pone una pasta a cargo de los Presupuestos Generales del Estado y sanseacabó. Y los demás, a arrimar el hombro, coño.

martes, 7 de octubre de 2008

Zapatero: el bombero torero

No sé que me pasa que estoy retro. Inspirado por José Luis y su cuadrilla voy por mi cuenta haciendo un revival de cartelería antigua que pa qué. Me provocan, no lo puedo evitar. Pero la imagen es impagable: Este hombre tiene unas ocurrencias y unas salidas… Es diestro en apagar fuegos, en meterse en enmarañados jardines para rescatar a mininos de inalcanzables copas de árboles, en abrir, por la mera fuerza de su brazo ejecutor, puertas que parecían selladas para siempre. Y remata las faenas que te cagas.
Cuando aseguró que España había superado la media europea y a Italia en renta per cápita, puso la guinda con una chirigota: «cosa que deprime mucho al primer ministro Berlusconi». Así hombre, así, haciendo amigos. «Nuestro objetivo es superar a Francia en tres o cuatro años, y esto no lo quiere ni oír nuestro amigo Sarkozy», agregó. Tú no te cortes, ¿pa qué? Con unos colegas como los que te vas echando, no vas a necesitar enemigos. Alguno puede que te recuerde aquello de que “entre bomberos no hay pisarse la manguera”.
Luego va el tío y se presenta ante la almendra del capitalismo moderno a sacar pecho por sus logros y a explicar cómo funciona el mercado. Sentando cátedra. ¿Y eso? Pues ni más ni menos que con las dos clases vespertinas de Economía que le dio Jordi Sevilla. Mira tú si cunden. Moratinos también le ha dedicado, con gran aprovechamiento, alguna charla didáctica sobre diplomacia de la buena y nuestro Presidente está alumbrando una nueva forma de hacer política. Le ha salido un estilo bastante cheli que diría Umbral. O Ramoncín. ¿Pues no ha venido a decir que si gana McCain se reedita la Guerra Fría? ¡Viva Sócrates y la mayéutica! Ya podemos rezar para que salga Obama. Se ve que aclaró, en inglés de Georgetown, como el de Aznar, que las declaraciones eran off the record, pero los periodistas, ya se sabe, tienen mu mala leche.
Nada, lo dicho: a hombros, por la puerta grande, con un par (de orejas) y el rabo.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Doña Cocleta

¿Se acuerdan? Conste que no hay montaje y que el post-it de la portada del disco (“las historias que Vd. no puede escuchar en T.V.”) forma parte del original. Palabra. No les digo quién es don Ciruelo y quién doña Cocleta.
Del anuncio del Ministerio de Economía y Hacienda y de su retirada (que la escandalera la montó una Señoría del PP) me he enterado por la prensa. Pero si es lo que dicen, que un señor va con su trauma a la terapia y le habla a su psicóloga de cabeza y cabecera de «las croquetas de mi Puri», pues me parece que no hay para tanto. Cualquiera medianamente avisado y algo puesto en psicoanálisis y terminología freudiana, habría deducido a la primera a qué se refería el pobre hombre con “las croquetas de su Puri”. Es como el conejo que nos recomendó Zapatero para combatir la crisis. Bueno, mejor no entrar en detalles ni hacer metáforas que con las cosas de comer, ya se sabe, no se juega.
¿Habría desaconsejado Elena Salgado aquella hamburguesa XXL si hubiera sido de Burguer Queen? ¿La cogió llorona la misma Ministra de Sanidad con el vino porque le recordaba al que vendía Asunción o a la copla de Manolo Escobar (Viva el vino y las mujeres)? Se acabó aquello de “¡qué bien, qué bien, hoy comemos con Isabel!”, pues a la pobre no le habían pedido permiso ni opinión. Yo (varón), que suelo ser el que hace la compra en casa, voy por el super cerrando los ojos que ya veremos si no me la pego con el carro y tenemos un disgusto. Como soy de mío pudoroso y ando acomplejado con tanta provocación políticamente incorrecta, ya he tachado de la lista “las acreditadas tortas de aceite de Inés Rosales”, “las magdalenas de la Bella Easo” (no sé si aluden a la ciudad pero, por la forma y lo dicho más arriba, no quiero pensarlo) y hasta “el caldo de la abuela de Knorr”, mientras no decidan poner también al abuelo a remover el puchero. Menos mal que la fabada o el chorizo “Pamplonica” pueden referirse a ella o a él. El día que se pongan a prohibir etiquetar y vender, dejan los estantes vacíos y entonces tenemos otra crisis: la de abastecimiento.
Las croquetas, según la receta tradicional, vienen rebozadas en pan rallado... ¡estos si que están empanaos! ¡Cuántas tardes de gloria y noches de jolgorio nos tiene reservadas el Gobierno! Lo que es comer, no comeremos, pero nos reiiimos.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Ministros toreros

¿No lo decía yo? Está amnésico este hombre. Ahora, que tampoco se puede asegurar que sea desmemoria: a lo mejor es chulería a juzgar por cómo se quedó engallado, mirando de soslayo al tendido. «Nosotros no hemos negado nunca la crisis.»
En esa corrida, mano a mano, la otra protagonista fue Magdalena Álvarez. Ella ya no quiere ser Maleni. Lástima porque Malena era nombre, si no de tango, que decía Almudena –¡uy, perdón por el ripio!-, sí de milonga. «Dígalo fuera y lo pongo ante los tribunales», como quien le espeta a otro, arremangándose, “eso no me lo dice usté en la calle”. Magdalena, que le reprochó al interpelante el poco respeto que le tenía a las filtraciones, siguió en esa línea: «sí, me he equivocado, ¿pasa algo?» Debe constar en el diario de sesiones. ¡Qué pareja de baile! ¡Qué dúo!
¡Tooreros! ¡Tooreros! ¡Tooreros!

martes, 23 de septiembre de 2008

(Mala) memoria histórica


Solbes ha declarado hace unas horas: «Ésta es la peor crisis desde que tengo uso de razón.» Así, como suena, incluido lo del uso de razón. En fin: ojo, que eso da pistas.
El Hombre del Tiempo, Mariano Medina, dijo una vez algo parecido a lo siguiente: «Cuando los más viejos del lugar aseguran no haber conocido una sequía semejante, los más viejos del lugar tienen mala memoria, porque España es un país muy seco.» Aunque el domingo –y hoy, martes- el dibujante Ramón dedicaba su viñeta diaria de El País a los economistas que se ponen a debatir sobre el calentamiento global, esto no va de cambio climático sino de memoria. Y es que, parafraseando a Mariano Medina, sostengo que ese hombre de nuestro tiempo, ese mago de la economía, ese avispado analista, ese sagaz defensor del equilibrio presupuestario, ese adalid de la Hacienda Pública que es don Pedro Solbes, tiene mala memoria. O esto no ha hecho más que empezar –y entonces, agárrate a la escarpia que se cae el clavo- o la de los setenta (por ejemplo), desde la subida del precio del petróleo, en 1973, hasta el principio de la década siguiente, fue mucho peor que ésta. Yo, que soy bastante más joven que el Sr. Solbes, recuerdo cómo se veían agonizar los polígonos industriales, cómo cerraban las fábricas una tras otra, cómo crecía el paro y se disparaba la inflación sin que la crisis pareciese tocar fondo, sin que se vislumbrase luz alguna al final del túnel, un rayo de sol en el horizonte. En cualquier caso llueve sobre mojado y algo falla en su diagnóstico y en el conjunto de sus manifestaciones: ¿cómo va a ser peor esta crisis si la recuperación se espera, según afirma, para el segundo semestre de 2009?
El Ministro no se ha distinguido nunca por su clarividencia, ni siquiera por sus dotes deductivas. Con algo nos podemos consolar y es que, si trata de un vaticinio, sus previsiones, hasta ahora, han fallado una tras otra.
Resulta tan fiable, certero y preciso como una predicción meteorológica.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Crónica de sociedad

¿Vieron el artículo de arriba en la edición de ayer de El Mundo? No se sabe si era un gazapo, un conejo en la chistera o es que andaban carentes de noticias y colaron ésta como cuando sueltan una serpiente de verano. Parecía una errata enorme pero igual era otro roedor desconocido que se deslizó en forma de plantilla para maquetar la sección.
Por si no se ve bien, éste es el resumen. Un titular: “Título de tres líneas centradas para sociedad y cultura”; un subtítulo: “No tenía ganas ni necesidad del genial pintoras de malagubras para unas” (sic); una foto de una negra (en lenguaje políticamente correcto se llamará de otra manera, pero una negra es lo que se ve) acompañada de un loro. Éste mira a la cámara mientras aquélla mira al pajarito. Todo muy propio. Debajo de la foto, este texto: “Pie de foto falso para ver cómo queda esta página” y tanto el artículo como la foto vienen suscritos por un enigmático “Firma” (¿?) El texto, evidentemente confeccionado con la novedosa técnica del “copiar y pegar”, repite hasta tres veces la historia de un arbitro de 41 años, nacido en Bilbao.
El columnista decimonónico, cuando no iba en batín y pantuflas y escribía en su mesa camilla, se asemejaba a un oficinista gris dotado de una prosa llena de enjundia; tenía pluma de escritor de altos vuelos. En el siglo pasado, en buena parte gracias a Bernstein y Woodward y su Watergate, el gacetillero se convirtió en periodista de investigación. Su labor se ha ido parcelando en especialidades y algunas –como la del periodista deportivo o la del paparazzi- han alcanzado una pujanza inusitada. La invención de los medios de comunicación audiovisual revolucionó el periodismo y los reporteros se convirtieron en comparsa obligada en guerras y acontecimientos de todo orden. La prensa se fortaleció hasta convertirse en el 4º poder nominal, aunque en realidad se situaba a menudo por encima de los otros. Hunter S. Thompson ideó el periodismo gonzo, donde el cronista devino en actor fundamental de la trama narrada y Billy Wilder, en su Primera Plana, nos dio todo un recital de las malas artes de la profesión; un curso de ética periodística en negativo. Así hasta Jiménez Losantos, quien nos cuenta las verdades como puños, pero no por su tamaño o calidad sino por cómo las suministra. Y ahora El Mundo inaugura un género: el periodismo inexistente, en el que no hay sujeto, no hay noticia, no hay informador y no hay apenas nada. Pensábamos que el futuro venía ligado a Internet y relacionado con las nuevas tecnologías pero tal vez estábamos equivocados y la cosa va por este camino.
Nunca he creído que la prensa fuera fiel reflejo de la realidad, aunque, no sé, a lo mejor la reelabora dándole al vacío existencial un sesgo dadadista de banalidad humorística.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Mira por donde sale éste ahora

“Que nadie tenga ninguna duda, ya hay un consenso amplio de dónde se sitúa el origen de la crisis: en Estados Unidos y las hipotecas subprime” (Zapatero en el Congreso de los Diputados.)
¡Arrea! ¿De qué dice que tiene la culpa Estados Unidos? ¿De la crisis? ¿De qué crisis? ¿Luego crisis habemus? ¡Ah pájaro!
Zapatero no quería decirlo pero le ha obligado la realidad, que es una cansina, más pesada que las moscas. AvestruZP esperaba que escampase y resulta que arrecia.
¿Pero no quedamos que no había tal, que no hacía falta curar, ni siquiera prevenir, que no era preciso poner remedio a un mal inexistente, que no se podía tomar medidas contra una amenaza fantasma? ¿En qué quedamos? ¿Quién mentía y quién exageraba? ¿En qué quedan los reproches a la oposición? Sus regañinas parecían las de aquellos tiempos –las de ahora mismo en los países totalitarios-, cuando el que manifestaba algo incómodo para el Régimen se convertía en reo de traición.
Pronunció la palabra tabú. ¡Ay, ay, ay, que se nos ha vuelto antipatriota!

martes, 9 de septiembre de 2008

¡Qué puñetas!

Una vez alcanzado el acuerdo para la renovación del Consejo General del Poder Judicial, a Federico Jiménez Losantos –eterno quejumbroso- le ha dado por lamentarse de que el PP suscriba el apaño a despecho de que, durante diez años (“cuando el PP era el PP”), figurase la promesa de reformar la elección de los vocales en el frontispicio de su programa electoral. Pues mira, no sé qué es peor, porque efectivamente el Partido Popular afectaba indignación con el sistema desde que se promulgó la LOCGPJ, allá por el año 85, pero se ve que ello no equivalía a voluntad cierta de cambio habida cuenta del tiempo que tuvo para demostrar y materializar su inequívoca decisión mientras gobernó, entre 1996 y 2004, y de lo que al respecto hizo en ese periodo.
Es el eterno problema: no importa la judicatura ni el órgano de gobierno de los jueces ni la madre que los parió; lo único que les interesa a todos es ejercer, hasta donde se lo permitan las circunstancias, todos y cada uno de los resortes de poder a su alcance. Por eso, unos y otros rivalizan en la obcecación de incumplir los programas, actuando o dejando de hacerlo en contra o al margen de los mismos. Ahora el PSOE entra a saco con el tema del aborto, cuando negó categóricamente en campaña que fuese a tocarlo en esta legislatura. En la pasada, el asunto estrella de la negociación con ETA brilló por su ausencia en el catálogo de intenciones del programa socialista. Otra cosa es el acierto en la acción de gobierno: uno puede estar de acuerdo con la cuestión del matrimonio homosexual (yo de hecho lo estoy) pero eso es irrelevante a la hora de denunciar la gravedad de su omisión en el programa. Claro que si los políticos se muestran testarudos a la hora de incumplirlo, los electores se obstinan en ignorarlo y así nos va...
Resulta llamativa la diferencia de comportamiento con la sociedad americana, donde si hay algo que no se tolera es la mentira. Durante el proceso a Clinton por su “desliz”, se destacó el hecho de que más grave que los escarceos sexuales en el despacho oval fue el engaño a la opinión pública.
Y aquí don Baltasar garzoneando. Si pudiera haber a las manos (al estrado) al fratricida Caín, lo procesaba por delito de lesa humanidad.

miércoles, 23 de julio de 2008

Cien días de ¿gobierno?


Lo celebraron en la Casa de Campo. Los cien días. Cien días de campo y playa.
Digo yo que, de haber tenido un poco de vergüenza torera, se habrían ahorrado la celebración. No tenían más que haberse aplicado a disimular la fecha con la mitad del empeño que han puesto en escamotear la crisis (la palabreja, vamos), la dichosa crisis, la crisis de nuestras entretelas. Se trataba de distraer la atención con alguna nueva ocurrencia, con otra operación de maquillaje a las que tan aficionado es Zapatero y su creativo entorno de asesores. Ya no les vale negar la evidencia.
Afirmaba El País que “la conmemoración no fue una fiesta, ni por el fondo ni por la forma, sino un acto de reafirmación en familia”. Para fiestas estamos. Coincidía el evento, mire usted por dónde, con la noticia del déficit en las cuentas públicas, así que era una ocasión inmejorable para empezar con las economías, durante tanto tiempo olvidadas. Se me podrá decir que no iba con cargo al erario, que lo pagaba el PSOE o los ministros a escote, o que eso sería el chocolate del loro, pero ¿y el detalle? Pues eso: son cosas importantes, sobre todo para un Gobierno que, hasta ahora, no se ha caracterizado por otra cosa (algo reconocido, incluso, por sus medios afines) que por cuestiones de imagen.

viernes, 4 de julio de 2008

Las azarosas relaciones de ZP con USA

Tanto con la foto de las Azores y resulta que el que se azora cada vez que se mienta a los Estados Unidos es Zapatero. Y si no, obsérvese la foto de la Cumbre de Bucarest. No hay más que verlo: meditabundo y cariacontecido.
ZP profesa ese antiamericanismo antiguo, el de los no alineados (con USA), el de los que se rebelan contra el imperialismo (Yankees, go home); ya se sabe, el tópico del rojerío. Aunque con matices (respecto a la progresía): «La observación es certera: los estereotipos forjados por los orientalistas franceses –de Herbelot a Volney- y la creencia romántica en los valores universales de la modernización y progreso impregnan en efecto los artículos de Marx y Engels sobre el que hoy denominaríamos Tercer Mundo; dicha creencia, heredada del Siglo de las Luces –cuando la ciencia europea procedió a elaborar por primera vez una imagen global y privilegiada de sí misma por obra de la Enciclopedia- sirvió a la vez como ahora sabemos, de caución moral e instrumento material indispensable al expansionismo colonial anglofrancés». (Juan Goytisolo, Historias Sarracinas: Karl Marx: etnocentrismo y lucha de clases)
Se dice que Obama va a emprender un viaje a Europa y se asegura que no tiene previsto pasar por España. ¡Con lo que le ha apoyado Zapatero! Así se explica lo triste que está el hombre. Si es que con los americanos no gana para disgustos. Encima, según apuntan los últimos indicios que se han hecho públicos hoy, 4 de julio, Día de la Fiesta Nacional, el Senador por Illinois ya no tiene tan claro que vaya a retirar de modo inmediato las tropas de Irak.
¡A ver si va a ser por eso que al candidato demócrata no le apetece visitar a su amigo Zapatero! ¿O le habrán llegado rumores de lo gafe que es?

jueves, 19 de junio de 2008

Sobre esos que llaman friquis

Freaks es el título de una película dirigida nada menos que en 1932 por Tod Browning y que, cuando llegó a España, en los años 70, a través del Festival de Sitges, se proyectó como La Parada de los Monstruos. Naturalmente, es a la censura a quien cabe imputar el retraso. Admirada, perseguida y denostada, no tardó en convertirse en una película de culto que, aparte de la historia repulsiva y conmovedora, muestra una galería de fenómenos de feria, un increíble catálogo de seres deformes y tullidos convertidos en los actores y protagonistas (hoy diríamos que bizarros) de un film morboso, inclasificable, terrible y adorable, duro y tierno, que se regodea en la degeneración más siniestra e impactante, en una crueldad sin concesiones, envoltorios ni maquillajes. Su opción estética es la del feísmo, preludio del punk y heredero del romanticismo y de ciertas reminiscencias medievales. El ambiente que retrata es lóbrego y sombrío. Se trata, pues, de una obra cuyo personaje coral es una trouppe de atracciones circenses, unos enanos de los que no crecen jamás y que se mueven en un tétrico universo.
Poco antes de su estreno en España, en 1968, un autor underground estadounidense, Gilbert Shelton, había sacado un cómic llamado The Fabulous Furry Freak Brothers sobre tres hermanos hippies, raros, dados a las drogas, rebeldes y contestatarios. Ahora, tal vez se integrarían en la peña de los alternativos y la antiglobalización. Así que desde entonces, cuando nos llegó la influencia de la generación maldita, los ecos de la eclosión de la Beat Generation, de Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Timothy Leary, Paul Bowles, William Burroughs, Charles Bukowski o Henry Miller, también mucho tiempo después –parece que como siempre- de que se acuñara el movimiento contracultural y el término que lo definía, el apelativo freakie aludía a lo anormal, a lo antisocial, entre pasota, anómico y tocapelotas.
Inopinadamente, el calificativo friqui se instaló entre nosotros, al cabo de varias décadas, para describir a unos imbéciles infantiloides, casposos y garrulos cuya puerilidad roza la oligofrenia y que se divierten (eso dicen y parece verdad) haciendo de sus aficiones un modo de vida. ¡Qué exceso! Se asoció en un principio con los animosos fans de la Guerra de las Galaxias y luego con toda laya de gente [menuda] lo suficientemente desvergonzada como para colocarse cualquier atavío imitando a su personaje favorito y para hacer el ridículo y el espantajo, sin tasa. Hasta su suicidio virtual, se puede afirmar que el fugaz capitán del equipo (friqui) de España fue Rodolfo Chiquilicuatre. Son caricaturas de sí mismos, horteras jugando a hacer el ganso y diría que representan el colmo del mal gusto, la bandera de la impudicia y el epítome de la cutrez, si no fuera porque hacer una descripción tan prolija supone conferirles una importancia de la que carecen.
O sea, que partiendo de la marginación y pasando por la marginalidad, lo friqui ha llegado a la nada, a la más completa, grotesca y banal vaciedad.
Cada vez entiendo menos.

sábado, 14 de junio de 2008

Intervención en la Blogosfera

Hoy ha aparecido este suelto en El Confidencial.
Los burócratas europeos (como es norma en su gremio y en el de los políticos en general) lo quieren todo regulado y bajo control, atado y bien atado. El blog debe ser como los wáteres de los bares de antes: un lugar para escribir grafittis con un poco de clandestinidad. ¡Cuánto miedo le tienen a la libertad! Total que, como cabía suponer, nos tenemos que alegrar del no irlandés.
En este nuevo intento de juicio preventivo aparece –¡cómo no!- la SGAE. Otra vez la presunción de culpabilidad.
En fin, que éramos pocos y parió la Unión Europea.

martes, 10 de junio de 2008

Miembros y miembras

Miembros y miembras,
machos y hembras.
Las ondas hertzianas no paran de darnos alegrías. Hace bien poco Herrero de Miñón aseguraba, en La Ventana, que la crisis estaba en los medios de comunicación pero que en la calle no se percibía (¿¿¿???) y hoy esto.
Señoras y señores,
pitos y tambores.
Lo bueno no ha sido el lapsus sino la explicación que ha dado en la radio. Ha asegurado la Ministra que acababa de llegar de un periplo de jornadas y encuentros por Hispanoamérica, donde se usa mucho ese término (o giro o modismo o neologismo), y que, bueno, a lo mejor no estaba mal darle carta de naturaleza. Reconocía el error pero abogaba por acuñar el palabro.
Damas y caballeros,
ojo con las ministras floreros.
Pero esta vez no le ha servido ni RNE. Han contactado con periodistas de tres países distintos donde han negado categóricamente que ellos usaran el engendro. Al que no tenga excusa que lo ahorquen. Ésta, le das cuerda y lo hace ella sola.
Todo el mundo lo ha oído.
¡Ay qué risa con la Aído!
Por la boca muere el pez... y la peza.
xxxxxx
P.D. Por cierto, perdón por la inmodestia pero en mi post de 14 de abril (¡vaya por Dios!) ya adelanté lo que iba a pasar.

lunes, 2 de junio de 2008

En el servicio de urgencias I (relato)

Desde hacía una semana sentía molestias en el vientre, unos pinchazos que se hicieron cada vez más frecuentes. Acabó por instalárseme un dolor persistente antes que intenso, una incomoda y simultánea sensación de hambre y hartazgo, de vacío e hinchazón. Como si fuera flato. Cuando en una deposición no encontré otra cosa sobre la loza blanca del váter que una mucosidad sanguinolenta, me asusté y en contra de mis hábitos y mis principios me fui al médico cagando leches. Es un decir, claro.
Me recetaron analgésicos pero no fueron capaces de diagnosticar una dolencia que empezó a preocuparme por su origen incierto, no por otra cosa. A los dos días, me presenté en el servicio de urgencias de La Fe con el volante del médico de cabecera y el aturdimiento que suelo llevar encima en semejantes gestiones, acrecentado, esa vez, por mi estreno como visitante de un lugar tan desagradable. Tras un par de interrogatorios rutinarios, en los que trataron de cerciorarse de la gravedad, del alcance real de la urgencia, me mandaron a la sala de espera. Luego, en un primer reconocimiento hube de responder a preguntas iguales a las que ya habían contestado en el consultorio de atención primaria (¿ha tenido fiebre?, ¿vómitos?, ¿diarrea?, ¿desde cuándo no se encuentra bien?), al mismo trámite de auscultación y a idénticas exploraciones (¿le duele aquí? ¿y aquí?). Además, me tomaron la temperatura, la tensión y el pulso y me introdujeron un insoportable adminículo por el ano tras colocarme a cuatro patas sobre una camilla, concluyendo que no tenía almorranas. Y creo que si las hubiera tenido, con tales manipulaciones me las habrían cercenado de cuajo.
Así que, con el recto escocido, me vi de vuelta a la sala de espera, donde permanecí derecho durante cinco horas. Conste que si renuncié a sentarme no fue por falta de sitio o de cansancio, ni tampoco por ofrecer con caballerosidad el asiento a nadie.
La sala de espera era casi rectangular, relativamente amplia, con bancadas de sillas atornilladas en el suelo, en baterías dispuestas a lo largo de las paredes y en el centro del local. En un lado, había unos aseos y, al fondo, máquinas expendedoras de bebidas. Desde un ordenador y desde un despachito fabricado mediante el sencillo expediente de colocar un parabán en una esquina, unas enfermeras controlaban al personal, le informaban, y al parecer hacían algo más, aunque no se sabía muy bien qué. El espacio albergaba a unas doscientas personas en lenta y continua renovación: ingresaban unos pocos a cambio de abandonarlo definitivamente otros tantos y todos los demás, la mayoría, entraban y salían para las diligencias sanitarias a que eran requeridos. Existían dos puertas de acceso enfrentadas: una que daba al exterior, a las escalinatas que subían a la gran explanada donde se distribuían todas las dependencias del complejo hospitalario, y la otra, a la vía por donde llegaban las ambulancias. Debía de cruzarse este callejón para entrar en el servicio de urgencias propiamente dicho, con sus consultas y anejos, alojado en el sótano del edificio principal. Ambas entradas consistían en grandes hojas de cristal de apertura automática. La de las escaleras era la preferida por los fumadores para echarse sus cigarritos. Todo tenía un aire aséptico y despersonalizado, como de oficina, una iluminación blanca y neutra, y unas paredes alicatadas a media altura, repletas de carteles admonitorios.

En el servicio de urgencias II (relato)

En la abigarrada concurrencia te encontrabas gente de variado aspecto y condición. Se observaban caras largas y preocupadas, de dolor, de fatiga, de resignación y de aburrimiento. Una multitud de parroquianos departía sobre sus antecedentes clínicos, algunos sobre las formalidades que les habían conducido hasta allí, otros sobre el trabajo y, en fin, sobre padecimientos varios. Estaba el politiquero que aprovechaba para reflexionar en voz alta sobre el estado de la sanidad pública y los vecinos o conocidos que se encontraban en la molesta tesitura de preguntarse por la razón de su estancia, después de cruzarse a menudo en la calle o en algún comercio, sin dirigirse la palabra. También había quien, en tal caso, simulaba no reconocer al otro o hacía como que no lo había visto. Estaban los que acudían a urgencias por las buenas, sin más ni más, sin encomendarse a nadie: Vale la pena venir. Vas al ambulatorio y no sirve de nada. Aquí te tienen cinco o seis horas pero te hacen todas las pruebas. Sí, y además te dan por el culo, pensaba yo. Otros, se notaba, iban por vez primera. Una mujer delgada andaba de un lado a otro con un carro de la compra que nunca perdía de vista, atestado de bártulos. Peinaba una trenza apretada, con todo el pelo negro, salpicado de pocas canas, tirante hacia atrás, y llevaba pantalones azules de algodón, zapatillas deportivas blancas y polo de manga larga abrochado hasta arriba. Por su porte y su vestimenta se le podían echar menos años de los que seguramente tenía en realidad, pero las arrugas de la cara y la dentadura amarilla y estropeada, delataban su edad y una vida poco regalada. Sin embargo, sonreía con facilidad y tenía una mirada franca aunque con un fondo oscuro de amargura. Reclamaba llorosa que la visitara el psiquiatra y decía que el médico la había engañado, según le había confirmado el guardia de seguridad, que andaba por allí repartiendo vigilancia y calma. La celadora a quien dirigía sus protestas le decía con mucho tacto que si ya había hablado con el médico debía tranquilizarse y confiar en él. La atribulada mujer zanjó aquellas sugerencias con una expresión suave pero tajante sobre la incompetencia del médico para dictaminar sobre los males que a ella le aquejaban. Tenía una curiosa serenidad crispada. Una pareja de roqueros parecía haber sufrido un accidente de moto. Los dos iban de cuero negro y ella conducía la silla de ruedas donde iba él echándose mano a un costado, al otro, a una nalga, a la pierna, y sujetando el casco.
Me llamaron para sacarme sangre. Mientras me buscaban la vena, con el brazo apoyado sobre un grueso taco anatómico de goma, me sentí en la obligación de hacer algún comentario ingenioso: Con lo bien que estaría yo haciendo la siesta. Anda, y yo en la playa. Lo mismo cuando me dijeron que cogiese un bote para la orina: ¡Qué guarrada! De vuelta con el frasco lleno, me hicieron un electro y me dejaron unas pegatinas metálicas en el pecho por si lo tenían que repetir.
A gente como yo –que soy todo lo contrario a un paciente y sufro de mi poquito de hipocondría-, esas idas y venidas le ponen malo. Con semejante procedimiento, sólo consiguen enfermar al que está bueno porque no puede uno quitarse de la cabeza que con la inacabable búsqueda, con tanto llevarte y traerte, a la fuerza te han de encontrar algo.

En el servicio de urgencias y III (relato)

Al entrar, la muchedumbre de enfermos y acompañantes producía una atmósfera cargada. Se respiraba una cierta complicidad viciada, recalentada como el ambiente. En el aire flotaba un runrún apagado y blando que se veía roto, con metódica frecuencia, por el sonido constipado de los altavoces, de una monotonía insuperable salvo al llamar a un extranjero. Yuberth Loayza Amariles. Graham Williams. Bogdan Dumitru Dobra. La proporción de nacionalidades parecía no corresponderse con la realidad de su presencia en este país sino más bien con el porcentaje de los que debían tener regularizada su situación. Había pocos inmigrantes rumanos o búlgaros. Ernestas Sudeikos. Los magrebíes no entendían su propio nombre cuando les llamaban. Abdelatif Amrouche. Mohamed Choukir. Mercy Yaqueline Ojeda de Loay. Los apellidos de algunos sudamericanos resultaban impronunciables para la voz metálica de la megafonía, lo que provocaba la sonrisa de otros pacientes que silabeaban el irrepetible apellido. Xiomara Cárdenas Cahatol. Anthony Crisóstomo Coajachi Inabanga. Coo-aa-jaa-chii. Je-je-je.
A falta de mejores paisajes, me dediqué a pasear la vista por los letreros que encarecían el uso, para entretener las esperas, de la biblioteca del hospital (¿dónde estaría eso?), con escaso éxito como podía verse, y los que repetían la conveniencia de no fumar. Había quien prefería curiosear cuando llegaban las ambulancias del SAMU por el pasillo que separaba la sala de espera de las urgencias, con camilleros enormes porteando gente malherida, enfermos medio desnudos, entubados y sin conocimiento, o las de la unidad de trasplantes acarreando grandes neveras de pic-nic. Decidí arrancarme el esparadrapo que me sujetaba un algodón al brazo, en vista de que nadie lo conservaba, y me depilé una raya horizontal. Un grupo de gitanillos armaba bulla por distraerse. Uno llevaba pelo largo y ropa deportiva blanca ajustada a un cuerpo flaco como un junco. Se le veía un diente oscuro en la mandíbula superior y cuatro pelos en guerrilla le conformaban una barbita esquemática, dibujada en torno a un rostro anguloso y moreno. Otro, algo más joven y bastante más grueso, iba totalmente de negro. La chica, risueña y dicharachera, apenas si llegaría a los catorce años. Era regordeta, alta y lucía unas mallas blancas hasta debajo de la rodilla, unas chancletas y una camiseta escotada que le dejaba al aire medias pechugas. ¡Que m’ha llamao dise! ¡Suh vi a llamá enseguía! ¡Ja! ¡Sí, a toa su rasa habrá llamao!, exclamaba el flacucho junto a la celadora del ordenador, para que le oyese. ¡Ehta paya agquerosa! ¡Y tié que tener ella la rasón! ¡Por su coño –con perdón- que l’ha llamao!, le apoyaba la muchacha que sería su hermana. Un anciano daba vueltas por toda la estancia con una silla de ruedas. Llamaron a Armando Herrera un par de veces. Una joven con atuendo sanitario de color verde se acercó y le preguntó si era él Armando Herrera. Contestó afirmativamente apostillando que estaba buscando una enfermera porque no sabía adónde dirigirse. El viejo, que llevaba calada su gorra de visera y una garrota entre las piernas, hablaba en un susurro apenas audible.
Me llamaron junto a otros cinco. En el vestíbulo de urgencias nos esperaba un médico que encabezó una comitiva con destino a radiología. Nos dejó en una nueva sala de espera con enfermos procedentes de otras plantas y nos fueron haciendo placas por turnos caprichosos. Cuando terminaron con todos, recompusieron la cuadrilla y nos devolvieron a nuestro sitio. Junto a mí, caminaba en silencio un señor mayor con el pantalón subido hasta los sobacos. Parecía llevar el culo justo debajo de los homoplatos y el ombligo a la altura del esternón. Por delante iba muy tieso un hombre de cincuenta años, con abundante pelo negro, acartonado de agua y gomina, gafas de cristales tintados, de las que se usaban treinta años atrás, pantalones ajustados de tergal gris y camisa blanca a rayas, de manga corta, que trasparentaba la camiseta interior de tirantes. Había confraternizado, muy festivo él, con todo el servicio de urgencias. A la ida, al encontrarnos camas ocupadas en los pasillos, reclamó la colocación de semáforos, y a la vuelta pidió que repartieran cirios, que era lo único que faltaba para la procesión. Se veía que su mujer hacía años que había dejado de reírle las gracias.
El revoltijo de tripas seguía a pesar de las pastillas de bromuro que me recetaron en el ambulatorio. Para colmo, el reconocimiento rectal me había dejado con sensación de estar sangrando por el culo, de llevar mojado el pantalón. Sería por la pomada anestésica. Cada dos por tres pasaba una limpiadora con un enorme carro cargado de trebejos. Con él cerraba uno de los wáteres y mandaba a la gente al de minusválidos. Más raramente circulaban por allí empleados de mantenimiento con herramientas colgadas del cinturón y la ociosidad de la jeta. Alguno se iba a su casa con un papel y los había que llevaban un sobre de radiografías. Para el especialista, decían. Una mujer en bata y zapatillas como de andar por casa y sus papeles en una bolsa de plástico del supermercado se quejaba amargamente por llevar cerca de siete horas aguardando a los resultados. En varios corrillos se empezó a murmurar que no había derecho a que no avisaran del tiempo que se tardaba en salir. Por favor guarden silencio que no se oye nada. ¡Vaya la paya! ¡Qué agco me da!, voceó la gitanilla. Fueron llegando familiares y colegas y se formó una tribu de flamenquitos de respetable magnitud.
Me avisaron de nuevo y me dijeron que me tenían que hacer otro electro. Me di cuenta entonces que llevaba las tiras adhesivas pegadas en el torso cuando me hicieron las placas. ¿No pasará nada por eso? Joder, ¿otro electro para qué? ¿Aprensiones? Ya. Cuando volví no podía más y decidí sentarme de lado. Los asientos eran de plástico, incómodos aun con el culo sano. El hombre de las gafas camaleónicas había cogido una silla de ruedas y se dedicaba a hacer prácticas de conducción por toda la sala. Debía ser el eterno gracioso: en la escuela, durante el tiempo que asistiera, en la pandilla de amigos o en el trabajo. De todas formas no debió ser nunca de los que se desloman. Al rato, le dijeron que tenía que quedar ingresado, pero él nunca se sorprendía ante nada: llevaba un bolso con todo lo necesario.
Me estaba adormilando cuando me llamaron otra vez. Me pareció que no podía moverme, que después de levantarme no era capaz de avanzar. Me esforzaba por llegar hasta la puerta pero no podía dar un paso. Al tiempo que experimentaba una sensación extraña, una sacudida en el tórax que me dejó desubicado, me pareció ver un fogonazo. Venga, date prisa que te llaman, me dije. Entonces me vi como si llevara una cámara de video, dos metros por encima de mi propio cuerpo inanimado, desde la que me estuviera grabando a mí mismo. Permanecía sentado y quieto. Observé cómo me cogían y en medio de un revuelo me subieron a una camilla y me metieron para dentro. Pues yo lo vi desplomarse. Se levantó cuando lo llamaron y enseguida cayó ahí mismo, sobre la silla, dijo la mujer que llevaba más rato esperando. Cuando lo volvieron a llamar –que ya no me acuerdo cómo dijeron-, nada, ni se movió, detalló el gracioso. Me metieron corriendo en el ascensor y me intentaron reanimar con maniobras de masaje cardiaco. En vano.
No me di cuenta de lo que pasaba ni supe, hasta después de algún tiempo, interpretarlo. Lo que tampoco entiendo es cómo esto ha llegado hasta aquí para que lo pueda leer cualquiera. Bueno está. Bueno estaba y...